Bolivia. Una década de la Guerra del Gas

A diez años de la masacre de octubre

 

 

 Octubre Negro

 

Los muertos y heridos en la masacre de octubre, apenas asoman a mi mente y mi corazón, me duelen como hace diez años atrás, cuando me enteré, a través de los medios de comunicación, de la tragedia en la urbe alteñaque-al son del grito de combate: “¡El Alto de pie, nunca de rodillas!”- se desangró en defensa de la soberanía nacional.Al cumplirse una década de la denominada Guerra del Gas, y en mi condición de ciudadano con derecho a voz y voto, no dejó de reflexionar sobre las dramáticas consecuencias de aquellas jornadas que cambiaron el curso de la historia contemporánea de nuestro país y, al mismo tiempo, no dejó de condenar la bestialidad de las fuerzas represivas del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada que, en octubre de 2003, provocaron un baño de sangre entre los manifestantes de la ciudad de El Alto.

A 31 años de la “recuperación de la democracia”, que estaba acuartelada por una de las dictaduras militares más sombrías de la historia nacional, se ingresó a una etapa de “gobiernos de consenso”, cuyas “democraduras” sirvieron no sólo para acallar la protesta popular con atropellos de lesa humanidad, sino también para masacrar a los acusados de “sediciosos y promotores de proyectos subversivos organizados y financiados desde el exterior”, aun sabiendo que no era posible una democracia formal en un país que se retorcía en medio de la pobreza, el analfabetismo y la desigualdad social.

A estas alturas del proceso de cambio, cuando todo parece demostrar que ha llegado el momento de transformar las caducas estructuras del sistema capitalista, nadie queda indiferente ante las convulsiones sociales que, en el llamado Octubre Negro, sacudieron los cimientos del Estado proimperialista, donde los sectores más empobrecidos, armados con piedras, palos, cólera e indignación, ganaron las calles para hacer escuchar su grito de protesta contra quienes detentaban el poder, rifando al país en pedacitos y al mejor postor.

Durante la Guerra del Gas, que en la ciudad de El Alto arrojó el saldo de decenas de muertos y centenas de heridos, el pueblo dio su ultimátum al gobierno: “Si el presidente no puede solucionar los problemas, lo mejor será que se vaya a su casa”. Es decir, los ciudadanos de oriente y occidente, conscientes de la imperiosa necesidad de salvar al país del caos y la anarquía, exigieron la renuncia del primer mandatario porque tenía las manos manchadas de sangre y porque perdió el control de los conflictos sociales.

El país requería de soluciones rápidas y concretas. Y, para lograr este objetivo, no bastó con que el vicepresidente asumiera la primera magistratura, intentando salvar la democracia burguesa, sino en que todas las autoridades de gobierno se pusieran la mano en el pecho e hicieran conciencia de que las protestas y los conflictos no se resolvían disparando las armas contra el pueblo, sino ofreciendo a los sectores más empobrecidos mejores condiciones de vida y de trabajo.

Está demostrado que no se puede controlar la rebelión de las masas cuando éstas no están dispuestas a vivir en la zozobra ni bajo la inestabilidad del aparato estatal. Por cuanto fue legítimo que los ciudadanos propusieran cambios, en procura de impedir la entrega del gas a consorcios extranjeros sin previa consulta al pueblo; tampoco fue casual que se hubiesen unido en torno a una Asamblea Constituyente, que exigía la modificación de la Ley de Hidrocarburos y del Código Tributario, y que se resguardaran los intereses de la nación y sus habitantes, oponiéndose a las injerencias del portavoz del gobierno norteamericano en los asuntos internos del Estado boliviano; más todavía, fue urgente rechazar las insinuaciones de las empresas transnacionales, interesadas en saquear las riquezas naturales en desmedro de quienes vivían sumidos en la miseria, la desocupación, la deserción escolar, la criminalidad y la corrupción institucionalizada.

Cabe preguntarse, aquí y ahora, para qué servía un gobierno que no representaba los intereses de las inmensas mayorías, un presidente que se aferraba al poder para defender los privilegios de los empresarios privados y la política expansionista del imperialismo, cuyo embajador encaramado en la sede de gobierno, asumiendo la misma arrogancia y supremacía de su jefe en la Casa Blanca, declaró a la prensa: “Estados Unidos no tolerará una interrupción del orden constitucional en Bolivia y no apoyará a ningún gobierno no democrático”, como dando a entender que el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada era uno de los más democráticos de la historia republicana, y que la oposición, compuesta por los partidos políticos que rechazaban un sistema neoliberal de gobierno y las imposiciones arbitrarias del imperio, representaba un peligro para la democracia.

Los “campeones de la democracia”, que en otrora se denominaban “izquierdistas” y “revolucionarios”, respaldaron también la política represiva y neoliberal del gobierno, mientras sujetaban en la mano la Carta Democrática de los organismos internacionales que, teóricamente, condenaban el uso de la violencia que tendían a alterar el orden constitucional del país; cuando en realidad, el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, a espaldas de lo establecido en la Constitución Política del Estado, dio su beneplácito a las Fuerzas Armadas para reprimir al pueblo, violentando así los Derechos Humanos y pasándose por las narices las Cartas Magnas tanto de la ONU como de la OEA.

Ante semejante fechoría, es necesario preguntarse: ¿De qué tipo de democracia nos hablaban estos asesinos? Si el propio presidente de la nación no respetaba la institucionalidad democrática, como la única vía aceptable para resolver los conflictos sociales, y fue capaz de arremeter contra sus opositores, tildándolos de “subversivos” y “sediciosos”, hasta que se le fue la mano y ordenó meter bala contra una turba de mujeres, hombres y niños en la ciudad de El Alto.

Por todos es conocido que las agresiones físicas de las fuerzas represivas contra los manifestantes alteños fueron tan contundentes como las declaraciones del representante del Departamento de Estado, quien, en su afán de controlar la producción de coca y mantener en jaque a los críticos del régimen, aplicó una política coercitiva que, en lugar de apaciguar la furia encendida de los manifestantes, provocó una mayor protesta entre quienes estaban ya cansados de soportar los mandatos del imperialismo y del gobierno entreguista de Gonzalo Sánchez de Lozada, quien no hacía otra cosa que acrecentar la injusticia social, la crisis económica y la discriminación racial.

Los campesinos, mineros, fabriles, estudiantes, profesores, comerciantes y otros, tenían todo el derecho de velar por sus vidas e intereses, y de protestar contra los engaños y las falsas promesas de los señores del poder, quienes estaban más interesados en la repartija de pegas, que en resolver los problemas reales de los sectores empobrecidos por la política entreguista de los ministros y diputados neoliberales, cuya incapacidad de gobernar un país en crisis quedó al descubierto desde el instante en que asumieron el mando del poder con el apoyo de los partidos oficialistas que, durante y después de su campaña proselitista, prometieron demagógicamente un mejor destino para los bolivianos.

