País singular

por Moacir Japiassu

 

tamolivres

A considerada Patrícia Orlandi Valladares, arquiteta e artista plástica paulistana, envia de seu ateliê ao lado do Parque do Ibirapuera:

Li que, somadas, as saídas temporárias dos presos chegam a 35 dias por ano; mais do que as férias de um trabalhador. Isso está correto? Em que outro país existe uma barbaridade dessas? E muitos não voltam para a cadeia, preferem retomar a atividade criminosa.

E o que mais revolta é ver na televisão uma campanha imbecil a dizer: Proteja sua família — desarme-se. Pode-se dizer que estão a fim de criar uma ‘reserva de mercado’ para ladrões, assassinos e estupradores.”

É mesmo, Patrícia, o Brasil é um país singular. E a respeito de armas a coluna sugere a leitura do artigo do considerado Reinaldo Azevedo na Veja.com, intitulado Tiros em Sandy Hook. Azevedo é aquele jornalista que os petistas adoram e que escreveu a seguinte frase à época do abominável referendo: “pode-se esmagar um crânio com uma Bíblia.”

 

 

El mundo necesita menos de justicia criminal y más de justicia social

EL INVESTIGADOR BRITANICO KEITH HAYWARD ANALIZA EL PAPEL DE LOS MEDIOS EN LA LLAMADA “INSEGURIDAD”

–La cuestión del pánico moral tiene cuarenta años, es una vieja teoría, pero buena; aún funciona. Cada tanto, cuando surge una nueva droga o alguna cuestión que sorprende, reaparece nuevamente el pánico moral clásico. Yo creo que los medios de comunicación funcionan más sofisticadamente en estos días, hasta el punto en que el pánico moral resulta bueno para los negocios.

–Hay cientos de reality shows policiales muy populares en televisión que encarnan siempre una misma posición ideológica. Nunca hablan sobre políticas o la situación del delito, sino que se refieren a un particular delito callejero.

 

–Se filma la captura de un individuo, luego estos videos se utilizan como técnicas de promoción para conseguir más fondos para la policía, obtener herramientas de formación y crear nuevos cuerpos policiales.

–Se suele tomar la vía más sencilla: “pandillas”, “personas negras marginadas provenientes de zonas pobres causaron los disturbios”. Eso vende votos. Entonces, la criminología cultural trata de poner de relieve este tipo de situaciones y la locura política que las acompaña. Se hacen estas cosas que no siempre han funcionado, aunque es muy difícil hacer otra cosa. ¿Alguien puede imaginar a un político en los Estados Unidos decir: “aquí está mi programa electoral para el problema de la delincuencia: voy a reducir el número de cárceles, voy a tratar de cambiar las clasificaciones de los delitos por drogas? Voy a hacer todo lo contrario del resto”? La historia parece decir que así nadie sería elegido. En este contexto político, el crimen es abordado de una sola manera: ponerse duros y más rígidos, y a los políticos que no lo hacen los matan en las urnas.

–Algunos estudios realizados en los Estados Unidos sugieren que las personas más vulnerables de los barrios más pobres son quienes están más expuestas a los avisos publicitarios, porque están mirando televisión todo el tiempo, no leen libros ni van al colegio, constantemente reciben el bombardeo de mensajes publicitarios. Incluso, los habitantes de algunos barrios pobres de los Estados Unidos ni siquiera pueden firmar o escribir su nombre, aunque conocen marcas muy exclusivas como Prada o Gucci, porque son bombardeados seis horas al día con promociones o publicidades. Son los más expuestos a la lógica que marca la cultura del consumo.

–Creo que el mundo necesita menos de justicia criminal y más de justicia social. Esta idea se contrapone a la organización de formas de justicia penal y a la criminología que las respalda. Se trata de un reto a esas posiciones, que, a menudo, tienen muy poco que ver con la justicia en la forma en que yo la percibo. Es en ese sentido que la criminología cultural se opone a las corrientes teóricas dominantes: la criminología institucional establecida gira en torno de la policía, las cárceles, la vigilancia, las cámaras, el control.

Por Aruguete Natalia y Schijman Bárbara