Lo visible y lo esencial

Por Washington Uranga
Si bien el tiempo que se dedique a una reunión no es, por sí mismo, un indicador válido ni revelador de la calidad de la misma, tampoco puede pasar desapercibido que el papa Francisco le haya destinado casi dos horas de su agenda, en un día domingo y apenas arribado de un viaje agotador, a su encuentro con la presidenta Cristina Fernández. Habla, sin duda, de la relevancia que el pontífice le otorgó a la reunión. Es posible que los mismos analistas que habrían utilizado grandes titulares para interpretar lo contrario si el diálogo hubiera durado apenas quince minutos, ahora guarden prudente silencio sobre este detalle significativo y se dediquen, una vez más, a acusar a la mandataria de “utilizar” políticamente una circunstancia que, a todas vistas y por mal que les pese, tiene sentido político. Aunque este sea distinto al que se le pretende asignar interesadamente.

La letra fina de lo conversado durante la reunión privada seguramente quedará durante mucho tiempo entre las cuatro paredes de la sala de audiencias vaticana y en la memoria de los dos únicos participantes. Aunque ambos guarden silencio sobre los detalles, los dos interlocutores conocen a ciencia cierta la trascendencia política del encuentro y cada uno lo valora desde su perspectiva particular. Podría decirse algo similar de la reunión que el Papa sostuvo en días pasados con la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, o con el ex mandatario uruguayo, José Mujica. Por el mismo camino iba el encuentro con Nicolás Maduro, finalmente postergado por razones de salud del venezolano. Pero en el caso de los argentinos la reunión tiene un tinte distinto. De manera casi unánime quienes se mueven tanto cerca del Papa como de Cristina Fernández aseguran que hay entre los dos líderes una corriente de afecto y de mutuo respeto que se ha ido acrecentando en cada uno de los encuentros y que se abona también con comunicaciones puntuales que viajan cada tanto entre Buenos Aires y Roma, entre Roma y Buenos Aires.

cristina papa

Los voceros vaticanos insisten en afirmar que el Papa no sigue de cerca la política argentina. Lo mismo le dijo a Página/12 el embajador Eduardo Valdés cuando fue entrevistado por el colega Santiago Rodríguez. Es una verdad a medias. Es cierto que Bergoglio no puede dedicarle a la Argentina el tiempo ni las energías que le destinó a su país en otras etapas de su vida. La agenda del Papa es suficientemente amplia y compleja y requiere de gran parte de sus fuerzas. Pero a pesar de ello el pontífice se mantiene informado, por diversas vías y a través de distintas fuentes, del devenir diario del país y, en la medida de sus posibilidades y siguiendo su estrategia de no aparecer interviniendo en los asuntos directamente políticos, hace llegar sus opiniones y sus puntos de vista.

“Hablamos de la remodelación de la Basílica de Luján y del traslado del sable del general San Martín en los festejos de la Semana de Mayo”, dijo la Presidenta tras el encuentro. Sería ingenuo, sin embargo, pensar que el diálogo –sin testigos y sin otro objetivo que el intercambio– haya girado solamente en torno de esos dos temas en lo que respecta a la realidad argentina. Bergoglio no olvida su condición de argentino y se muestra siempre interesado en expresar sus opiniones sobre el país. Opina, en privado, sobre la realidad política con cada uno de los interlocutores argentinos de su confianza a quienes recibe frecuentemente en Santa Marta. ¿Por qué no habría de hacerlo entonces con Cristina Fernández, considerando tanto su investidura institucional como Presidenta como su condición de dirigente política? Por otra parte, además de la estima personal que le dispensa al Papa, la Presidenta reconoce en Francisco la calidad de un estadista y observador inteligente de la política a quien siempre es bueno escuchar.

Desde la otra vereda y como parte de su estrategia internacional para seguir consolidándose como un líder mundial en favor de la paz, Francisco entiende que tiene que profundizar sus relaciones –también oír– a quienes reconoce como figuras de relevancia en la política internacional. Y en esta consideración el pontífice incluye a varios de los líderes –presidentes y ex presidentes– de los países latinoamericanos. Cristina Fernández está entre ellos de manera particular, aunque también Rafael Correa, Evo Morales, el ex mandatario oriental José Mujica y el ex presidente de Brasil, Lula da Silva. El Papa “que llegó desde el Sur” sabe que puede construir con ellos acuerdos que van más allá de lo coyuntural y que en determinado momento estas personas pueden ser también colaboradores esenciales para consolidar su propia estrategia pacificadora. Y no sería extraño que dentro de no mucho tiempo veamos a algunos de ellos haciéndose cargo, a modo de embajadores extraordinarios, de misiones solicitadas e impulsadas por Francisco en el conflictivo teatro internacional.

