Água de beber de São Paulo para Tio Sam

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Rio subterrâneo no Aquífero Guarani
Rio subterrâneo no Aquífero Guarani

 

São Paulo Capital e principais cidades estão sem água de beber na torneira. Isso acontece depois da privatização da água por Geraldo Alckmin, governador reeleito do PSDB, no mando de São Paulo desde Montoro (no regime militar) e Covas.

Falta água em São Paulo, estado beneficiado pelo segundo maior aquífero do Mundo, o Guarani, cobiçado pelos Estados Unidos, e que vem sendo explorado por empresas internacionais de engarrafamento de água.

Um Estado rico em recursos hídricos, estranhamente depende de um único reservatório, do volume morto da Cantareira.

O governador Alckmin deve muitas explicações, quando a água não foi tema de discussão na recente campanha presidencial. Exibiram, sim, a propaganda mentirosa do PSDB de que não haveria racionamento.

Realmente, não deveria. Que São Paulo possui rios correntes, vários fontes, e o Guarani (vide links), que a imprensa costuma inviabilizar com manchetes desse tipo: “Uso de Aquífero gera insegurança em cidades“, acrescentando: “É dito que esta vasta reserva subterrânea pode fornecer água potável ao mundo por duzentos anos. Devido a uma possível falta de água potável no planeta, que começaria em vinte anos, este recurso natural está rapidamente sendo politizado, tornando-se o controle do aquífero Guarani cada vez mais controverso”.

 

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Agua, ¿preludio de guerra en América?

por Hedelberto López Blanch

Aunque la noticia ha pasado prácticamente inadvertida para los medios de comunicación, no deja de ser importante y alarmante por sus posibles consecuencias para todos los países del continente americano.
Un estudio de la NASA ha llegado a la conclusión de que el volumen total de agua en las cuencas de los ríos Sacramento y San Joaquín, en el Estado de California, Estados Unidos, ha disminuido desde 2014 en 34 millones de acre-pie (42 000 millones de metros cúbicos), lo cual significa un efecto demoledor para la economía de ese extenso Estado de la Unión.

La información apareció en un artículo en The Ángeles Times, firmado por el científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de esa institución, Jay Famiglietti, en el cual se afirma que California viene perdiendo agua almacenada desde 2002, y que dos tercios de estas mermas se derivan del uso de aguas subterráneas por los agricultores que han tratado de combatir los efectos de las sequías .

Con gran énfasis, el científico asegura que “los almacenamientos actuales de agua en California podrían acabarse dentro de un año” y que las autoridades deben activar medidas restrictivas sobre el uso del líquido almacenado en todos los sectores y permitir la formación de agencias regionales de sostenibilidad.

En los cálculos del equipo encabezado por Famiglietti se tuvo en consideración los volúmenes que comprenden la nieve fundida, las reservas y el agua subterránea.

La noticia trae a colación el interés manifiesto que a lo largo de estos últimos años ha demostrado Estados Unidos en tener una mayor presencia en la zona cercana al Acuífero Guaraní que se extiende desde el norte de Brasil hasta la pampa argentina. Se calcula que tiene 37 000 millones de metros cúbicos, y cada kilómetro cúbico es igual a 1 billón de litros.

Con 1 190 000 kilómetros cuadrados de extensión, superficie mayor que las de España, Francia y Portugal juntas comprende 850 000 kilómetros cuadrados del Brasil (equivalente al 9,9 % de su territorio), 225 000 de la Argentina (7,8 %), 70.000 kilómetros cuadrados de Paraguay (17,2 %) y 45.000 kilómetros cuadrados de Uruguay, 25,5 % de la superficie de la nación oriental.

Sus fuentes podrían abastecer indefinidamente a 360 millones de personas, mientras la población actual en el área del acuífero, se estima en 17 millones.

Los jefes del Comando del Ejército Sur de Estados Unidos han mantenido una cíclica presencia en esa región y el Banco Mundial comenzó, a partir de 2007, a financiar proyectos en el Guaraní.

