Mexico. “Si no reaccionamos, nos espera un Estado más asesino y represor”, dice el Obispo Vera

Por Javier Bravo López

Vera López dejó en claro que la ciudadanía tendrá en sus manos romper el esquema actual de la política mexicana si continúa organizándose. Foto ZonaFranca
Vera López dejó en claro que la ciudadanía tendrá en sus manos romper el esquema actual de la política mexicana si continúa organizándose. Foto ZonaFranca

– Para el obispo de Saltillo, Raúl Vera López, el Estado mexicano ha optado por someter por la vía de la violencia a la ciudadanía, como en los tiempos de la conquista española. Nos enfrentamos, consideró, a un Gobierno que no duda en utilizar a las policías en contra de sus gobernados.
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De visita Acámbaro, Guanajuato –en su tierra natal–, el prelado considerado como uno de los principales representantes de la Teología de la Liberación, echa una mirada a los crímenes de Iguala y Tlatlaya y, desde su papel como activista social y defensor de los derechos humanos, no duda en calificarlos como parte de un Estado represor que inmiscuye a los tres niveles de Gobierno.
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Ante esto, para el sacerdote de origen acambarense, la respuesta de la sociedad no puede ser más esperanzadora, pues todos los círculos sociales se han lanzado a las calles para reclamar y denunciar al Gobierno federal y sus omisiones en los casos como el del ex Alcalde de Iguala, José Luis Abarca, acusado desde hace más de un año de asesinar personalmente al líder social Arturo Hernández Cardona.
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“Si no reaccionamos, esto es lo que nos espera: un Estado cada vez más represor y más asesino. Todas estas cosas, aunque estén diciendo en este momento que esos muchachos no saben decir si son o no son (…) fueron ejecutados. Primero aprehendidos por la Policía Municipal, desde ese momento quedan bajo la custodia (…) y esas personas fueron asesinadas por criminales”.
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Vera López dejó en claro que la ciudadanía tendrá en sus manos la decisión de romper el esquema actual de la política mexicana si continúa organizándose, como ha hecho ahora por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero.
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¿Y el papel de los partidos? Rebasado, dijo: “La clase política mexicana está dejando mucho qué desear, todos los partidos políticos en México están dejando mucho qué desear (…) todos han dado pruebas de sus grandes deficiencias (…) los partidos políticos, todos, están en una decadencia espantosa. No tienen futuro, no son en este momento la solución. Para nada”.
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DE VISITA EN GUANAJUATO
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Raúl Vera estuvo en Guanajuato, precisamente en Acámbaro, para presentar el libro “El Evangelio Social de Raúl Vera. Conversaciones con Bernardo Barranco”, un texto en el que se explora la formación y crecimiento intelectual de prelado mexicano, conocido internacionalmente por su labor a favor de los derechos humanos, pero quizá más por su postura crítica ante las omisiones, errores y cánones tradicionalistas de la propia Iglesia Católica.
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Desde su intervención en el movimiento zapatista en Chiapas, sumándose al ministerio de apoyo encabezado por Samuel Ruiz y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, la defensa de los derechos de los migrantes nacionales y centro americanos, hasta la férrea demanda de justicia tras el desastre de la mina de Pasta de Conchos, las conversaciones con el investigador estudioso de las religiones son un vistazo a la mirada del Obispo Vera.
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Pero también revela las motivaciones que un clérigo de alto nivel tiene para mostrarse crítico en los temas que los altos mandos eclesiásticos prefieren ignorar. Desde el rechazo a los homosexuales, la marginación del papel femenino, la pederastia clerical y la complicidad con las clases políticas. Todo forma parte, dice, de la desviación del ministerio de la fe hacia los intereses económicos.
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En ausencia del copartícipe del libro por enfermedad, Raúl Vera expuso a los acambarenses su visión de una Iglesia que habrá de dejar la cúpula para atender las disposiciones del Papa Francisco, quien dio la orden expresa de tener una autoridad clerical que afronte las realidades de la injusticia social.
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Quizá el viraje en la postura del Vaticano se puede resumir en una de las confesiones que el Obispo expuso ante acambareses durante la presentación literaria: “Si todavía continuara el pontificado de Benedicto XVI, yo no estaría aquí (risas) (…) quizá no existiría este libro”.