Las huelgas, bloqueos, barricadas y marchas de protesta, que tuvieron lugar en la ciudad de El Alto en octubre de 2003, reflejaron el descontento popular contra un gobierno que, al margen de haber sido incapaz de cumplir con el compromiso y los convenios firmados con los sectores en conflicto, tuvo la osadía de movilizar a las tropas del Ejército contra los movimientos progresistas, compuestos en su gran mayoría por los relocalizados de las minas, cansados de vivir en un país donde no se respetaban los Derechos Humanos y donde sobrevivían los resabios de la discriminación social y racial, y donde unos creían ser dueños de las riquezas naturales y dueños absolutos del poder.

Ya sabemos que los desposeídos no piden mucho y lo poco que piden es que se respeten sus costumbres y tradiciones, que se respeten sus fuentes de trabajo y el cultivo de la hoja de coca, que se mejore el sistema educativo y la asistencia médica, que se instale energía eléctrica y agua potable en las regiones rurales; reivindicaciones elementales que incomodaron a los amos del poder político y económico, entre los que se contaba Gonzalo Sánchez de Lozada, quien por entonces fungía como presidente constitucional de Bolivia.

Con todo, ser testigo de un pueblo que luchaba en defensa de los intereses nacionales, mientras su gobierno se esforzaba cada vez más por defender los intereses del imperialismo, duele en lo más hondo del alma, sobre todo, cuando los medios de comunicación informaban que los caídos bajo las balas fratricidas eran hermanos que, de un modo consciente o inconsciente, apostaron desde siempre por los ideales de la libertad y la justicia.

A diez años de la masacre de octubre en la ciudad de El Alto, donde las organizaciones sociales todavía se mantienen de pie, queda la lección de que las grandes transformaciones socioeconómicas de un país se logran gracias aal coraje y la conciencia de un pueblo dispuesto a combatir hasta las últimas consecuencias por conquistar la soberanía nacional, la defensa de los recursos naturales y la dignidad que se merecen todos en un Estado de derecho.

Papa Francisco: “Os velhos necessitam cuidados e companhia. Os jovens trabalho e esperança”

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OLHAR PARA O FUTURO

Da conversa do Papa Francisco com Eugenio Scalfari publicada em Repubblica chamam imediatamente a atenção o tom de confronto aberto e amistoso, o desejo de se compreender reciprocamente e o facto, sempre mais evidente, de que o Pontífice não hesita em pôr-se em questão em primeira pessoa. «Posso abraçá-lo por telefone?» irrompe o fundador do diário romano. «Claro, também eu o abraço. Depois fá-lo-emos pessoalmente, adeus» responde com simplicidade o Papa Francisco. O encontro é uma consequência da carta que o Pontífice enviou a Scalfari e ajuda ainda mais a compreender o coração do Papa Francisco: «É preciso conhecer-se, ouvir-se» e – disse – «acontece-me que depois de um encontro me venha a vontade de ter outro porque surgem novas ideias e descobrem-se necessidades novas». Eis que é a atenção às pessoas e à sua unicidade a característica que dele imediatamente conquista e atrai.

Um enlace jocoso de palavras sobre a intenção recíproca de conversão permite que o Pontífice mencione a questão do proselitismo: não tem sentido, porque – como quis recordar aos catequistas com as palavras de Bento XVI – «a Igreja não cresce por proselitismo, cresce por atracção», um «fermento que serve para o bem comum. Trata-se ao contrário do testemunho, que cada cristão deve prestar, assim como deve transparecer da Igreja no seu conjunto: uma minoria, sem dúvida, mas também força de transformação.

«O ideal de uma Igreja missionária e pobre» anima como um fogo escondido as palavras do Papa Francisco, que sem hesitações responde às perguntas de Scalfari e olha para o caminho dos cristãos na história falando significativamente dos santos – Paulo, Agostinho, Francisco, Inácio – e repetindo que o objectivo é «ouvir as necessidades, os desejos, as desilusões, o desespero, a esperança. Devemos dar de novo esperança aos jovens, ajudar os idosos, abrir ao futuro, difundir o amor. Pobres entre os pobres. Devemos incluir os excluídos e pregar a paz».

Palavras que evocam não ocasionalmente o início do documento conciliar sobre a Igreja no mundo contemporâneo: «A alegria e a esperança (gaudium et spes), a tristeza e a angústia dos homens de hoje, sobretudo dos pobres e de quantos sofrem, são também a alegria e a esperança, a tristeza e a angústia dos discípulos de Cristo, e não há nada genuinamente humano que não tenha eco no seu coração». De facto, o Papa Francisco olha para o Vaticano II, «inspirado por João XXIII e por Paulo VI», porque por sua vez – frisa claramente – o concílio «decidiu olhar para o futuro com espírito moderno e abrir à cultura moderna».

Não são afirmações vazias as que foram feitas por aquele que na entrevista se define, além do título tradicional de bispo de Roma, «Papa da catolicidade». Com efeito, no diálogo fala com tons pessoalíssimos de si mesmo, revelando a iluminação humilde que teve logo após à eleição em conclave e que o induziu a aceitá-la. E é precisamente este pôr-se em questão que lhe permite falar das realidades mais profundas: a graça, a alma, Deus e o futuro, sobre o qual orienta o olhar. Porque «também a nossa espécie acabará, mas a luz de Deus não acabará».

 

PARA CONHECER JESUS

Para conhecer verdadeiramente Jesus é preciso falar com ele,  dialogar com ele enquanto o seguimos no seu caminho.

«Não se pode conhecer Jesus – foi a sua resposta – sem ter problemas». Paradoxalmente, acrescentou, «se quiseres ter um problema, vai pelo caminho que te leva a conhecer Jesus» e então surgirão muitos problemas. Em todo caso, não se pode conhecer Jesus «na primeira classe» ou «na tranquilidade», nem «na biblioteca». Só conhecemos  Jesus no caminho diário da vida.

Podemos conhecê-lo, afirmou o Santo Padre, «também no catecismo. É verdade! O catecismo – frisou – ensina-nos muitas coisas sobre Jesus e devemos estudá-lo, aprendê-lo. Assim aprendemos que o Filho de Deus veio para nos salvar e compreendemos o amor do Pai  na beleza da história da salvação». Entretanto, o conhecimento de Jesus através do catecismo «não é suficiente»: conhecê-lo com a mente é já um passo em frente, mas «é necessário conhecer Jesus no diálogo com ele. Falando com ele, na oração, de joelhos. Se não rezas, se não falas com Jesus – disse – não o conheces».

 

A CORTE DO VATICANO É A LEPRA DO PAPADO

El papa Francisco aseguró que el defecto de la Curia romana, el gobierno de la Iglesia, es que se ocupa sólo de los problemas de la Santa Sede olvidando el mundo que le rodea, en una entrevista publicada hoy en el diario La Repubblica.

La Curia “tiene un defecto: es Vaticano-Céntrica. Ve y se ocupa de los intereses del Vaticano y olvida el mundo que le rodea. No comparto esta visión y haré de todo para cambiarlo”, explicó el papa en la entrevista al fundador del rotativo, Eugenio Scalfari, que se publica hoy en concomitancia con la primera reunión que mantendrá el papa con el llamado G8 de la Iglesia, el Consejo de ocho cardenales nombrados por Francisco para analizar la posible reforma de la Curia romana.

