Ditadura de Alckmin na USP contra estudantes indignados

A militarização dos campus universitários começou na ditadura de 64, com as listas de expulsão de esquerdistas. Era uma ocupação via espiões. Agentes infiltrados.

O governador de São Paulo Geraldo Alckmin partiu para a ocupação direta. Com espancamentos, prisões e expulsões de estudantes e funcionários.

 

BASES MILITARES
Já foram vistas, rondando os portões 1 e 3 da Cidade Universitária, as bases móveis que a reitoria e a Polícia Militar pretendem instalar no campus.

O reitor-interventor e o comando da Polícia Militar de São Paulo estão esperando as férias letivas para tentar instalar definitivamente as bases móveis da PM no campus. Com medo dos estudantes, fizeram com que as bases circulassem apenas por um período limitado de tempo (de uma a duas horas por dia), alternadamente, para evitar protestos.

Em uma curta nota publicada no último dia 24, o jornal O Estado de S. Paulo, um dos defensores da política da reitoria e do governo do PSDB, assinalou que “a estratégia foi adotada para que a PM possa sentir a reação da comunidade acadêmica. E também para evitar que manifestantes contrários à presença de policiais no campus vejam a instalação das bases como uma provocação ao movimento”.

 

PASSEATA

Ao som de tambores e com faixas com as frases “fora Rodas” (reitor João Grandino Rodas) e “fora PM”, estudantes da Universidade de São Paulo (USP) iniciaram, nesta quinta-feira, mais uma passeata de protesto contra a ocupação.

O ato também tinha como finalidade responder ao governador Geraldo Alckmin, que disse que os estudantes precisavam de uma aula de democracia quando eles ocuparam o prédio da reitoria e houve depredação do patrimônio. Um manifestante foi à caminhada com uma máscara de Geraldo Alckmin (PSDB) e de terno. Ele estava com uma edição da revista Veja na mão com a foto do governador de São Paulo. Um dos alunos gritou ao microfone: “vamos mostrar ao governador quem merece uma aula de democracia”.

A USP está em greve desde o último dia 8. Os estudantes reivindicam a revogação do convênio entre a instituição e a Polícia Militar, a renúncia do reitor João Grandino Rodas e o cancelamento dos processos contra os 73 alunos presos durante a reintegração de posse da reitoria.

INDIGNADOS

As autoridades temem que os movimentos estudantis tenham a mesma inspiração das marchas dos indignados em vários países: Contra a corrupão dos políticos e dos banqueiros.

O medo de Alckmin – de um PSDB que ajudou o banqueiro José Ermírio de Morais, e fez falir a Nossa Caixa – atinge todo o sistema do neoliberalismo ora em crise: o da denúncia dos responsáveis pela crise

¿Vamos al infierno?
La violencia entra en la universidad
Antes de ser abatido por la bala asesina, el Reverendo Martin Luther King Jr. había estado preparando su sermón para la iglesia baptista de Atlanta Ebeneezer. El sermón se titulaba “Por qué América puede descender al infierno”. El tema del sermón era sencillo, que el fracaso en afrontar la aguda crisis social del país estaba conduciendo a una violencia peligrosa. Una protesta en el centro de Memphis, Tennessee, en apoyo de los trabajadores de la sanidad en huelga acabó en caos. King escapó de lo que él pensaba que iba a ser una manifestación no violenta y señaló, “Vivimos en una nación enferma. Quizás debamos simplemente admitir que la violencia ya está aquí y quizás debamos simplemente abandonar y dejar que la violencia siga su curso.”Esta declaración es inusual en el repertorio de King, que es principalmente positivo y esperanzado. En 1968 la contra-revolución, cuidadosamente planeada contra los movimientos de liberación no tardaría en hacer su aparición. Los momentos más dramáticos fueron los asesinatos de los portaestandartes de los movimientos liberales (King en Abril, Robert F. Kennedy en Junio). Un poco menos dramáticos fueron los disparos a los estudiantes que luchaban contra los restos de la segregación y que se negaban a disparar contra los vietnamitas. Actualmente ya casi no se recuerda el asesinato de unos estudiantes, el 8 de febrero de 1968, cuando los agentes de seguridad de la autopista de Carolina del Sur dispararon y mataron a Delano Middleton, Henry Smith y Samuel Hammond porque trataban de protestar por una bolera segregada en Orangeburg. La violencia ya no venía de abajo. Era más probable que viniera de arriba, que fuera la violencia de la contra-revolución.

