Paraguay ¡DICTADURAS NUNCA MÁS! Hay historias que son horribles y otras historias que son peores

Pinochet Banzer Videla Stroessner
Pinochet Banzer Videla Stroessner

¿Por qué es necesario tener memoria de una época que muchos, por suerte sin lograrlo, hacen lo posible por olvidar o por borrarla de nuestra historia?

Los pueblos que olvidan su historia o su pasado, corren el riesgo de volver a cometer los mismos funestos errores. Lo terrible es que esos errores no solamente costaron vidas, sometiendo a increíbles sufrimientos a todo un pueblo. El drama es que nuestra nación lo ha tenido que pagar con algo que es tan perverso como los sufrimientos y las vidas segadas, nuestro pueblo esa etapa oscura de nuestra historia que fue la dictadura, que duró 35 años, lo ha pagado con atraso económico, con hambre, con la pobreza que se ha instaurado en nuestro país y que hasta ahora sufrimos. ¿Por qué hay tanta desigualdad en nuestra sociedad? Esa desigualdad ha sido una de las bases de sustentación de la dictadura. Mantener al pueblo en la pobreza y la ignorancia ha sido una de las condiciones para que la dictadura haya durado tanto.

Pero la dictadura que nos asoló desde 1954 hasta 1989, no fue una casualidad, no se instauró por sí sola, ningún gobierno totalitario puede durar tanto tiempo si no cuenta con “colaboradores” o, mejor dicho cómplices.

El propio dictador describía esa complicidad con soberbia, diciendo que el régimen se asentaba sobre tres pilares: el ejército, un partido político y el estado. Y en él se centralizaba todo el poder: era comandante en jefe del ejército; era presidente ho- norario del partido político y era el jefe del gobierno. Se convirtió en lo que llamaban “nuestro único líder”. Pero no hay dictadores que reinen solitariamente. La colaboración era imprescindible para el dictador, y la encontró, abundantemente, en el partido político que lo apoyaba y se beneficiaba del mismo.

Hay veces en que la sociedad parece sufrir de amnesia. Nadie quiere recordar esos tiempos de dolor y vergüenza. Nadie quiere aparecer como cómplice. Y, como consecuencia, se trata de borrar todo, olvidar, hasta las víctimas de las torturas a veces prefieren olvidar ese momento terrible en sus vidas, y eso es comprensible, nadie quiere revivir los sufrimientos. Pero no se trata de eso, se trata de recordar, de tener memoria, por un lado para juzgar a los culpables de las atrocidades cometidas y, por otro lado, al tener memoria, ayudaremos a evitar que nos ocurra de nuevo.

Es natural que al terminar una era de horror y persecuciones, los pueblos quieran olvidar, como ocurrió con el nazismo. Pero los pueblos aprenden tanto de sus miserias y horrores como de sus momentos de gloria y grandeza. Además, la verdad puede ser borrada, pero sólo por un tiempo, las historias oficiales pueden eludir mencionar cierta época, como ocurre ahora, pero permanece muy dentro del pueblo y tarde o temprano surgirá con fuerza y eso hará tomar conciencia que por más esfuerzos que se hagan, nadie puede borrar su pasado. Siempre surgirá con fuerza y cuanto más pronto tengamos MEMORIA, así con mayúscula, más pronto nos reencontraremos con nuestro pasado, y esa será la mejor garantía para que en nuestro futuro no co- metamos el mismo aciago error.

Dejemos pues que la Memoria se haga presente y que tengamos una sociedad que aprendiendo de su pasado tenga la firmeza de defenderse de las acechanzas de nuevos y aún más peligrosos tiranuelos en potencia que siguen acechando, ahora ya disfrazados de demócratas convencidos. Los “colaboracionistas” de antes siguen teniendo añoranzas de ese pasado en el que como dice la estúpida propaganda que alguna vez se propagó: “Antes éramos felices y no lo sabíamos”.

No tengamos miedo a la memoria