Desde hace más de un siglo, los países poderosos han lanzado guerras o controlado a gobiernos dóciles para apoderarse del control de los yacimientos de hidrocarburos existentes en diferentes naciones.

En América Latina casi todos los depósitos estuvieron bajo intervención de Estados Unidos y en otras regiones, han sido lanzadas violentas guerras de rapiñas para apoderarse del petróleo y gas como en Libia, Irak, Siria o Sudán, por citar algunas.

Ahora los expertos auguran que más temprano que tarde, las nuevas guerras tendrán como trasfondo, tratar de apoderarse de las grandes fuentes de agua, debido a la escasez y la contaminación en algunos países de ese líquido fundamental para la vida en el planeta.

Observemos estos datos: El 70 % de la tierra esta cubierta por agua salada y solo el 2,5 % potable. De éstas, el 70% se utiliza en la agricultura, el 20 % en la industria y el 10 % al consumo humano. La contaminación de las aguas provocan la muerte de más de 5 000 000 de personas, principalmente de menores de edad.

Unos 1 200 millones de habitantes no tienen acceso al agua y 2 200 millones viven sin condiciones sanitarias. Para 2050 la Organización de Naciones Unidas estima una población mundial de 9 000 millones con una demanda superior al 60 % de la actual, mientras que el 85 % de las fuentes hídricas se encuentran donde habita el 12 %.

Resulta muy sintomático que un informe de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) ha afirmado que para el 2015 el agua será una de las mayores causas de conflicto internacional. En 1997, cuando en América Latina primaban gobiernos dóciles a Estados Unidos, varios países abrieron sus puertas al Banco Mundial, al pasar las universidades de Santa Fe y Buenos Aires, la de Uruguay y varias de Brasil, los derechos de investigación del acuífero Guaraní a esa institución financiera.

Para noviembre de 2001 el BM, por medio de una de sus instituciones especializadas, el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF por sus siglas en inglés) comenzó a financiar la investigación y los trabajos para lograr el “desarrollo sustentable” de ese reservorio.

Dos años después, en noviembre de 2003, se reunieron en Montevideo los integrantes del MERCOSUR con el BM y se firmó el Proyecto de Protección Ambiental y Desarrollo Sustentable del Sistema Acuífero Guaraní. El GEF garantizó para el financiamiento, 13,4 millones de dólares aportados por bancos de Estados Unidos, Holanda y Alemania. La Organización de Estados Americanos y la Unidad para el Desarrollo Sostenible (OEA-USDE) con sede en Washington actuarían como la filial regional de ejecución y el Banco Mundial como la agencia de implementación.

Durante el IV Foro Mundial del Agua celebrado en Ciudad de México en marzo de 2006, el entonces presidente del BM, Paul Wolfowitz emitió un documento denominado “Espejismo en el Agua”, donde expresaba que el Banco Mundial solo facilitaría préstamos para la asistencia del agua con la condición de que dicho servicio se privatizara.

Pero como ha expresado el presidente ecuatoriano Rafael Correa, ya comenzaba para la región un “cambio de era” y el texto fue descalificado por los asistentes. En ese documento se indicaba que el país que se negara a acatar las decisiones vería recortados los créditos para otras inversiones en el sector público.

Con la reciente información de la NASA referente a la escasez de agua en el extenso Estado norteamericano de California, las naciones del sur del continente tendrán que estar alertas para evitar las nuevas amenazas que se ciernen sobre el Acuífero Guaraní.

 

Genildo
Genildo

São Paulo X Rio de Janeiro. A GUERRA DA ÁGUA

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A guerra dos desgovernos. Da corrupção. O povo sempre perde. Ganham as multinacionais engarrafadoras de água.

