O retorno dos golpes na América Latina

  • O efeito dominó dos golpes de Honduras e Paraguai

  • Dilma desconhece que na propaganda política devemos usar as mesmas armas dos adversários 

 

 

As ditaduras do Século XX retornaram à América Latina por Honduras, com o impeachment e prisão do presidente Manuel Zelaya em 2009. O golpe foi motivado pelo medo de que ele introduzisse um “socialismo populista” aos moldes de Hugo Chávez no país. A mesma acusação existe contra Dilma Rousseff. Jango foi deposto em 1964, acusado de pretender instalar uma república sindicalista, tendo como modelo o peronismo da Argentina.

Manuel Zelaya foi eleito presidente de Honduras em 2005 pelo Partido Liberal, um dos mais tradicionais do país, para um mandato não-renovável de quatro anos. Nascido em uma família rica, Zelaya faz parte da elite empresarial de Honduras. Inicialmente apoiava os tratados de livre comércio com os Estados Unidos, mas a partir de 2007, com a guinada à esquerda da América Central, começou a adotar posições alinhadas com o “Socialismo do Século XXI” inaugurado pelo presidente da Venezuela, Hugo Chávez, tanto nos campos econômico e social como na política externa ligada à Alternativa Bolivariana para as Américas, o que – segundo analistas de esquerda teria desagradado a “elite” de seu país, que sempre manteve laços fortes com os Estados Unidos. De acordo com o jornal estadunidense The New York Times, muito do apoio a Zelaya vinha de sindicatos, enquanto que a maioria nas classes média e alta – assim como vários analistas – temiam que ele pretendesse entrar no Mercosul. Ou um governo tipo petista de programas sociais, como bolsa-família. Dilma foi além de Lula, no avanço independente de entrar no BRICS.

Outro motivo: Zelaya tinha a intenção de fazer uma consulta pública, para que os eleitores opinassem sobre a realização de um referendo para a convocação de uma Assembléia Constituinte. O mesmo acontece no Brasil, o Congresso e a Justiça Suprema são contra a realização de referendos e plebiscitos.

O golpe de Honduras foi também uma reação por impor às emissoras de rádio e televisão a obrigatoriedade de transmitir programas do governo. No Brasil existia o programa de rádio de maior audiência “A Voz do Brasil”, que Dilma em um ato suicida, sucumbiu à pressão da Globo. Em 12 de junho de 2014, entrou em vigor uma medida provisória, que autoriza a flexibilização do horário da Voz do Brasil entre 19 e 22 horas.

Outra pressão sofrida por Dilma foi remunerar o guia eleitoral, lei Etelvino Lins de 1965, que deixou de ser gratuito, e exibido em horário nobre nas programações de rádio e televisão. E o pior, a redução do tempo de campanha, o que impossibilita os eleitores de conhecer os candidatos. Razão de termos uma maioria de corruptos nos governos estaduais e casas legislativas.

Este ano, a propaganda em rádio e TV tem início no dia 26 de agosto, ou seja, dez dias depois do que foi nas últimas campanhas. A propaganda eleitoral, que antes tinha dois programas por dia, com duração de meia hora, de segunda a sábado, agora terá dois programas de apenas 10 minutos.

As informações oficiais, jornalísticas e propagandistas do Governo são defensivas e péssimas. Para completar, na véspera da votação do impeachment, Dilma foi impedida, pela justiça parcial e partidária, de falar à Nação, de apresentar sua defesa, quando todo governante tem que prestar contas ao povo, e as rádios e televisões são concessões, e o atual monopólio dos meios de comunicação foi criado pela ditadura militar, e consolidado como moeda de troca pelo voto que aprovou a emenda da reeleição de Fernando Henrique.

O golpe de Honduras, de 2009, foi repetido no Paraguai em 2012, e vai acontecer no Brasil este ano; e do Brasil, pelo chamado efeito dominó, destruir as democracias independentes da Venezuela, Bolívia, Equador e demais países livres da América Latina.  Clique nos links abaixo deste post

 

 

 

 

 

 

Paraguay: Un golpe largamente planeado

Un Parlamento en manos de los viejos partidos oligárquicos, un Poder Judicial funcional al capitalismo mafioso y un Presidente débil pero que acabó con seis décadas de reinado colorado’ el plan de un golpe de Estado soft, al estilo del que en Honduras sacó del poder a Manuel Zelaya en 2009, estaba desde hace años a la espera del momento justo.