Una vez más el gesto del encuentro –la foto dirán algunos– ha sido importante. Pero lo esencial –que aquí también sigue siendo, por lo menos hasta el momento, “invisible a los ojos”, como lo sostuvo Saint-Exupéry en El Principito– pasa por la sintonía que Cristina Fernández y Jorge Bergoglio tienen respecto del análisis de los problemas y las cuestiones a las que se debe prestar atención para buscar soluciones en el escenario internacional.

Casi dos horas de Cristina con el Papa

LA PRESIDENTA MANTUVO UNA REUNION INUSUALMENTE EXTENSA CON FRANCISCO EN EL VATICANO

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La Presidenta expresó que hablaron sobre temas internacionales. De la Argentina sólo hicieron referencia a los arreglos en la basílica de Luján y el traslado del sable de San Martín. Habría nuevos encuentros antes de fin de año.

Por Santiago Rodríguez
Página/12 En Italia

Desde Roma

Nadie creía que fuera a durar lo que duró. No era un almuerzo, como las otras veces, y encima era un domingo por la tarde, un día en que el Papa no suele tener compromisos públicos. Pero una vez más Cristina Fernández de Kirchner y Francisco rompieron ayer los moldes: estuvieron una hora y cuarenta y cinco minutos conversando en el que fue su quinto encuentro en poco más de dos años. “Como siempre, estupenda”, contó la Presidenta acerca de la reunión, a la que definió además como “muy cálida”. Sin temas de agenda pautados de antemano, la charla derivó en los asuntos que a los dos más les atraen. “Nos gusta mucho hablar de lo regional, de lo global. Nos vamos naturalmente hacia eso”, reveló CFK y destacó que los dos creen “en un mundo multipolar”. Para los que hacían especulaciones electorales en torno a su visita al Vaticano, dijo que de la Argentina sólo tocaron dos cuestiones: la restauración de la Basílica de Luján y la restitución del sable corvo del general San Martín al Museo Histórico Nacional. Tras la recepción trascendió sin confirmación oficial que la Presidenta argentina y el Papa volverán a encontrarse antes de fin de año, en alguna de las visitas de Francisco a la región.

Cinco menos cuarto de la tarde, quince minutos antes la hora prevista para el comienzo de la reunión, Francisco apareció por la puerta lateral de Santa Marta y cruzó la calle que separa la residencia en la que vive del lugar donde esta vez recibió a Cristina Kirchner: el edificio de la Sala de Audiencias Paulo VI. Lo acompañaba el prefecto de la Casa Pontificia, el alemán Georg Gaenswein, con la escolta de tres guardias suizos vestidos con pilotos para protegerse de una llovizna que al Papa no pareció molestarle: no llevaba paraguas para protegerse y se detuvo a saludar a la prensa argentina por el Día del Periodista, cosa que hizo otra vez al despedirse.

El Lancia Metha gris en el que la Presidenta se traslada desde su arribo a Roma apareció en la misma calle cinco minutos después y se detuvo bajo el alero con forma de hongo que protege el acceso al edificio de la Sala de Audiencias Paulo VI y que ha llevado a que dentro del Vaticano se la conozca también como “el estudio del funghi”. En la puerta, flanqueada por dos guardias que bajo techo sí exhibían su tradicional traje amarillo y azul a rayas, la esperaba Gaenswein para acompañarla hasta adentro a su encuentro con el Papa. Como el protocolo marca, CFK tenía un vestido negro y un tocado del mismo color en su cabeza.

Después de un afectuoso saludo y unas primeras palabras, llegó el momento de la foto. “La manito, la manito”, le dijo CFK a Francisco cuando posaron para las cámaras. Cuentan los que lo conocen de hace años que a Jorge Bergoglio siempre le incomodó posar. “No le gustaba cuando era sacerdote, ni tampoco cuando era arzobispo de Buenos Aires, y eso no cambió ahora que es Papa”, afirman. Cumplido el trámite con los reporteros y camarógrafos, pasaron solos a la sala en que se reunieron. Una vez que entraron, la puerta se cerró minutos antes de las cinco y recién se volvió a abrir una hora y cuarenta y cinco minutos después.

Los veinte acompañantes que esta vez llevó la Presidenta esperaron en un salón contiguo, donde también estaban los regalos que luego intercambiarían CFK y el Papa. El le tenía preparado un icono del siglo XI de la Virgen de la Ternura de la Catedral de Vladimir, en Rusia. Ella, varias cosas: un cuadro de considerables dimensiones del recientemente beatificado obispo salvadoreño Arnulfo Romero, asesinado en 1980, pintado por el artista Eugenio Cuttica; dos bajo relieves para no videntes, uno de la Virgen de Luján y un retrato de Francisco; una canasta con alimentos; y tres libros: uno sobre el patrimonio arquitectónico argentino editado en ocasión del Bicentenario; Los Estados continentales y el Mercosur, de Alberto Methol Ferré; y una copia del Martín Fierro.