El aviso profético de King quedó en suspensión. En los años 90 las prioridades nacionales eran tales que los fondos públicos disponibles se dedicaban más bien a la constitución de fuerzas de policía y prisiones que a las instituciones educativas. La lógica neo-liberal dicta que el gasto público para la represión es aceptable, pero el gasto público para el bien social es traición. El presupuesto de California dedica el once por ciento a prisiones, pero solamente el siete y medio por ciento a la educación superior. En el presupuesto actual el estado gasta 10.000 millones de dólares en prisiones, el doble de lo que gasta en la Universidad de California y el sistema universitario del Estado de California. A mediados de los años 90, las prioridades estatales eran exactamente las contrarias. También se dedicó cada vez más dinero a las fuerzas de represión dentro del propio sistema universitario: sus policías están bien equipados y bien entrenados y son una fuerza creciente.

A medida que el movimiento Ocupa llega a los campus, se ve la verdadera naturaleza de esta fuerza de policía. Recomiendo el video de la acción de la policía de la UC Berkeley del 10 de noviembre. El agente de seguridad del campus ya no llamó para abrir las puertas de las habitaciones; son policías anti-disturbios, completamente preparados para romper unas cuantas cabezas. O, como en el caso de la profesora Celeste Langan, para agarrarte por los cabellos cuando te ofreces sin violencia para ser arrestado y te arrastra por la hierba. También recomiendo el vídeo del 18 de noviembre de un agente de la UC Davis yendo delante de una línea de manifestantes no violentos (todos sentados en el suelo) levantando victoriosamente un bote de spray de pimienta y lanzando el nocivo gas naranja a las caras de los estudiantes sin dudarlo un momento. Si esto hubiera ocurrido en la Universidad de Teherán o en la Universidad de Beijing, el Departamento de Estado habría emitido una nota de protesta moralista sobre la violación de los derechos humanos y el derecho a disentir.

El profesor adjunto Nathan Brown del Departamento de Inglés de Davis escribió una lúcida y valiente carta al rector pidiendo la dimisión. No solamente señalaba la conducta de los policías del campus en Berkeley y en Davis, sino también la responsabilidad de la dirección de la universidad que envió a la policía a actuar de esta manera contra manifestantes que, para empezar, no eran violentos. “El hecho es”, escribía Brown, “que la Administración de las universidades estadounidenses utiliza sistemáticamente la brutalidad policial para aterrorizar a los estudiantes y a la facultad, para aplastar la disidencia política en nuestras universidades y para eliminar la libre expresión y el derecho de reunión. Mucha gente lo sabe. Mucha más lo está aprendiendo rápidamente”.

La Rectora de la UC Davis está “triste” por los acontecimientos y se está llevando a cabo una investigación. Esta no revelará nada. Se suspenderá a uno o dos agentes de policía. El deslizamiento de la universidad en la ciénaga de la deuda del estudiante y el estado policial continuará incólume.

Las prioridades del campus están claras. Un profesor adjunto gana un salario anual de algo más de 60.000 $; un teniente en el departamento de seguridad del campus (el hombre que arrojó el gas pimienta, por ejemplo) se lleva a casa 110.000 $. No hay que envidiar el salario de ningún trabajador público (ninguno de ellos está en la franja del 1%). Lo que maravilla es la desproporción, y el sistema que garantiza este abismo.

Vivimos en una nación enferma. (Transcrevi trechos)