Justamente a fines de 2009 -a un año de la asunción de Fernando Lugo- se comenzó a hablar de un juicio político por parte del Congreso, en el que el Presidente casi no tiene representación, en complicidad con el vicepresidente Federico Franco, del Partido Liberal Radical Auténtico. En ese entonces escribimos un artículo – Paraguay, ¿una nueva Honduras? www.rebelion.org/noticia.php?id=94901 – en el que dijimos: “Posiblemente, la derecha paraguaya haya aprendido de los gorilas hondureños que no es bueno sacar a Lugo en pijama, de madrugada, y enviarlo a algún país vecino en un ‘avión pirata’, pero eso no conduciría necesariamente a dejar de lado sus ambiciones desestabilizadoras sino, simplemente, a ser más cuidadosos”.

La política luguista del “Mbytetépe poncho jurúicha” (ubicarse en el centro, como la boca del poncho) no ahuyentó a los fantasmas que la burguesía paraguaya se hace sobre un tránsito de Paraguay hacia el “comunismo” de Chávez, Evo y Correa. En ese entonces, la razón en la que la derecha fundamentó el pedido de juicio político era tragicómica: que Lugo había afirmado que los ricos se oponen al proceso de cambio.

Lugo dijo exactamente: “Los que genuinamente quieren cambiar el país son los que no tienen cuentas bancarias, son los que no salen cada día en las páginas sociales de la prensa… Los que quieren seguir mirando el pasado en sus privilegios’ en defensa de sus cajas de ahorros en bancos internacionales, ellos no quieren cambiar”.

¿Discurso inofensivo? Puede ser, pero no en Paraguay. Las reacciones fueron insólitas: el ex candidato presidencial Pedro Fadul, del partido Patria Querida, tildó de “criminal” el contenido del mensaje de Lugo debido a su carácter “confrontacional”, que “daña el alma y el espíritu”. Curiosa, en cualquier caso, la capacidad de indignación del “espíritu” de una élite que convivió sin la menor indignación con las peores desigualdades del continente.

Por su parte, el analista Carlos Redil comentaba: “Lugo hizo un discurso incendiario incentivando la lucha de clases y la oposición no podía quedarse callada”. Redil creía, “por ahora”, que no estaban dadas las condiciones para un juicio político. “Por ahora’”.

En ese entonces se conoció un mail del ganadero chileno Eduardo Avilés, residente en Paraguay hace más de 30 años, en el que pedía una contribución entre su pares empresariales para comprar armamento, formar escuadrones e identificar y liquidar comunistas . “Ya es la hora de ponernos los pantalones largos. Hasta cuándo tenemos que esperar para combatir a estos comunistas hijos de puta, que están queriendo destruir nuestro querido Paraguay, como lo hicieron los allendistas en Chile”, decía.

El anticomunismo es moneda corriente en Paraguay. El dictador Stroessner dijo que su país era “el más anticomunista del mundo” junto a Taiwán, uno de sus principales aliados. Los negocios -políticos y monetarios- entre ambas naciones están bien documentados en el apasionante libro El Paraguay de Stroessner, de Rogelio García Lupo, que contiene un largo detalle del anecdotario sangriento de las décadas de reinado del dictador.

Cualquier reforma social, por mínima que sea, activa el anticomunismo latente de una de las más rancias oligarquías de la región. Hacer un simple catastro de las propiedades agrícolas -para no hablar de una reforma agraria- ya es una medida revolucionaria en Paraguay, donde entre terratenientes nativos y brasiguayos (hijos de brasileños nacidos en Paraguay) controlan sus haciendas a punta de escopeta.

El momento de hacer el golpe de Estado llegó tras la masacre de 17 campesinos y policías el pasado 15 de junio. “La constante confrontación y lucha de clases sociales, que como resultado final trajo la masacre entre compatriotas, es un hecho inédito en los anales de la historia desde nuestra independencia hasta la fecha, en tiempo de paz”, decía una parte de los cargos para el juicio político exprés que busca, tras sacar al Presidente, restaurar el viejo orden apenas erosionado por la gestión de Lugo.

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