Massacre de estudantes no México expõe ligações entre polícia e crime organizado

por Federico Mastrogiovanni | Cidade do México /Opera Mundi

 

desaparecido mx

 

Mais de 40 alunos de licenciatura da cidade de Iguala estão desaparecidos; corpos encontrados em fossas clandestinas ainda não foram identificados

 

Retratos dos desaparecidos foram espalhados por diversos pontos da cidade de Iguala (Agência Efe)
Retratos dos desaparecidos foram espalhados por diversos pontos da cidade de Iguala (Agência Efe)

Oitenta estudantes da escola rural para professores Raúl Isidro Burgos, da cidade de Iguala, viajavam em ônibus da empresa Costa Line. No dia 26 de setembro, estavam se organizando para coletar fundos para pagar a escola, uma das tantas instituições rurais que, no México, representam a única forma de obter um nível de educação aceitável para milhares de estudantes.

Quando já iam sair dali, alguns patrulheiros da polícia municipal quiseram parar a caravana, que não quis parar. Os policiais, então, segundo o testemunho anônimo de um jovem presente no local, começaram a disparar em direção aos ônibus. A princípio, os policiais dispararam contra os ônibus, mas, depois de algumas horas, quando os estudantes davam uma coletiva de imprensa para denunciar o ataque armados contra eles, outros homens sem uniforme, que muitas testemunhas reconheceram como policiais municipais, dispararam outra vez e, mais tarde, encheram de balas outro ônibus no qual viajavam jogadores da equipe local de futebol Avispones.

O saldo foi de seis mortos, três dos quais estudantes, e vinte feridos. Cinquenta e sete estudantes desapareceram, sendo que vinte deles, como afirmam testemunhas oculares, foram levados à força por policiais de Iguala e do Estado de Guerrero.

Quase duas semanas depois, 43 estudantes ainda estão desaparecidos. Graças à pressão da imprensa e da sociedade civil, as autoridades federais encontraram seis fossas comuns clandestinas, com 28 corpos carbonizados. No entanto, apesar da suspeita de que os corpos sejam de estudantes desaparecidos, os mortos ainda não foram identificados.

O prefeito de Iguala, José Luis Abarca, suspeito de ter vínculos com a quadrilha dos irmãos Beltrán Leyva, fugiu da cidade e permanece foragido. Um depoimento também o acusa de ter matado um líder camponês de Guerrero.

Além disso, foram expostos nas últimas semanas os vínculos entre a polícia municipal de Iguala e o grupo criminoso conhecido como Guerreiros Unidos. Na segunda-feira (06/10), esse grupo divulgou uma nota pedindo a libertação dos 22 policiais presos, acusados pelo desaparecimento e o assassinato dos estudantes.

“Governo federal, estatal e a todos que nos apoiam: exigimos que liberem os 22 policiais que estão detidos. Damos 24 horas para que os soltem ou esperem as consequências. Começaremos a divulgar os nomes dos funcionários do governo que nos apoiaram. A guerra já começou”, era o conteúdo da nota.

Repercussão e outros casos

Fisgon
Fisgon

A repressão brutal do Estado não é novidade nessa região do país: em 12 de dezembro de 2011, a polícia assassinou dois estudantes que protestavam contra as condições da escola para professores de Ayotzinapa, em um tiroteio que deixou mais de 20 feridos.

“Nada mudou” afirma Abel Barrera, diretor da organização de defesa de direitos humanos Tlachinollan, ativa em Guerrero, que está cuidando do caso dos jovens estudantes. “É o mesmo padrão de impunidade das forças policiais que permite que continuem cometendo os mesmos delitos. Não houve qualquer julgamento político por parte do procurador de Justiça do Estado, nem do secretário de Segurança Pública”.