Veja só um exemplo: Aquífero Guarani foi o nome que, em 1996, o geólogo uruguaio Danilo Anton propôs para denominar um imenso aquífero que abrange partes dos territórios do Uruguai, Argentina, Paraguai e principalmente Brasil, ocupando 1 200 000 km². Na ocasião, ele chegou a ser considerado o maior do mundo, capaz de abastecer a população brasileira durante 2500 anos. A maior reserva atualmente conhecida é o Aquífero Alter do Chão, que fica na Amazônia.

A maior parte (70% ou 840 mil km²) da área ocupada pelo aquífero — cerca de 1 200 000 km² –  está no subsolo do centro-sudoeste do Brasil. O restante se distribui entre o nordeste da Argentina (255 mil km²), noroeste do Uruguai (58500 km²) e sudeste do Paraguai (58500 km²), nas bacias do rio Paraná e do Chaco-Paraná. A população atual do domínio de ocorrência do aquífero é estimada em quinze milhões de habitantes.

  • Mato Grosso do Sul (213 700 km²)
  • Rio Grande do Sul (157 600 km²)
  • São Paulo (155 800 km²)
  • Paraná (131 300 km²)
  • Goiás (55 000 km²)
  • Minas Gerais (51 300 km²)
  • Santa Catarina (49 200 km²)
  • Mato Grosso (26 400 km²)

Nomeado em homenagem ao povo Guarani, possui um volume de aproximadamente 55 mil km³ e profundidade máxima por volta de 1 800 metros, com uma capacidade de recarregamento de aproximadamente 166 km³ ao ano por precipitação. É dito que esta vasta reserva subterrânea pode fornecer água potável ao mundo por duzentos anos. Devido a uma possível falta de água potável no planeta, que começaria em vinte anos, este recurso natural está rapidamente sendo politizado, tornando-se o controle do Aquífero Guarani cada vez mais controverso.

Corria o boato, durante o governo Fernando Henrique, que o Brasil teria entregue o Aquífero Guarani aos Estados Unidos como caução da dívida externa.

São Paulo é um estado rico em água. Já tive oportunidade de mostrar sua hidrologia e hidrogeologia. (Clique nas fotos para ampliar).

Quantos aquíferos possui São Paulo?

Aquíferos São Paulo. Quantas outorgas existem para a pirataria estrangeira? Para onde vai a água exportada por São Paulo?
Aquíferos de São Paulo. Quantas outorgas existem para a pirataria estrangeira? Para onde vai a água exportada por São Paulo?

A

Rio Tietê, um dos principais rios paulistas. Na imagem, o rio está na altura de Cabreúva, mas percebe-se que ainda há poluição da metrópole.

B

C

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G

I

J

Cachoeira do Pimenta, a maior do Rio Jacuí

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Rio Monjolinho, vista dentro da cidade de São Carlos-SP.

N

Rio Novo- Lat. S 22º56’39” e Log. O 49º03’12”

P

Rio Paranapanema no município deParanapanema

Rio Pardo cruzando o centro da cidade deÁguas de Santa Bárbara

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Rio Tietê em Barra Bonita / Igaraçu do Tietê

V

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Beleza roubada da Bahia: Cachoeira da Água Branca

Uma cachoeira e ilhas e lagoas e matas privatizadas. Ninguém sabe quem é o dono da Cachoeira da Água Branca neste imenso Brasil do estado mínimo.

O país do segredo. Gastei a manhã inteira para localizar onde ficava a Cachoeira de Água Branca. Tente descobrir em que município da Bahia.

No Brasil são desconhecidas as ilhas fluviais, marítimas e oceânicas. As cachoeiras, os lagos, os aquíferos e fontes d’água. Não estou referindo a Região Amazônica, que existe uma legal e outra ilegal. Mas ao Brasil mapeado desde antes da conquista portuguesa.

Não falo do potencial turístico, que no Brasil o turismo está nos bilhões da Copa do Mundo, no Carnval, e algumas festas de santo padroeiro. Mas da riqueza da água que é mais cara do que o ouro, cuja posse motivará as guerras do futuro.