Para el exarzobispo de Buenos Aires, en el pasado “los jefes de la Iglesia han sido a menudo narcisistas, adulados por sus cortesanos” y agregó que “la Corte es la lepra del papado”. “La Iglesia tiene que volver a ser una comunidad del pueblo de Dios y los presbíteros, los párrocos y los obispos deben estar al servicio del pueblo de Dios”, añadió el papa Jorge Bergoglio. Sobre su visión de la Iglesia, explicó que no se debe basar en el “proselitismo” sino “en escuchar las necesidades, las desilusiones, la desesperación y dar esperanza a los jóvenes y ayudar a los viejos, abrir al futuro y difundir el amor. Ser pobres entre los pobres”.

Bergoglio indicó en esta entrevista de tres páginas que en el Concilio Vaticano II se decidió “mirar al futuro con espíritu moderno y abrir a la cultura moderna, que significaba ecumenismo religioso y diálogo con los no creyentes”. Pero el pontífice reconoció que “hasta ahora se ha hecho poco” y anunció que él tiene “la humildad y la ambición” de llevar a acabo ese camino de la Iglesia hacia la modernidad. Respecto a los cambios que tiene previsto acometer, recordó como ha nombrado el Consejo de los ocho cardenales para que le aconsejen. “No son cortesanos sino personas sabias, animadas por mis mismos sentimientos. Esto es el inicio de una Iglesia con una organización no sólo vertical sino también horizontal”, destacó.

Durante la conversación con Scalfari, Francisco bromeó al asegurar que cuando tiene delante un “clerical” también él se vuelve “anticlerical de golpe” y es que, explicó, “el clericalismo nada tiene que ver con el cristianismo y que San Pablo fue el primero que habló con los paganos, los creyentes de otras religiones”. Por otra parte, aseveró que la Iglesia “no se ocupará de política”, pues “las instituciones políticas son laicas por definición y actúan en esferas diferentes”. “La Iglesia no irá más allá de su deber de expresar y difundir sus valores, al menos mientras yo esté aquí”, confirmó.

En la entrevista también se tocan asuntos de actualidad y Bergoglio consideró que “los grandes males que afligen el mundo son el desempleo de los jóvenes y la soledad en la que ha dejado a los viejos”. “Los viejos necesitan cuidados y compañía. Los jóvenes trabajo y esperanza”, indicó.

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El papa también criticó el “liberalismo salvaje” que hace que “los fuertes se hagan más fuertes, los débiles más débiles y los excluidos más excluidos”, y añadió que “se necesitan reglas de comportamiento y si fuera necesario también la intervención del Estado para corregir las desigualdades más intolerables”.

En la entrevista, el papa habla de los santos de su experiencia religiosa y, aunque matizó que no se puede hacer una clasificación de preferidos “como si fueran futbolistas argentinos”, los “más cercanos a su alma” son San Francisco y San Agustín. Sobre la “vocación mística” de algunos santos, Bergoglio explicó que no cree que tenga esta vocación, aunque desveló como tras ser elegido papa y mientras esperaba antes de asomarse al balcón de la basílica de San Pedro cerró los ojos y dejó de sentir “el ansia y la emotividad”

“Una gran luz me invadió, duró sólo un momento aunque me pareció muchísimo tiempo. Luego la luz se disipó, yo me levante de golpe y me dirigí a la mesa donde estaban los cardenales para firmar el acto de aceptación. Y firme”, relató. El papa termina la entrevista con Scalfari prometiendo un nuevo diálogo con el periodista, que se define ateo y a quien ya dirigió una carta sobre los no creyentes, en el que se afrontarán asuntos como el papel de la mujer en la Iglesia.

Eis um deputado que jamais pediria prisão de oito anos para os corruptos de colarinho (de) branco

Definiu o grande e honrado deputado Djalma Aranha Marinho: O liberal é um direitista envergonhado.

diario_cuiaba. prisão de oito anos

A direita é sempre contra a voz do povo que é a voz de Deus.

Detesta referendo, plebiscito, qualquer decisão do povo.

Povo nas ruas, sim, quando não atrapalha o trânsito. Quando boiada nas procissões de santo, nas passeatas dos padres e pastores eletrônicos, nos shows super, super faturados dos prefeitos, nas paradas gays, nas marchas pela paz convocadas pela Globo nos bairros ricos, nos enterros dos políticos das elites e de artistas de televisão, e atrás dos trios elétricos e do Galo da Madrugada.

O povo tem cheiro de suor. Fede.

O povo deve falar, sim, sempre através de intermediários. Na justiça, representado pelos advogados da justiça gratuita. Nos executivos municipais, via vereadores. Com os governadores, via deputados estaduais. Com o governo federal, via deputados federais e senadores.

O trabalhador deve fazer greve, sim, via pelegos, a chamada greve teatro.

O povo escuta, e ouve tudo errado. Fala o que não deve. Que o povo escreva a carta dos leitores da Grande Imprensa, como recomenda Fernando Henrique. Isso é que ele chama liberdade de expressão. Que o povo apareça nas páginas policiais. Repórter policial é colunista social dos pobres.

Do povo o direito de ser os três macaquinhos.

Ilustração de Lucas Nine
Ilustração de Lucas Nine

Europa. Los motivos para salir a la calle el 1-J

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La Marea Ciudadana, en la que confluyen un gran número de movimiento y organizaciones opuestas a los recortes, explica el porqué de esta nueva manifestación contra la Troika

 

Varios colectivos de los que conforman la Marea Ciudadana se han dado cita este miércoles frente a la Sede de la Unión Europea de Madrid, de donde arrancará la manifestación del próximo sábado, para explicar cuáles son los motivos por los que vuelen a salir a la calle contra las medidas de austeridad dictadas desde Bruselas y aplicadas en España por el Partido Popular. Y ya son unas 90 las ciudades europeas donde se han convocado movilizaciones. Entre los países que se han sumado a esta iniciativa, que surge del colectivo portugués Que se lixe la Troika , se encuentran, Italia, Grecia, Chipre y Reino Unido o Francia, además de Portugal y en unas 40 ciudades españolas .

Delante de la Sede la UE un grupo de activistas se ha colocado con un pancarta en la que se leía el lema de la manifestación, “Pueblos unidos contra la Troika” , sujetada por un grupo de activistas con una soga al cuello y la cara tapada con bolsas con la bandera europea. Allí, representantes de distintos colectivos han explicado cuáles son los motivos para salir a la calle el 1 de junio.
Marea Verde – Fernando Rodríguez“Convocamos por todos los recortes en la Educación pública. Dicen que es por la crisis, pero al mismo tiempo que se recortan 80 millones de euros en profesorado se están dando 6.000 millones a los bancos a fondo perdido. Están utilizando esta crisis como escusa para privatizar la Educación pública. De esta forma, sólo aquéllas personas con recursos económicos podrán acceder a una educación de calidad y el resto tendrán una educación asistencial que les prepare como mano de obra barata. Por todo eso, pido a todos los ciudadanos de este país que acudan a la manifestación del 1 de junio.”

Marea Blanca – María Nieves Lozano“Nos oponemos al plan de privatización, mal llamado Plan de Sostenibilidad, que está acabando con la Sanidad pública. Queremos que retiren los reales decretos que atentan contra la sanidad y la dejan en manos de la empresa privada. No estamos dispuestos a permitirlo y vamos a seguir luchando.”