 

Rubén
Rubén

Mexico. La infausta noche de Iguala para 48 estudiantes de Ayotzinapa: dos heridos graves, tres muertos y 43 desaparecidos, acerca de los cuales, un mes después, no se sabe nada de su paradero

por Juan Pablo Becerra-Acosta M.

 

El lugar del segundo tiroteo, donde murieron dos muchachos. (Jorge Carballo)
El lugar del segundo tiroteo, donde murieron dos muchachos. (Jorge Carballo)

Iguala, Guerrero
Aquella fue una noche infausta para 48 estudiantes de Ayotzinapa. Fue la noche negra de Iguala, que ocurrió justamente hace un mes, el 26 de septiembre. Fue una noche violenta que se extendió hasta la madrugada y la mañana del 27 de septiembre. Una noche que difícilmente olvidará Guerrero. Y México.

Pero, todo inició horas antes, la tarde de aquel viernes…

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18:00 horas. Explanada frente al palacio municipal de Iguala. María de los Ángeles Pineda Villa, esposa del alcalde José Luis Abarca, espera a que se llene el lugar para dar su segundo informe de labores al frente del DIF municipal. En los días previos se había anunciado por toda la ciudad que, después del mensaje de la mujer, el grupo musical Luz Roja de San Marcos daría un concierto. Que habría fiesta. Bailongo. Y cómo no: se trataba de “El Festejo” de “La Señora”, como se le conoce aquí a la mujer. La promesa de un variado repertorio de cumbias y charangas abarrotó el lugar hasta después de las diez de la noche.

El Alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa María de los Ángeles Pineda | AGENCIA REFORMA
El Alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa María de los Ángeles Pineda | AGENCIA REFORMA

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18:00 horas. Municipio de Tixtla. Escuela Normal Rural Ayotzinapa. Estudiantes abordan dos camiones Estrella de Oro con destino a Iguala, distante a 130 kilómetros. El traslado habitual en autobús es de dos horas.

21:00 horas. Los estudiantes arriban a Iguala. Ahí toman en su poder otros dos autobuses, ahora de la empresa Costa Online. Intentan capturar una tercera unidad. El chofer se resiste y lo lesionan. Los jóvenes usan los cuatro autobuses capturados para ingresar a Iguala.

Elementos de la policía local reportan al Centro de Control de la Policía el arribo de los autobuses de los estudiantes de Ayotzinapa y… de “algunas otras personas” dentro de las unidades. Así lo declara ante la PGR David Hernández Cruz, quien estaba a cargo del centro. Así transmitió el parte que le daban los uniformados: que llegaban estudiantes de Ayotzinapa y… “otras personas”.

Los agentes policiales asumen que los estudiantes se dirigen hacia el centro de la ciudad para sabotear la celebración de “La Señora”. En mayo de 2013 los estudiantes ya habían arremetido en un par de ocasiones contra las instalaciones del ayuntamiento, esto a consecuencia de la desaparición y posterior asesinato de Arturo Hernández Cardona, dirigente del Frente Unidad Popular, homicidio del que se acusa al alcalde hoy prófugo. Ahí surgió el encono de la pareja gobernante de Iguala hacia los estudiantes.

En el festejo de la esposa de Abarca alguien se acerca al alcalde y le informa lo que acontece. Él comenta con su mujer lo que le dicen. Por la frecuencia radial de la policía se escucha minutos después una instrucción terminante proveniente del secretario de Seguridad de Iguala, Felipe Flores Velázquez: interceptar los autobuses de los estudiantes y pedir apoyo a la policía de Cocula. “Es orden de A-5”, se instruye a los policías. “A-5”, la clave para identificar al presidente municipal. Es orden de José Luis Abarca. Y presuntamente de su señora, coautora intelectual, según afirma la PGR. Orden de ellos al jefe policial. Y de éste, a la tropa.