Foto Jefferson Nagata
Foto Jefferson Nagata
Situada dentro de uma área de Reserva Particular do Patrimônio Natural – RPPN, dentro da Fazenda Água Branca, a cachoeira, de mesmo nome, cai numa deslumbrante cortina de espuma branca de 30 metros de altura.
Para chegar até lá, o visitante passa por uma trilha ecológica, a maior parte dela sombreada e úmida, em meio à mata densa, moradia de animais silvestres, incluindo fazendas de criação de búfalos, e uma fauna diversificada.
No mesmo local, há uma ilha fluvial (de desconhecido nome), onde foi construído um quiosque que permite apreciar a bela vista ao redor.
Além disso, uma vista deslumbrante do alto do mirante, com panorâmica de toda a cidade [que cidade?] e do encontro do Canal de Taperoá com o mar.
A queda d’água é formada pelo Rio Gereba [Também encantado rio].
mirante cachoeira

(continua)

“Um número crescente de nações vem procurando adquirir armas de destruição em massa. É uma questão de lógica: ninguém vai mexer com quem tem a bomba em seu arsenal”

Um apelo vindo da Rússia: o que Putin tem a dizer aos EUA sobre a Síria

 

Kike Estrada
Kike Estrada


 
Por Vladimir V. Putin

Fatos recentes envolvendo a Síria me levam a falar diretamente com o povo dos Estados Unidos e com seus líderes políticos. É importante fazer isso numa época de comunicação insuficiente entre nossas sociedades.

As relações entre nós têm passado por diferentes estágios. Estivemos uns contra os outros durante a guerra fria. Mas já fomos aliados, e juntos vencemos os nazistas. Naquela época foi criada uma organização internacional universal – as Nações Unidas – para impedir que outra devastação como aquela voltasse a ocorrer.

Os fundadores das Nações Unidas entenderam que as decisões concernentes à guerra e à paz devem ser tomadas apenas por consenso, e foi com o consentimento dos Estados Unidos que o veto dos membros permanentes do Conselho de Segurança foi incluído na Carta das Nações Unidas. A profunda sabedoria dessa decisão deu sustentação à estabilidade das relações internacionais durante décadas.

