Nunca solas. Las Víctimas contra las Violencias

El Centro de Atención a Víctimas de Violencia Sexual funciona en la ciudad de Buenos Aires asistiendo a niños, niñas y mujeres violadas o agredidas sexualmente en el lugar que sea, aun dentro de su propia casa, convirtiendo a sus operadoras en sostenes efectivos para que las víctimas no resignen su derecho a la justicia y a la reparación. Y también para protegerlas de un sistema judicial patriarcal que culpabiliza a las víctimas o vuelve a violentarlas

¿Cómo se llega a descubrir un caso de abuso sexual?

–En violencia familiar nos llaman al 137 y vamos hasta el lugar de la denuncia. A la casa llega un auto no identificable con dos policías y dos profesionales –una trabajadora social y un/a psicóloga/o– y estamos cuatro o cinco horas adentro viendo en qué estado quedó la casa, hablando con la madre hasta que, en la mitad del diálogo, dicen “a éste le pega” y a ésta “se le mete en la cama y la manosea”. La primera referencia de abuso sexual nos aparece en el 137 cuando vamos a domicilio, una modalidad que nadie hace ni en nuestro país ni en América latina. Y los chicos nos cuentan como pueden sus vivencias. Nos dicen “me molesta”. El verbo que usa el niño o la niña es “me molesta” y cuando dice “me molesta” es que lo manosean. Los primeros testimonios que tenemos son en terreno y provenientes de la Brigada contra la Violencia Sexual. Esto no lo tiene nadie más que nosotros. Ahora, cuando le explicamos “señora, tiene que hacer la denuncia”, muchas veces, ella no quiere ni por casualidad porque siente que va a ser peor, porque sabe que el tipo va a volver a la casa y a la denuncia de ella (que tratamos de convencerla de que la haga) le va a sumar la denuncia de los pibes. Esto es lo primero que encontramos en terreno.

¿Cómo funciona la Brigada contra la Violencia Sexual?

–Esta Brigada funciona cuando una mujer violada llega a un hospital o alguien lleva a un chico o una chica a la comisaría o cuando una mujer fue violada en la calle y va a hacer la denuncia. La policía tiene orden estricta de llamar inmediatamente a la Brigada de Violencia Sexual que está en las calles Peluffo y Medrano (Almagro) y salen al toque no bien les avisan. Los policías no pueden hablar con la víctima más que para decirle “cómo se llama, qué le pasó, dónde le pasó, siéntese en un lugar donde nadie la pueda molestar” y se callan la boca. Este sistema está creado para que la policía no hable con la víctima de violación, con toda intención, porque tenemos historias acerca de lo que significa un interrogatorio policial. Un problema es la mamá que llega furiosa con la nena que fue manoseada por un vecino y a los gritos insulta y dice lo que pasó con la nena de la mano. Entonces toda la comisaría se entera y la privacidad que hemos buscado para la víctima de violencia sexual se termina.

¿Por qué el Programa se llama Las Víctimas contra las Violencias?

–Porque no queremos víctimas pasivas y resignadas. La víctima tiene derecho a exigirle al Estado una reparación que es mucho más que un consuelo o una atención psicoterapéutica: tiene derecho a exigirle que detenga al violador. La pretensión nuestra es conseguir víctimas activas.

Pero, muchas veces, cuando las madres de niñas/os abusados denuncian, se vienen los embates judiciales de los denunciados que, en algunos casos, tienen dinero, poder y hasta se juntan en asociaciones…

–Esto es uno de los problemas más graves por los que atravesamos…