Ditadura econômica. O grande negócio dos bancos

As políticas de austeridade  impostas pela troika na Grécia, Irlanda, Portugal, Espanha e outros países periféricos foram realizadas no Brasil por Fernando Henrique, com o proer dos bancos, o rasga da CLT e privatizações e desnacionalizações de empresas e indústrias.

O congelamento dos salários e aposentadorias dos trabalhadores, o aumento dos juros e dos impostos diretos e, principalmente, dos impostos indiretos criaram milhões de miseráveis, cuja fome passou a ser amenizada com o bolsa-família de Lula da Silva. Incharam as cidades com retirantes do campo, o êxodo rural provocado pelos latifúndios da lavoura de exportação, a exemplo das mil favelas do Rio de Janeiro.

No Brasil tudo aconteceu na santa paz, com o eudeusamento de Malan, de Meirelles. Na Europa, o povo está nas ruas. A Islândia mostra o caminho: responsabilizar os banqueiros, os governos, pelos crimes cometidos contra a economia do país e contra o povo em geral.

Jorge Alcázar González escreve:
Se ha perpetrado el atraco, se conmina a los gobiernos a ajustar sus déficits, a llevar a cabo reformas laborales que sesgan derechos adquiridos durante siglos o a abocar a la pobreza y a la miseria a millones de personas. El número de desempleados aumenta vertiginosamente y el Estado, que hasta ahora actuaba como sostén, queda paulatinamente desmantelado. Los recortes se suceden bajo el amparo de gobiernos contumaces de ideario neocon, intransigentes e inhumanos; y a este ritmo, lo dejarán todo como un solar. Este simple razonamiento matemático pasa desapercibido y se incide en la falta de competitividad e iniciativa del trabajador, en su carencia de compromiso y en su deslealtad para con su patrón. El atolondramiento colectivo y el miedo inducido les sirve de máscara perfecta para, ante nuestras narices, desmantelar un estado de bienestar ya cojo. Y mientras tanto, la ciudadanía se ha convertido en el gran negocio donde lucrarse. El mercado perfecto para hinchar los bolsillos nunca satisfechos.

No es momento de asumir nuevas ideas, nuevas políticas y nuevas formas de hacer economía. Más justas, lógicas y sostenibles. Políticas económicas que no dañen los intereses de una inmensa mayoría en beneficio de una minoría absoluta que responde al nombre de plutocracia.

Y para empezar, los estados europeos deben plantearse la necesidad de retomar las riendas de sus propias decisiones económicas y para ello, se hace urgente la figura de una banca pública que evite estos expolios y sirva, en todo momento, a la ciudadanía que lo sustente y no a los grupos de poder que se esconden tras estas entidades, públicas o privadas. No es el único argumento que como sociedad hemos de blandir, sin duda, pero la banca pública se presenta como una reivindicación impepinable e imprescindible, y como piedra angular sobre la que edificar un futuro menos oscuro y tenebroso que el que se cierne sobre nosotros.