La cultura – Iñaki Guevera“La cultura, que en este país generaba un 4% del PIB y contaba con 600.000 puestos de trabajo, ha bajado un punto y la pérdida de empleos es continua. Han recortado todos los presupuestos y la última puñalada ha sido el IVA cultural, del 21%, que no existe en ningún país europeo, es una gran amenaza para nosotros.”

Bomberos Quemados – Pedro Campos“Vamos a participar en esta manifestación porque nuestra posición es la de estar al lado del pueblo. Y defendemos en defensa de los servicios públicos de calidad, porque sólo con ellos podemos servir a los ciudadanos. Que estén dando dinero a los bancos y que nos lo nieguen a los ciudadanos lo que hace es que retrocedamos más de 30 años en derechos. Estamos contra la troika y queremos una democracia más participativa que nos permita recuperar todos los derechos.”

ATTAC – Mariano Aragonés“La deriva de financiarización del capitalismo fue denunciada por primera vez por ATTAC. Todo lo que está pasando en educación, sanidad, dependencia y en todo lo que se privatiza está en el Tratado de Maastricht. Se dan los servicios públicos esenciales a los amigos de los gobernantes para que hagan negocio. Todos los que se están quedando con la gestión de los hospitales en Madrid tienen una relación directa con el poder.”

Equo – Ramón Linaza“La democracia en Europa ha sido secuestrada por la Troika, formada por organismos que nadie ha elegido democráticamente y que están imponiendo políticas neoliberales que nos condenan a millones de personas en todo el continente al paro, la precariedad, la probreza y la desesperación. Por eso, los verdes de toda Europa apoyamos esta manifestación en defensa de nuestros derechos.”

Izquierda Anticapitalista – Pepe Mejía“Queremos denunciar el papel de la Troika, que en complicidad con los gobiernos europeos, en muchos casos corruptos como el nuestro, están en realidad ahondando y profundizando en la crisis y la miseria. Esto lleva a la desafección de las políticas neoliberales y a la desesperanza que sufren miles de ciudadanos. Para nosotros la manifestación es un punto de inflexión y al ser a nivel europeo tiene una importancia capital. Pero es sólo el primer paso, aún quedan por venir retos mayores.”

Videla y el desembarco del neoliberalismo en Argentina

por Artemio Lópes

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Para oprobio de mi tan valerosa generación a la que masacró decenas de miles de veces a voluntad, hoy ha muerto Videla, de viejo. Les deseo a los más jóvenes que nunca sufran otro Videla y si lo peor sucediera, que no dejen que muera de viejo.Se trata de observar parte del impacto del modelo neoliberal sobre la estructura social de mediados de los años setenta, modelo que encarnado en Martínez de Hoz, tuvo en Videla a su principal jefe político en los años de plomo. Un recordatorio oportuno que muestra que tras la barbarie se movía una trama de una racionalidad económica de hierro que como paradigma socioeconómico aún está activo en el país.

Como señalara el economista Eduardo Basualdo: “En marzo de 1976, la dictadura militar modificó el régimen social interrumpiendo la industrialización basada en la sustitución de importaciones que en ese momento se encontraba en los albores de su consolidación .El nuevo régimen estuvo en consonancia con el orden neoliberal que acabó con la economía mundial surgida de la posguerra y se sustentó en la valorización financiera, cuyo predominio en el país se prolongó hasta el año 2001”. (Basualdo, Eduardo, 13 de marzo de 2006, Suplemento Cash de Página 12).

Esta columna se propone analizar la estructura social metropolitana y alguna de sus transformaciones sustantivas acontecidas desde el año 1974 hasta el año 1980, en base a la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC. Se trata de observar el impacto que sobre la morfología social argentina tuvieron las decisiones de política económica que, centrada en la valorización financiera del capital, fue impuesta por la dictadura militar encabezada por Jorge Rafael Videla.

El análisis se circunscribe a la región metropolitana porque es la única que posee memoria estadística oficial desde mediados de los años setenta, pero por el peso de esta región donde reside el 36% de la población y se realiza más del 50% del ingreso nacional, resulta representativo de lo ocurrido en todo el país. Analizando específicamente las transformaciones acontecidas en la estructura social nacional entre los años 1974 y 1980, el gráfico Nº1 muestra la estructura social correspondiente a la zona metropolitana, representativa del conjunto nacional para Octubre de 1974, desagregado los diversos sectores sociales en orden a sus ingresos por hogar.

Como se observa, la estructura social configurada en el mes de octubre del año 1974 en las postrimerías del modelo industrial sustitutivo inaugurado en su segunda fase en la segunda mitad del siglo pasado, y según los datos de aquella Encuesta Permanente de Hogares, mostraba características de muy bajos niveles de pobreza e indigencia que apenas impactaban sobre el 4 % y el 2% de la población respectivamente.

Por otra parte se constituía un muy amplio sector de clase media plena y media alta equivalente en conjunto al 78% de la población metropolitana total que, a pesos actuales, residía en hogares con ingresos comprendidos entre los $1.900 y $13.700 mensuales en particular de este amplísimo tramo poblacional medio y medio alto, el 50% residía en hogares que en su equivalente actual percibían ingresos comprendidos entre los $3.420 y los $13.700 mensuales.

El 15% de la población superaba la línea de pobreza aunque no la duplicaba, por lo cual se ubicaba en el segmento medio bajo en riesgo de empobrecimiento, con ingresos por hogar que van desde los $950 hasta los $1.900 mensuales en su equivalente monetario actual.

Cabe acotar por último que la totalidad de los segmentos indigentes, pobres y medios bajos en riesgo inminente de pobreza, agregaban además en el año 1974, pobreza estructural o de Necesidades Básicas Insatisfechas, en particular por la insatisfacción de las condiciones de hábitat (casa con paredes y piso de material apta para vivienda) y saneamiento (ausencia de baño o retrete con descarga de agua al interior de la vivienda).

La brecha de ingresos entre el 10% más pobre y más rico superaba apenas las 12 veces, el coeficiente GINI era muy bajo, 36,42, en tanto el desempleo abierto apenas alcanzaba al 2,8% y el trabajo informal al 17,2% En el gráfico Nº2 se observa la transformación impresa a la estructura social metropolitana por las prácticas económicas neoliberales impulsadas al calor de la última dictadura militar encabezada por el hoy fallecido Videla , ya en la madurez del proceso de cambio estructural, mediante la información de la Encuesta Permanente de Hogares de la región metropolitana realizada en Octubre de 1980 por el INDEC.

Como se observa, la desarticulación del régimen industrial sustitutivo y su reemplazo por el de valorización financiera por parte de la última dictadura militar supuso en sus orígenes quintuplicar y triplicar los niveles de pobreza e indigencia hasta alcanzar el 20% y el 4,3% respectivamente, al tiempo que desmoronó a los estratos medios altos y medios plenos que, si en el año 1974 representaban el 78% de la población, en el año 1980 apenas expresaban el 38% de los residentes en la región metropolitana.