Los principales funcionarios de la comitiva eran el canciller Héctor Timerman; el ministro de Agricultura, Carlos Casamiquela; el secretario de Culto, Enrique Oliveri; el secretario de Comunicación, Alfredo Scoccimarro; su segundo, Gustavo Fernández Russo; y el titular del Banco Nación, Juan Ignacio Forlón, además del embajador argentino en el Vaticano, Eduardo Valdés y la directora del Incaa, Lucrecia Cardoso. También estaban la periodista Alicia Barrios y su marido, el ex juez Hernán Bernasconi, y los sindicalistas Omar Viviani (taxistas) y Omar Suárez (obreros marítimos).

Uno a uno fueron saludando al Papa, cuando finalizó la reunión con la Presidenta y ambos se dirigieron al salón contiguo. En un clima distendido intercambiaron los obsequios. Francisco no dejó de preguntarle a Cristina Kirchner por su hija Florencia, quien está embarazada y espera una nena. “Está iluminada por dentro y por fuera”, comentó entonces CFK. Francisco les entregó a todos los característicos rosarios: blancos a las mujeres, negros a los hombres.

“Es un honor saludar con Su Santidad a los trabajadores y trabajadoras de la prensa argentina en un nuevo aniversario de La Gaceta”, dijo la Presidenta en su paso ante los periodistas, ya de salida del Vaticano, junto a Francisco. Repitió el saludo después en el Hotel Edén al dar detalles de su diálogo Bergoglio, quien como es habitual la acompañó hasta el auto y esperó a perderlo de vista para volver a Santa Marta. “Recen por mí, gracias, y si alguno no puede porque no cree o su conciencia no se lo permite, mándeme buena onda”, pidió el Papa a los periodistas tras un nuevo saludo de despedida.

Con el Papa de regreso de su viaje el sábado a Sarajevo y el interés de la Presidenta en la política internacional –“me gusta mucho y la vivo con mucha intensidad”, destacó ella– era natural que la charla entre ambos fuese para ese lado. “Yo creo en un mundo multipolar, él también lo cree”, explicó CFK y contó de la preocupación de Francisco “porque él considera que está sucediendo una suerte de tercera guerra mundial. Está preocupado, como estamos todos preocupados, por la paz. También porque muchas veces en el sector armamentístico, como él lo ha denunciado, se busca que surjan estos conflictos y no se solucionen”.

La Presidenta contrastó lo que pasa en el mundo con lo que ocurre en Latinoamérica. “Se ha consolidado como una región de paz, en la que no hay diferencias étnicas ni religiosas. Y eso es lo que él acaba de ver en Sarajevo, que es casi la contracara de lo que pasa en nuestra región. Es eso lo que debemos conservar como valor y la unidad, con nuestros matices”. Que la región se mantenga unida, solidaria y con diálogo entre sus líderes es un objetivo que ya en el encuentro de marzo del año pasado el Papa le planteó a Cristina Kirchner, quien ayer advirtió que “hay intereses encaminados a ver a una América latina dividida sobre la que han pivoteado durante décadas para políticas neoliberales, pero yo creo que la región ha tenido una experiencia muy importante durante la última década y más también”.

La Presidenta fue categórica en cuanto a que el tema electoral no fue parte del encuentro. “No, no hablamos. Imagínense, con todos los problemas que hay, con todo lo que ha pasado; su participación en Cuba, su viaje a Bolivia, su viaje de ayer a Sarajevo, su lucha por la paz… venir a hablar de las PASO no se lo merecía ni él ni yo”, afirmó. Fue entonces cuendo reveló que de la Argentina “solo hablamos de la Basílica de Luján y el sable corvo de San Martín”.

“Fue muy bueno, y fue en domingo, a diferencia de otras veces que he venido y ustedes saben que para los católicos el domingo es un día de descanso”, sintetizó la Presidenta sobre su quinto encuentro con Francisco, que nadie ayer en la comitiva creía ya que fuese a ser el último. El Papa visitará a principios de julio Ecuador, Bolivia y Paraguay y en septiembre irá a Cuba y a Estados Unidos, donde participará de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La misma CFK dejó la puerta abierta a un nuevo mano a mano en cualquiera de esos lugares: “Seguramente si nos invitan, vamos a ir. No solemos ir adonde no nos invitan, pero adonde nos invitan, vamos siempre”.