Ninguém deseja que a ONU tenha o mesmo destino da Liga das Nações, que desmoronou porque lhe faltou poder real. Isso é possível se países influentes, desviando-se das [regras das] Nações Unidas, realizarem ações militares sem autorização do Conselho de Segurança.
O ataque potencial dos Estados Unidos contra a Síria, a despeito da oposição de muitos países e dos maiores líderes políticos e religiosos, incluindo o papa, resultará em mais vítimas inocentes e numa escalada que espalhará potencialmente o conflito muito além das fronteiras da Síria. Um ataque intensificará a violência e desencadeará uma nova onda de terrorismo. Isso pode minar os esforços multilaterais para resolver a questão nuclear iraniana e o conflito israelo-palestino, além de desestabilizar o Oriente Médio e o Norte da África. Pode desequilibrar todo o sistema da lei e da ordem internacional.
A Síria não está testemunhando uma batalha por democracia, mas um conflito armado entre o governo e a oposição dentro de uma nação multirreligiosa. Há poucos campeões da democracia na Síria. Mas há combatentes da Al-Qaeda e extremistas de todas as cores mais do que suficientes lutando contra o governo. O Departamento de Estado dos Estados Unidos designou a Frente Al-Nusra, o Estado Islâmico do Iraque e o Levante, que lutam ao lado da oposição [da Síria], como organizações terroristas. Esse conflito interno, sustentado por armas estrangeiras fornecidas à oposição, é um dos mais sangrentos do mundo.
Os mercenários dos países árabes, as centenas de militantes de países ocidentais e até mesmo da Rússia que lá combatem são objeto de preocupação profunda. Eles não devem retornar a nossos países com a experiência adquirida na Síria? Afinal, depois de lutar na Líbia, os extremistas foram para o Mali. Isso nos ameaça a todos.
Desde o princípio a Rússia tem advogado um diálogo pacífico que permita aos sírios desenvolver um plano de compromisso com seu próprio futuro. Não estamos protegendo o governo sírio, mas o direito internacional. Precisamos utilizar o Conselho de Segurança da ONU e acreditar que a preservação da lei e da ordem no mundo complexo e turbulento de hoje é um dos poucos meios de impedir que as relações internacionais escorreguem para o caos. A lei ainda é a lei, e devemos segui-la, quer gostemos, quer não. De acordo com o direito internacional, a força somente é permitida em caso de defesa própria ou por decisão do Conselho de Segurança. Tudo o mais é inaceitável, segundo a Carta das Nações Unidas, e constitui ato de agressão.
Ninguém duvida de que o gás venenoso foi usado na Síria. Mas existem todas as razões para acreditar que não foram utilizados pelo Exército sírio e sim pelas forças de oposição, para provocar uma intervenção de seus poderosos patrões estrangeiros, que se mantêm ao lado dos fundamentalistas. Relatos de que os militantes preparam outro ataque – dessa vez contra Israel – não podem ser ignorados.
É alarmante que intervenções militares em conflitos internos de países estrangeiros tenham se tornado um lugar-comum nos Estados Unidos. Elas interessam, a longo prazo, aos Estados Unidos? Duvido. Milhões de pessoas no mundo inteiro cada vez mais veem os Estados Unidos não como modelo de democracia, mas como um país que confia apenas na força bruta, pavimentando coalizões sob o slogan “ou vocês estão conosco ou estão contra nós”.
Mas a força tem se provado ineficaz e inútil. O Afeganistão está descarrilhando, e ninguém é capaz de dizer o que acontecerá depois que as forças internacionais se retirarem do país. A Líbia está dividida em tribos e clãs. A guerra civil continua no Iraque, com montes de mortos a cada dia. Nos Estados Unidos, muitos fazem a analogia entre Iraque e Síria, e perguntam por que seu governo quer repetir erros recentes.
Não importa quão dirigidos sejam os ataques ou quão sofisticadas sejam as armas — as baixas de civis são inevitáveis, incluindo idosos e crianças, aos quais os ataques supostamente deveriam proteger.
O mundo reage perguntando: se você não pode contar com o direito internacional, então deve encontrar outros meios de garantir sua segurança. Por isso um número crescente de nações vem procurando adquirir armas de destruição em massa. É uma questão de lógica: ninguém vai mexer com quem tem a bomba em seu arsenal. Somos iludidos com a conversa da necessidade de fortalecer a não proliferação quando, na verdade, a não proliferação vem sendo corroída.
Precisamos parar de usar a linguagem da força e voltar à via dos acordos civilizados, diplomáticos e políticos.
Uma nova oportunidade de evitar a ação surgiu há poucos dias. Os Estados Unidos, a Rússia e todos os membros da comunidade internacional devem aproveitar a boa vontade do governo da Síria de colocar seu arsenal químico sob controle internacional, para subsequente destruição. A julgar pelas declarações do presidente Obama, os Estados Unidos veem essa possibilidade como uma alternativa à ação militar.
Saúdo o interesse do presidente no sentido de dialogar com a Rússia e a Síria. Devemos trabalhar juntos para manter essa esperança acesa, como concordamos na reunião do G8 em Lough Erne, na Irlanda do Norte, em junho, e levar a discussão de volta à mesa de negociações.
Evitar o uso da força contra a Síria vai melhorar a atmosfera para os negócios internacionais e reforçar a confiança mútua. Será nosso sucesso compartilhado e abrirá as portas para a cooperação e outros assuntos decisivos.
Meu trabalho e meu relacionamento pessoal com o presidente Obama são marcados por uma confiança crescente. Analisei atentamente seu pronunciamento à nação na terça-feira. E gostaria de discordar do que ele disse sobre o excepcionalismo dos Estados Unidos, ao declarar que a política do país é “o que torna os EUA diferentes. É o que nos torna excepcionais”. É extremamente perigoso encorajar as pessoas a considerar a si mesmas excepcionais, seja qual for a intenção. Existem países grandes e pequenos, ricos e pobres, com tradições democráticas antigas e aqueles que ainda procuram seu caminho rumo à democracia. Suas políticas também diferem. Somos todos diferentes, mas, quando pedimos as bênçãos de Deus, devemos nos lembrar de que Ele criou a todos nós como iguais. (Tradução sem valor oficial de Baby Siqueira Abrão)