En sentido contrario, la clase media baja, en riesgo de empobrecimiento, creció complementariamente 130% en apenas un lustro, pasando de representar el 16% al 37% de la población metropolitana, mostrando el derrotero de empobrecimiento de las franjas medias plenas y medias altas durante la dictadura que en un 52% descendieron al estamento medio bajo.

Retomando el análisis de la estructura social metropolitana del año 1980 y como modalidad específica del colosal proceso de transformación social con vértice en la desarticulación de la clase media que indujo la última dictadura militar, considérese que mientras la brecha de ingresos polar ente el 10% más rico y más pobre de los perceptores de ingresos se mantuvo constante, el desmoronamiento de los sectores medios plenos y altos se patentiza en el enorme crecimiento del coeficiente GINI en dirección a mayor desigualdad.

“Se puede afirmar sin dudas que la dictadura militar de mediados de los años setenta, a la par de practicar el terrorismo estatal con sus secuelas de desapariciones, exilios, represión y muertes; puso fin al perfil socioeconómico tradicional de país integrado con amplios segmentos de ingresos medios.”

El GINI pasa de 0,3642 a 0,4134 en tan sólo cinco años, producto fundamental del nivel inflacionario superior al 87% anual promedio, sin correcciones salariales por clausura de toda actividad sindical como medida de disciplinamiento ampliada a todos los trabajadores que estaban efectivamente sindicalizados, puesto que el trabajo informal alcanzaba al 15,8%, sin modificaciones sustantivas respecto a la etapa anterior e incluso con leve descenso.

En este contexto de brecha estable, un crecimiento del 13% en el coeficiente GINI en sólo cinco años, señala claramente la enorme magnitud de la concentración de ingresos con correlato en el empobrecimiento acelerado y profundo de los sectores medios.
El mecanismo de deterioro social masivo resultó el proceso inflacionario que registró en promedio entre los años 1976 y 1980 un 181% acumulado anual con un mínimo de 87,6% y un máximo de 347,5%.

La sistematicidad y profundidad de la inflación se constituyó rápidamente en el dispositivo central de empobrecimiento de vastos sectores comunitarios, asalariados, empleados, profesionales bajo relación de dependencia, en un contexto político de clausura sindical, disolución de la CGT, intervención de los sindicatos, clausura de las actividades gremiales y la eliminación del derecho de huelga en el que no existían, entre tantas otras cosas, discusiones salariales a punto que como señala Adolfo Canitrot, el salario real cayó entre 1974 y 1983 un 18%.

En rigor, queda claro con datos de Encuesta Permanente de Hogares que desde el punto de vista socioeconómico, la dictadura militar inició el ciclo de empobrecimiento masivo de sectores medios vía congelamiento de salarios viabilizado por la clausura absoluta de toda actividad sindical , combinada con altos niveles de inflación

Se puede afirmar sin dudas que la dictadura militar de mediados de los años setenta, a la par de practicar el terrorismo estatal con sus secuelas de desapariciones, exilios, represión y muertes; puso fin al perfil socioeconómico tradicional de país integrado con amplios segmentos de ingresos medios en su composición social que distinguieron a la Argentina del resto de los países latinoamericanos, desde mediados del siglo XX.

Son Jorge Rafael Videla y el conjunto de la conducción militar y sus cómplices civiles los padres fundadores contemporáneos del tipo de país socialmente desintegrado, empobrecido y asimétrico que se consolidó con la recuperación democrática y cuyos rasgos fundamentales, en particular el nivel de empobrecimiento, perduran.

Así las cosas, ya no solo los ensayos teóricos y análisis particulares de la etapa, sino los datos empíricos oficiales suministrados por la Encuesta Permanente de Hogares del año 1980, prueba la centralidad de la última dictadura en las transformaciones socioeconómicas de los últimos treinta años en particular la declinación de los segmentos de ingresos medios y muestra de manera inequívoca el tipo de formato estatal terrorista que requirió originalmente la implantación y desarrollo del modelo neoliberal que dominó las últimas tres décadas de nuestro país.

Si bien es indudable el carácter de “revancha clasista” dado por diversos autores al formato de estado terrorista expresado en la clausura de toda actividad gremial y la persecución a sangre y fuego de las organizaciones de trabajadores junto al secuestro y muerte de miles de dirigentes gremiales, es conceptualmente sólo parte de la verdad suponer que los efectos de esta política afectaron con mayor intensidad a los sectores populares en general y a los trabajadores en particular ubicados en 1974 en los segmentos medios plenos y bajos dominantemente.

En efecto esta situación de deterioro de las condiciones materiales de existencia del los trabajadores existió sin duda pero, el análisis de las modificaciones en la estructura social mostró que el sector de mayor transferencia de ingresos hacia la cúpula de la pirámide social fue el sector medio en general y en particular el medio alto, compuesto a mediados de los años setenta por pequeños y medianos comerciantes e industriales, profesionales independientes y un segmento minoritario de los trabajadores industriales mejor pagos, que de representar el 38% de la estructura social metropolitana en 1974, se angostó a sólo al 10% en
1980, en pleno desarrollo de las prácticas económicas de la dictadura.

Paradojas de los procesos históricos, este sector medio alto, mayoritariamente urbano, con altos niveles educativos y bien informado que resultó el de mayor deterioro socioeconómico durante el proceso dictatorial, fue el que inicialmente y por un largo tiempo ofertó los mayores niveles de legitimidad social a la dictadura, cuyo pensamiento como sector social , más allá de la edad de sus integrantes, en líneas generales aún asigna legitimidad al golpe de estado del año 1976 y en particular a la vieja “madre de todas las batallas” del plan de la última dictadura anunciada con claridad por Alfredo Martínez de Hoz bajo la jefatura política de Videla, en el video de cierre: Contra el intervencionismo estatizante y agobiante de la actividad económica.

(*) El trabajo completo sobre transformaciones en la estructura social durante la última dictadura, disponible para descargar acá.

Videla sostuvo el liberalismo económico

por Alberto Amato – Especial para Los Andes

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Su vida estuvo signada por la muerte. Cuando nació, el 2 de agosto de 1925, sus padres decidieron bautizarlo con el nombre de dos hijos anteriores, mellizos, Jorge y Rafael, que nacieron en 1922 y murieron antes del año.

Desde ayer, cuando la muerte lo sorprendió en una celda del penal de Marcos Paz, Jorge Rafael Videla entró a la historia no como hubiese querido, sino como el primero de los dictadores argentinos que muere tras las rejas, con cadena perpetua, acusado de crímenes de lesa humanidad, incluido el robo de bebés, cometidos mientras fue dueño del poder en la Argentina tras el asalto al poder del 24 de marzo de 1976. Su gestión duró cinco años, la más larga de un militar de facto en la Rosada.

Hasta el golpe que lo puso al frente del Proceso de Reorganización Nacional, como se definió a sí misma la última dictadura, Videla fue un desconocido para gran parte de la sociedad. Un militar gris, taciturno, enigmático, más devoto del orden cerrado que de la alta estrategia, pundonoroso y casi arcano. Así recorrió la escalera militar, sacudida durante tres décadas y media por los años que precedieron y siguieron a la caída de Perón, a la estigmatización del peronismo y a la división profunda de la sociedad y de las Fuerzas Armadas.