Los policías bloquean la carretera y tratan de evitar el desplazamiento de los autobuses de los estudiantes. Primera balacera. Un policía municipal dispara y su proyectil mata a uno de los estudiantes, Daniel Solís Gallardo, oriundo de Zihuatanejo. Los jóvenes “y otros sujetos”, según la indagatorias de la PGR, intentan darse a la fuga en uno de los autobuses retrasados. De hecho, escapan momentáneamente por el periférico de la ciudad. Incluso se detienen y platican con periodistas locales. La policía de Iguala empieza el rastreo de la unidad.

En la confusión, policías detienen y disparan al autobús que transportaba al equipo de jóvenes futbolistas Los Avispones de Chilpancingo. El chofer, Víctor Lugo Ortiz, uno de los menores de edad, que jugaba de medio en el equipo, David García, y una mujer que viajaba en un taxi que por ahí pasaba, Blanca Montiel Sánchez, morirán por las balas.

Más tarde, el autobús en fuga es interceptado sobre el periférico y la calle Juan N. Álvarez. Es cocido a tiros. Los jóvenes descienden de la unidad. Una docena corre a ocultarse en casas de las calles aledañas donde vecinos les abren las puertas.

Un estudiante, Yosivani Guerrero, del pueblo de Omeapa, municipio de Tixtla, no alcanza a huir: cae baleado en una esquina. Morirá. Dos estudiantes quedan heridos en el lugar. Graves. Al primero, Aldo Gutiérrez, una bala calibre .223 le atraviesa la cabeza de lado al lado. Ha quedado como muerto, en coma.

Hoy, todavía hospitalizado, 86 por ciento de su cerebro no funciona. El otro, Édgar Andrés Vargas, que recibió un balazo en la cara, en la boca, quedó desfigurado. Espera una operación reconstructiva en México.

Los policías logran capturar a 44 estudiantes. El grupo de detenidos es ingresado a la Central de Policía de Iguala. Ya más noche, son sustraídos por policías de Cocula. Policías que, al igual que los de Iguala, sirven al cártel de Guerreros Unidos.

Para tratar de encubrir sus hechos, los policías de Cocula cambian el balizado de sus unidades y alteran las bitácoras. Semanas después la PGR los descubre: las bitácoras originales fueron encontradas en un chaleco en las instalaciones de la policía municipal.

Los capturados, el “grupo de personas, entre los que se presume que estaban los estudiantes”, se asienta en la investigación de la PGR, son subidos a una camioneta de redilas blanca. Alguien entre los policías delincuentes afirma que los estudiantes trabajan para el cártel de Los Rojos que opera en Chilpancingo, banda rival de la de Iguala. Por órdenes de Sidronio Casarrubias, líder de Guerreros Unidos (que hoy se encuentra ya recluido en el Cefereso número 1 del Altiplano), trasmitidas por mensaje de texto al teléfono móvil de uno de sus sicarios, conocido como El Gil, los retenidos, entre éstos 43 de los estudiantes, son conducidos por un camino de terracería hacia la zona de Pueblo Viejo, hacia las faldas de cerros circundantes de Iguala, muy cerca de la pequeña población campesina de Las Parotas. Justo al área en la cual han sido descubiertas fosas clandestinas con cadáveres…

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La mañana del sábado 27 de septiembre, a 200 metros del periférico, en un camino de terracería ubicado entre un hotel y una cancha de futbol, aparece tirado el cadáver de uno de los normalistas, Julio César Mondragón. El cuerpo yace prácticamente intacto, pero el rostro está despedazado, desollado: literalmente le arrancaron la cara. La cuenca de los ojos está vacía. Hay sangre regada alrededor de su cabeza.

Aquí se encontro el cuerpo de Julio César con la cara destrozada. (Jorge Carballo)
Aquí se encontro el cuerpo de Julio César con la cara destrozada. (Jorge Carballo)

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La infausta noche de Iguala para 48 estudiantes de Ayotzinapa: dos heridos graves, tres muertos y 43 desaparecidos, acerca de los cuales, un mes después, no se sabe nada de su paradero…

 

Rocha
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