11 de setembro de 2013

 

 Jean-François Rochez
Jean-François Rochez

Nota do redator do blogue: Sou jornalista por vocação e bacharel em História. O que escrevo, sei, não tem nenhum peso. A fala de Putin indica que penso o certo. Essa história de Brasil de tradição pacifista engana os tolos. Precisamos, sim, de energia nuclear. E do conhecimento para desenvolver uma bomba que, conforme previsão do papa João XXIII, é uma arma inútil para a guerra. Mas que protege e espanta qualquer ameaça de invasão. O exemplo da Coréia do Norte é bem recente.  Veja nos links os países que jamais serão invadidos.

 

El oro azul del siglo XXI

por  Montse Aparicio/ Barcelona

Tercera Información

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El oro azul del siglo XXI está generando problemas a escala mundial como nunca antes lo habíamos visto. Quizás porque ahora se sabe todo o, seguramente, porque ahora nos afecta a nosotros. No se trata de un problema de cantidad de agua, sino de calidad. En las grandes ciudades se debe garantizar la salubridad del abastecimiento.

Esta semana salía en los periódicos la noticia de que la primera iniciativa ciudadana Europea a favor de la gestión pública del agua, tenía ya más de 1.500.000 de firmas.

Esta presión social ha ocasionado consecuencias positivas: el comisario europeo de mercado, Michel Barnier, anunció que el agua quedaba al margen de la propuesta de regulaciones público-privadas sobre concesiones para los servicios de interés público como los ferrocarriles o correos.

A todo esto, se le debe añadir tal y como dice Edmundo Fayanas, la posición que están teniendo países centroeuropeos. Ciudades como París o Berlín están re-municipalizando su servicio de agua; “París lo re-municipalizó en el año 2010. En el año 2011, la empresa municipal “Eau de París” consiguió un beneficio de 35 millones de euros, lo que le permitió un recorte de tarifas del 8% y además siguió invirtiendo en el mantenimiento de su red de agua“.

El claro sistema neoliberal

A estas alturas de la película no sorprende que el afán de lucro de algunos vaya por delante de la vida de los demás. Pero no viene de nuevo: En la Declaración de Dublín de 1992, sobre el agua y el desarrollo sostenible, se marca en el principio 4 que <el agua tiene un valor económico en todos sus diversos usos en competencia a los que se destina y debería reconocerse como un bien económico>.

Este bien económico llamado agua choca de frente con reconocer el agua como derecho humano: esto es el gran ejemplo de paradoja. La gran contradicción de los de arriba. La hipocresía de las palabras. Un derecho humano no puede ser, de ningún modo, un bien económico. Se trata de un elemento necesario para la vida, no solo humana. No somos los dueños de este planeta ni los únicos que vivimos en él.

La hidromafia

El máximo exponente del pensamiento económico liberal, Stuart Mill, argumentaba que la gestión del agua es un monopolio natural que debe estar en manos de administraciones públicas. Pero la realidad es que hay dos gigantes multinacionales que están controlando la mayor parte de los sistemas hidráulicos del mundo: Vivendi y Suez.

El agua necesita una gestión puesto que el ciclo que un atento profesor nos enseñó, cuando cursábamos primaria, necesita de nuestra ayuda para poder garantizar, como se ha comentado antes, la salubridad de esta. Como dice Mill, debería ser pública y que sea el Estado quien se encargue de regularlo. Pero el creciente déficit que muchos países estamos teniendo ahora ha conllevado que una de las formas de obtener “dinero fácil” sea privatizando servicios públicos y el del agua es uno más que está quedando silenciado.