Videla atravesó esas arenas movedizas impecable y apartado, casi agazapado a la espera de su momento: subteniente en 1944, alumno de la Escuela Superior de Guerra entre 1952 y 1954, jefe de cadetes del Colegio Militar durante la Revolución Libertadora, en el ministerio de Defensa entre 1958 y 1960 y en el Estado Mayor del Ejército cuando los enfrentamientos militares entre “azules” y “colorados” de 1962 y 1963, jefe de operaciones en Tucumán en 1968 y en la Córdoba post Cordobazo de 1970, hasta la Jefatura del Estado Mayor del Ejército a fines de 1973, y con Perón presidente, lo que suponía un paso previo al retiro.

Pero Videla nunca fue lo que mostraba. Detrás de aquel oficial alto, delgado, rígido, formal y reposado, obediente y adusto, se ocultaba el hombre que alentó y sostuvo la matanza que desencadenó el “proceso” y que fue más allá de la excusa inicial de eliminar a la guerrilla, para atacar a vastos sectores de la sociedad en cada rincón del país. Y para inaugurar también la figura del “desaparecido” con la que el poder militar, Videla a la cabeza, intentó ocultar sus crímenes.

En 1977 Videla habló de la “guerra” contra la subversión para mencionar a los desaparecidos. Dijo que en toda guerra hay gente que sobrevive, otros que quedan incapacitados, otros que mueren y otros que desaparecen: “Argentina está finalizando esta guerra y debe estar preparada para afrontar sus consecuencias. La desaparición de algunas personas es una consecuencia no deseada de esta guerra”.

Videla sabía que los desaparecidos habían sido secuestrados, torturados, asesinados, sus cadáveres ocultados o arrojados a las aguas y que no se trataba de “una consecuencia no deseada de esta guerra”, sino de una política del Estado que él presidía. Lo reveló hace poco en el libro “Disposición final”, de Ceferino Reato, en el que confesó que a los desaparecidos les adjudicaban esa condición, la que le dan en los cuarteles a los desechos militares.

Nada de todo esto pudo hacer Videla sin el apoyo de una sociedad civil que vio en el golpe militar un freno a la violencia de esos años y al descalabro económico del gobierno de Isabel Martínez, o que se sintió cómoda con las condiciones económicas establecidas por la dictadura, o que vivió aterrada por el monstruo que la acechaba en cada esquina en cada noche, con esa calma resignación con que la sociedad argentina acepta ser gobernada por el miedo o la extorsión, ya sea en dictadura o democracia, o que directamente lo aclamó en los logros deportivos.

Videla contó incluso con el apoyo de una gran parte de la Iglesia argentina, ligada desde la colonia al poder militar, que no sólo brindó consuelo a los torturadores, sino que le permitió presentarse como un soldado de Cristo y que apenas alzó su voz, tenue y para que quede registro, ante los crímenes del proceso y el asesinato de sus monjas, sacerdotes y obispos.

Si por limitaciones intelectuales Videla no fue el ideólogo del plan represivo, sí fue parte y cerebro del montaje de los 364 centros clandestinos de detención instalados en el país, de la decisión de establecer la pena de muerte a través de Consejos de Guerra, de la prohibición de toda actividad política, del cierre del Congreso para reemplazarlo por triunviros militares, del impulso al Plan Cóndor en unión con las fuerzas represivas de países vecinos, y de la conformidad al accionar clandestino de las fuerzas armadas, que merecieron hasta el repudio de otro dictador, Alejandro Lanusse, que exigió que al menos el Ejército actuara “por derecha” en aquellos años terribles.

La intención de Videla no era transparentar el terror. Era ocultarlo bajo el aura de su personalidad tensa y envarada. El choque de esos dos caracteres se reflejaba incluso en su lenguaje corporal: se elevaba sobre las puntas de sus pies, torcía a derecha y a izquierda su cuello atenazado por la corbata, fruncía el entrecejo y retorcía sus bigotes en un gesto que hubiese sido chaplinesco de tratarse de otro rostro.

Ese falso espejo reflejado en el azogue del espanto permitió la creencia de que había un Videla blando, moderado, conciliador, frente a otros militares dispuestos a una matanza aún mayor. Recién sobre el final de su vida, Videla admitió la lógica que había llevado a las fuerzas armadas a la eliminación física de sus adversarios: “No, no se podía fusilar -dijo en 1998- Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina no se hubiera bancado los fusilamientos. No había otra manera”.

 
El inicio de la especulación financiera y la multiplicación de la deuda externa
 
Videla sostuvo también, convencido de sus beneficios, el liberalismo económico que encarnó su poderoso ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz y que desembocó en la ruina de la siempre incipiente industria argentina, en el desguace de las leyes laborales, en el desmantelamiento de los sindicatos (para cumplir la teoría de la Revolución Libertadora que decía que para terminar con el peronismo había que terminar con las chimeneas), la eliminación de las barreras arancelarias, el inicio de la especulación financiera y la multiplicación de la deuda externa.

En 1985, bajo el gobierno de Raúl Alfonsín fue juzgado y condenado a reclusión perpetua y a destitución por crímenes de lesa humanidad. El presidente Carlos Menem lo indultó en 1990. Volvió a la cárcel en 1998 por una causa por el robo de menores, recién nacidos, en los campos de concentración. En 2010, la Corte Suprema ratificó la inconstitucionalidad del indulto de Menem y lo confinó a la cárcel de máxima seguridad de Marcos Paz.

El ex teniente general se lleva a la tumba los secretos más terribles de una época de la historia contemporánea del país que se cierra sólo a medias con su muerte, entre ellos, el destino de miles de personas que todavía son “desaparecidos”.

 
 

El éxtasis del Viernes Santo neoliberal

por Ollantay Itzamná

Las principales ciudades se encuentran revestidas de telas de color morado y blanco. Adornados con carteles gigantes en las que sus representantes políticos les desean bendiciones por Semana Santa. Una marea humana vestido con hábitos de color morado, blanco y negro inundan las calles y plazas de las ciudades alfombradas de flores y aserrín de colores con motivos religiosos.

SS Viernes santo unió a cientos de feligreses - Freddy Grover Choque La Prensa

Gigantescas estatuas de yeso y madera recorren por las ciudades, en inmensas andas barrocas, sobre los hombros de compungidos penitentes que llevan sobre sus cabezas el capirote (cucuruchos) en señal de penitencia pública. Cada procesión avanza lento al ritmo de melodías de agonía de las bandas de música. Todo el país se concentra en estas festividades dolorosas. La Semana Santa es el feriado nacional más largo del año. Desde la televisión, los periódicos, las radio emisoras y las iglesias se inculcan con ímpetu la mansedumbre, la obediencia, el dolor, la humildad y el despojo como las virtudes sublimes de un cristiano penitente.

En la Abya Yala actual, permanentemente se recurre a la palabra indio para referirse a las personas originarias en condición de exclusión y de subalternidad. En sociedades fragmentadas como la hondureña o la guatemalteca, los “citadinos” nos llaman “inditos” para no faltar a la caridad cristiana y edulcorar la “tolerancia”. Para los sectores que monopolizan la construcción y reproducción de prejuicios sociales, “el indio siempre fue indio, y seguirá siendo indio”. Pero no se dan cuenta que el concepto indio es una categoría de dominación sociopolítica intencionalmente construida y “naturalizada” a partir del siglo XVI.

