Papa: Dói ver as pessoas tratadas como mercadoria. Os pobres são vítimas da falta de igualdade da nossa economia

Francisco critica exclusão dos pobres e dos doentes

Newton Silva
Newton Silva

O papa Francisco criticou hoje (21) a exclusão dos pobres e dos doentes da sociedade, um fenômeno que se deve, na sua opinião, a uma “crise antropológica” para a qual é preciso desenvolver anticorpos.

“A exclusão dos pobres e a dificuldade dos indigentes para receber assistência e medicamentos necessários é uma situação que, lamentavelmente, ainda está presente nos dias de hoje”, afirmou o pontífice.

Para o papa, houve grandes avanços na medicina e na assistência social, mas houve também a disseminação de uma cultura de desprendimento, resultado de uma crise antropológica que não coloca o homem no centro das prioridades, mas sim o consumo e os interesses econômicos.

As declarações do papa foram dadas durante visita à Igreja da Pequena Casa da Divina Providência de Turim, no norte da Itália, que presta assistência a pessoas pobres e doentes.

Papa Francisco: ‘Duele ver a personas que son tratadas como mercancía’

* ‘No a la ideología del dinero que hace que unos pocos se enriquezcan’

* ‘No a la mafia, a los engaños y a la corrupción. No a la desigualdad’

 Anne Derenne
Anne Derenne

por SORAYA MELGUIZO/ Especial para EL MUNDO/ Milán

“Los pobres son víctimas de la falta de igualdad de nuestra economía. Duele ver en estos días personas que son tratadas como mercancía. No a la ideología del dinero que hace que unos pocos se enriquezcan con la crisis a costa de otros muchos que se empobrecen hasta llegar a pasar hambre. No a la mafia, a los engaños y a la corrupción. No a la desigualdad que genera violencia. No podemos esperar sólo la recuperación. Es necesario que toda la sociedad colabore para que el trabajo sea para todos”. Y ojo con culpabilizar a los inmigrantes, porque ellos son víctimas de esta desigualdad. Con este mensaje el Papa Francisco ha comenzado su viaje apóstolico de dos días a Turín, en el norte de Italia, la región de sus antepasados. A su llegada a la ciudad, el Pontífice ha sido recibido por una multitud que desde primera hora de la mañana esperaban en la Plaza Real y las calles de alrededor, completamente colapsadas.

Turín, donde nació Fiat, símbolo de la industria italiana del automóvil, es una ciudad tradicionalmente industrial y motor económico del país. Y también una de las que ha sufrido la crisis más profundamente, con el cierre de grandes fábricas y reestructuraciones. La ciudad es además la capital del Piamonte, la región de origen de Bergoglio y desde donde los antepasados del Papa emigraron a Argentina. Quizá por esa razón el Pontífice ha querido que este viaje, en ocasión de la Ostensión de la Síndone y del bicentenario del nacimiento de Don Bosco, no tenga sólo un carácter religioso sino también social.

Junto al Papa, en el palco de la Plaza Real, estaba Sergio Marchionne, administrador delegado de Fiat -que ha sido abucheado cuando ha abrazado al Pontífice-, y varias personas anónimas que han contado las dificultades por las que están atravesando: un pequeño empresario, un agricultor, y una obrera con dos hijos y un marido en paro. Tras sus intervenciones, el Papa expresó su cercanía a los jóvenes desempleados y a las personas que tienen un trabajo precario, pero también a los empresarios, artesanos y trabajadores de cualquier sector “a los que más les cuesta salir adelante”. “El trabajo -dijo el Papa- no sólo es necesario para la economía sino para la dignidad de las personas”. El Pontífice recordó además como en Turín se siente especialmente la crisis y “han aumentado las desigualdades económicas y sociales”.

Visita a la Síndone y almuerzo con los desfavorecidos
Francisco sonríe durante la misa que ha celebrado en Turín. ALBERTO PIZZOLI AFP
Francisco sonríe durante la misa que ha celebrado en Turín. ALBERTO PIZZOLI AFP

Tras su discurso en la Plaza Real, el Papa se dirigió a la Catedral de Turín donde está expuesta la Sábana Santa. El Santo Padre dedicó varios minutos en silencio a rezar frente a la Síndone con la mirada concentrada en la tela que, según la tradición, envolvió el cuerpo de Jesús. “Este rostro tiene los ojos cerrados, es el rostro de un difunto, y sin embargo, misteriosamente nos ve, y en el silencio nos habla. ¿Cómo es posible? ¿Por qué el pueblo fiel, como ustedes, quiere detenerse ante este icono de un hombre flagelado y crucificado?”, se preguntó el Papa. “Porque el hombre de la Síndone nos invita a contemplar a Jesús de Nazaret. Esta imagen, impresa en el lino, habla a nuestro corazón y nos impulsa a subir el Monte del Calvario, a ver la madera de la Cruz, a sumergirnos en el silencio elocuente del amor”.

Después de celebrar la Eucaristía y el Ángelus, el papa almorzó en el Arzobispado de Turín con un grupo de jóvenes detenidos en la cárcel de menores ‘Ferranti Aporti’, una familia de etnia gitana, y varios inmigrantes residentes en Italia procedentes de Eritrea, Brasil, Perú, Tanzania y Filipinas.

El encuentro fue estrictamente privado, lejos de las cámaras, al igual que su posterior visita a la Iglesia de Cottolengo donde saludó, uno por uno, a un grupo de enfermos, ancianos y discapacitados. “La difusión de la cultura del descarte”, dijo el Papa, hace que consideremos que las vidas de estas personas “no son dignas de ser vividas”. “Desarrollemos anticuerpos contra esta cultura que descarta ancianos y discapacitados”, propuso el Pontífice.

En una jornada rica en encuentros, el Papa no quiso olvidar sus orígenes piamonteses. Su padre, Mario Bergoglio, nació precisamente en Turín. “He pensado tanto qué decir que lo que he escrito es muy formal”, dijo al iniciar su discurso después de reunirse con los salesianos en la Basílica de Santa María Auxiliadora.

Y comenzó a improvisar un discurso lleno de anécdotas y recuerdos personales. “Estoy muy agradecido a los salesianos por todo lo que han hecho por mi familia”, dijo el Pontífice. “A mi madre y a mi padre les casó un salesiano, misionero en Patagonia, originario de Lodi -una provincia del norte de Italia– que me ayudó mucho en mi vocación”. “Mi madre después del quinto parto se quedó paralítica y nos mandó a un colegio salesiano, y ahí aprendí a amar a la Vírgen”, ha explicado el papa. “Los salesianos me formaron, al trabajo y a la afectividad”.

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Publicado por

Talis Andrade

Jornalista, professor universitário, poeta (13 livros publicados)

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