La palabra indio es la materialización más burda del darwinismo sociopolítico y cultural que intencionalmente se aplicó en la colonia y en las repúblicas bicentenerias sobre nosotros los originarios/as, con la finalidad de deshumanizarnos. Es decir, asumirnos como no humanos, complemento (laboral) para las nuevas tierras usurpadas. Por tanto, si tan ni siquiera contamos como humanos, tampoco podemos tener derechos, ni propiedades. Mucho menos podemos ser ciudadanos plenos (sólo votantes, jamás gobernantes).

Por eso, cuando Ud. escucha la palabra indio, automáticamente lo relaciona con lo antiestético (feo, sucio), miserable, vago, desconfiado, bruto, ignorante, inútil, supersticioso, providencialista, resignado, borracho, lujurioso, y un largo etc. En otras palabras, la palabra “indio” no es otra cosa que la materialización de los vicios.

Y lo más triste e irracional. Cuando Ud. se encuentra con un nativo de la América profunda, con idioma, estética, gustos y olores diferentes a las de Ud., casi automáticamente siente repulsa o lástima. Su inconsciente le revela que Ud. está ante un “indio”. Sólo ante un prójimo (un semejante) se siente amor. Pero, ¿qué es el indio? ¿Los primeros europeos que llegaron a Abya Yala, en el siglo XVI, como Cortés, Pizarro o Alvarado se habrán encontrado con indios? ¿Quiénes y por qué construyeron/establecieron el concepto indio en Abya Yala?

El indio es una construcción sociopolítica y cultural de la colonia, y afianzada por las repúblicas. Los invasores no encontraron en Abya Yala habitantes vagos, brutos, resignados, ignorantes. No encontraron indios. Encontraron nativos del lugar a las que en los primeros documentos los llaman “naturales”. La categoría indio fue una construcción colonial para deshumanizarnos filosóficamente a los nativos, negarnos derechos, apropiarse de nuestras tierras y bienes, y explotarnos sin eliminarnos.

Ahora, Ud. dirá que las montañas y valles de México, Guatemala, Ecuador, Perú, Bolivia y otros, actualmente están habitados por seres sumisos, resignados, desconfiados, sucios, analfabetos, brutos, etc. En parte sí. Pero no somos indios. Somos seres humanos que hemos llegado a corporizar la dominación y las estigmatizaciones impuestas por varios siglos sobre nosotros. Si acaso algunos aún somos “indios” (colonizados), no hemos nacido indios. Nos hicieron indios. Por tanto, no somos una realidad “natural”, innata, ni definitiva. Somos una realidad políticamente configurada, y estamos en proceso de emancipación de esa configuración.

Producto de las nefastas historias irredentas, y de nuestras circunstancias adversas fuimos asumiendo (corporizando), en muchos casos, actitudes, roles, sentimientos e incluso una falsa conciencia de ser indios para siempre. El sistema colonial y republicano nos ha repetido (inoculado) tanto, por activa y por pasiva, nuestra situación de “ignorantes”, “brutos”, “salvajes”, “resignados”, hasta el límite que nos habita el complejo de inferioridad. Pero sólo es eso: un complejo. Y así como fue construido también podemos y debemos deconstruir y liberarnos.

Si los invasores durante la colonia crearon la categoría indio para afianzar la maquinaria colonial del despojo; las repúblicas, algunas, en su intento de construir la “nación”, se empecinaron en asimilarnos y ladinizarlos. Para este objetivo se institucionalizó el racismo y el desprecio del “indio” para justificar la exclusión de los pueblos originarios.

En el siglo XVI, juntaron a nuestros abuelos/as (quienes vivían esparcidos en territorios), y organizaron los sistemas de pueblos indios (caso de la Audiencia de Guatemala). Y ¿qué era un pueblo indio? Nativos aglomerados en pueblos con la finalidad de organizar, garantizar y repartir mano de obra gratuita para los hacendados que ocupaban las tierras de donde fueron sacados los mimos originarios, y garantizar de manera segura el pago de los tributos al Rey. A cambio nos dejaron el bautismo y la Biblia.

Durante la República, las diferentes revoluciones no significaron cambios sustanciales para nosotros/as. Las revoluciones liberales y las reformas agrarias, en buena medida, sirvieron para legalizar el despojo de las tierras comunales de los pueblos originarios. Sin tierra, sin derechos, sin oportunidades, humillados, en espantoso empobrecimiento, ¿cómo podíamos no convertirnos en indios? Así como la condición de la colonialidad es producto histórico de relaciones de poder, también la condición de “indio” es una construcción histórica colonial para afianzar el sistema de saqueo y de despojo.

Por esta perversa intencionalidad de la categoría indio, construida para deshumanizarnos, no nos llamen indio. Somos hijos/as de la Tierra como tú. Con diferentes estéticas, sentimientos y pensamientos, pero siempre abiertos aprender de las y los demás, si ellas y ellos también están dispuestos a aprender de nosotros. Así como no deberíamos llamar extranjero/a a ningún hijo/a de la Tierra. Después de todo, incluso la categoría de nacionalidad (fronteras) es una construcción política para estabularnos. Dinos indígena, originario, nativo, Tierra que piensa, que siente, que llora, que sueña, pero no nos llames indio, ni extranjero. Sólo unidos/as le haremos frente a este sistema de muerte que, ahora, incluso hasta a la capacidad del metabolismo de la Madre Tierra ya lo está convirtiendo en dólares.

¿Por qué, ahora, un Papa Sudamericano?

Hace 17 siglos atrás (S. IV), el mundo de entonces padecía las consecuencias de la imparable crisis del sistema-mundo-romano. Para entonces, también, el perseguido movimiento religioso de los nazarenos (cristianos) ya había logrado constituirse en una imparable fraternidad sin fronteras dentro de la misma globalización romana en crisis.

Ante la desesperante licuefacción del sistema-mundo-romano, el Emperador Constantino se hizo “cristiano” (se bautizó en el año 315) con la finalidad de salvar su Imperio utilizando la fuerza moral y religiosa del cristianismo como el arma más eficiente de dominación y cohesión política. Finalmente, será el Emperador Teodosio (380) quien declarará el cristianismo como la religión oficial del Imperio para aprovechar el dinamismo aglutinador de este movimiento y darle vida al Imperio por 10 siglos más.

Así fue como se imperializó el cristianismo (aunque el Imperio jamás se cristianizó), perdiendo toda su mística y espiritualidad profética-liberadora. Desde entonces, el matrimonio entre el papado y los diferentes imperios de turno jamás se rompió. Más por el contrario, aquella alianza se fortaleció y se fortalece ya por más de XV siglos, algunas veces con actos más evidentes que otros.

En el presente siglo, el sistema-mundo-occidental, vive una de sus peores crisis de su historia, no sólo financiera, política o energética, sino una crisis integral de sentido. Y, ante la irracional insistencia de las corporaciones de salvar su sistema, sacrificando a la Madre Tierra, los pueblos empobrecidos del Sur nos insubordinamos ante Imperio de la muerte con una propuesta en construcción de una civilización de la Vida. Y, es entonces, cuando nuevamente el Imperio de la muerte echa mano del “cristianismo”, esta vez ya no bautizando a su Emperador, sino sentándolo en la silla de Pedro a un Cardenal del Sur empobrecido. ¿Cuál es la finalidad de este ajedrez religioso político del Imperio, con un argentino en la silla papal?

Y es más, el nuevo Papa lleva nada menos que el nombre de Francisco I, en referencia al mendigo cristiano, Francisco de Asís (vilipendiado por el poder religioso-político de su tiempo), quien en el siglo XIII intentó divorciar (liberar) a la jerarquía católica del Imperio Romano, y refundar el movimiento cristiano.

Para no hacer mucho esfuerzo histórico, cuando el Imperio del capitalismo se veía desafiado por el socialismo en las últimas décadas del pasado siglo, las corporaciones financieras hicieron Papa a Karol Wojtila, nada menos que de origen polaco (país socialista). Y mientras, las y los cristianos católicos se regocijaban con el magisterio anticomunista de Juan Pablo II (quien silenció a muchos teólogos de la liberación), las corporaciones financieras (capitalistas) se repartieron el planeta entero, convirtiéndonos a las y los empobrecidos en cenizas del Imperio neoliberal.

En América Latina fue extirpado violentamente todo intento de emancipación de los pueblos, intimidándolos con el miedo al fantasma del comunismo ateo, con la abierta opción por los ricos de la gran mayoría de los jerarcas católicos. De las teologías de liberación sólo quedan recuerdos. Pero la vocación libertaria y emancipatoria del espíritu del Sur “cristiano” continúa desafiante.

Por eso, ahora, nuevamente recurren al instrumento religioso para inmovilizarnos y lesionar nuestros procesos de cambios emancipatorios. Pero, ya no estamos dispuestos a ser colonos de nadie. Ya somos mayores de edad. Si nos siguen predicando la obediencia cadavérica como la máxima virtud cristiana, en nombre del Dios insensible, y tratándonos como a ovejas del “Señor” (patrón), no tendremos otro camino que desbautizarnos para liberarnos del yugo del Imperio de la muerte. Ya aprendimos que el método del bautismo sólo sirvió y sirve para enriquecer a unos pocos y empobrecernos a las grandes mayorías. Y todo, en nombre de Dios. Jorge Bergoglio entregó a sus propios sacerdotes

Despojo despiadado, aniquilamiento selectivo de dirigentes sociales y el silencio de las iglesias

Mientras las y los guatemaltecos, católicos o no, viven afligidos su Semana Santa con la cabeza agachada y los ojos cerrados, el Presidente Otto Pérez Molina, en pleno feriado de Miércoles Santo, entregó el Puerto Quetzal (el puerto marítimo más importante del país) en usufructo para 25 años a la Empresa Portuaria Quetzal, subsidiaria de una empresa española. El sindicato de trabajadores y sectores organizados del país, desde hace varios meses, estuvieron resistiendo a este acto de privatización, pero el despojo se consumó en pleno feriado de Semana Santa.

De esta manera, Guatemala, quien ya cedió tierras, ríos, playas, bosques, minas, servicios públicos, etc. a las corporaciones privadas, quedará enclaustrada y atrapada bajo el dominio marítimo de una empresa extranjera. Igual o peor de lo que le ocurrió con la prepotente y nefasta historia de la empresa bananera norteamericana en el siglo pasado. Simultánea a la aplicación del neoliberalismo recargado, el Estado implementa una sistemática política de criminalización, persecución, encarcelamiento y/o asesinato selectivo de dirigentes/as de organizaciones sindicales, sociales e indígenas que se resisten al calvario neoliberal.

Entre febrero y marzo del presente año fueron asesinados 5 dirigentes sindicales e indígenas que exigían el cumplimiento de derechos laborales y/o se oponían a proyectos mineros. En este momento, varios dirigentes sociales guardan cárcel preventiva, otros tantos son amenazados, perseguidos e investigados, sólo por oponerse a más despojos o exigir la devolución de lo robado. Cuando los ricos saquean y roban, lo llaman negocio para el progreso. Pero, cuando los empobrecidos intentan recuperar lo que les robaron, los persiguen y asesinan como a delincuentes.

En esta Guatemala que se vanagloria de ser cristiana, cada 80 minutos se asesina a bala a una persona en algún rincón del país, de los cuales más del 95% de casos queda en la impunidad. El 90% de las tierras de cultivo son acaparadas por neo latifundistas que representan menos del 2% de la población nacional, mientras casi el 70% de guatemaltecos sobreviven en el empobrecimiento. Cerca del 50% del total de niños/as menor de cinco años sufre desnutrición. ¿Por qué será que éstas y otras calamidades anticristianas no son denunciadas por los predicadores en Semana Santa?

Hace cinco siglos llegaron los pordioseros buscando riquezas por estas tierras. Nos obligaron a abandonar nuestras espiritualidades de la Vida. Nos dijeron que el bautismo nos traería civilización si acaso a cambio les cedíamos los bienes de la Madre Tierra. Se quedaron con todo, y cambio nos dieron miseria, Biblia y cucuruchos para cargar en hombros a sus ídolos blancos y barbudos que en nada se parecen a los personajes bíblicos, hebreos rebeldes de piel cobriza como nosotros/as.

El Jesús bíblico predicó la rebeldía y la liberación integral del ser humano. Organizó un movimiento socio religioso de liberación. Fue asesinado por el Imperio por subversivo y por blasfemo. Pero, estas verdades bíblicas no se predican en las iglesias. Más por el contrario, se censura la virtud de la rebeldía y se predica/promueve el vicio de la mansedumbre-resignación como la virtud sublime, hasta el límite de convertirnos en un tumulto compungido de providencialistas con cucuruchos que caminan hacia el cadalso, como lo hacían en la Edad Media los heréticos penitentes condenados a la pena capital. ¿Por qué será?

Por estas y otras traiciones, Jesús de Nazareth asesinado por el Imperio romano no resucitará en Guatemala, mientras los fariseos neoliberales continúen despojando y asesinando a los Cristo que se insubordinan y organizan para defender sus derechos y los derechos de la Madre Tierra. El Domingo de Resurrección sólo ocurrirá en Guatemala si acaso las y los guatemaltecos nos atrevemos a abandonar nuestra actitud de penitentes eternos de Viernes Santo.

Podemos cargar, en andas de plata, por otros quinientos años, a ídolos blancos, barbudos y sangrantes (que representan a nuestros verdugos), pero éstos serán siempre la premonición del sufrimiento y de la muerte de nuestro pueblo. El milagro de la resurrección de la Vida ocurrirá cuando nos atrevamos a desafiar las mentiras que nos impusieron como verdades, y a confiar y creer en nuestra capacidad creativa. Debemos asumir que nadie en este mundo ha nacido para ser penitente eterno.

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Galeria de fotos: LOS CRISTOS POR VIERNES SANTO EN EL MUNDO