Este recurso tiene usos tanto públicos (higiene o alimentación) como privados (industria). Que sea público no significa que sea privado puesto que se necesita un mantenimiento de las instalaciones y del tratamiento. Cuando este sostenimiento recae en manos privadas se esta hablando de monopolios, que es lo que son Suez o Vivendi (…) quien además controla el 40% del mercado (sistema público de aguas) mundial, en más de 200 países.

Tanto Suez como Vivendi han incrementado ingresos a medida que iban privatizando, lo cual deja claro que se mueves por el ánimo de lucro no por el servicio público. El director de Suez, Sr. During, dijo claramente que “están aquí para hacer dinero”.

En el interesante artículo de Fayanas, Agua uso público o privado, se pueden encontrar más ejemplos de estas hidromáfias: Vivendi encareció el Agua en la provincia de Tucumán, en Argentina, y cortó el agua al 80% de la población de la ciudad de Alexandra Township en Sudáfrica, por qué sus habitantes no podían pagarla.

Conflicto a escala mundial

La lucha por oro azul hace tiempo que empezó pero que parecía que aún estaba muy lejos en los países que nosotros llamábamos del Sur. Pero ahora resulta que el Sur también somos nosotros. No se trata de un choque entre países, sino entre clases sociales y económicas.

Ya se sabe, la ONU dijo que el agua es un derecho humano esencial fundamental. Seguramente se olvidó de continuar la frase; El agua es un derecho humano esencial fundamental solamente para aquellas personas que puedan pagarla.

Enlaces de Interés

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Calming the West’s water wars

By Scott Moore/ Los Angeles Times
Citing drought and demand, advocacy group American Rivers is calling the Colorado River the nation's most endangered waterway. (Julie Jacobson / Associated Press / April 16, 2013)
Citing drought and demand, advocacy group American Rivers is calling the Colorado River the nation’s most endangered waterway. (Julie Jacobson / Associated Press / April 16, 2013)

May 3, 2013

Last week, Texas and Oklahoma squared off in a Supreme Court battle over water rights that has the drought-ridden West on edge. At issue is a state’s control over its own water: Texas seeks to buy or otherwise tap water from Oklahoma under the terms of an interstate water compact, actions that Oklahoma has so far refused to permit despite the compact.

The stakes of the court’s decision are high. Interstate water agreements provide the legal foundation for the economies of most Western states, which are disproportionately dependent on irrigated agriculture. But the Texas-Oklahoma squabble is merely the latest in a string of interstate water disputes nearly as old as the settlement of the American West. Now as in the past, demand for water in the arid West far outstrips supply, and the outdated compact system for determining who gets how much water risks leaving the region high and dry.

America’s founders did not anticipate living in the desert. The Constitution’s primary mechanism for dividing shared water resources among states — the interstate compact — has proved inadequate to deal with situations in which water is extremely scarce. For one thing, most compacts lack credible means of enforcement, and monitoring water use is both expensive and difficult for cash-strapped states. Moreover, many compacts assign each state a specific quantity of water rather than a percentage, meaning that in times of drought, each state can reasonably claim to have been denied its fair share of water. Far from settling matters, most interstate water compacts lead only to long-running legal and administrative battles.

In the case of Texas and Oklahoma, what’s at issue is whether an Oklahoma law barring the transfer or sale of water to another state is at odds with the Red River Compact, which divvies up water among Texas, Oklahoma and their neighbors. Texas has another battle looming with New Mexico, which it says is pumping more than its fair share of Rio Grande water.

But even this two-front water war pales in comparison with the long-running feud between California and its neighbors over the seven-state Colorado River Compact, which underpins Southern California’s economy. This compact was signed in 1922, and the first lawsuit was filed barely 10 years later. Despite repeated attempts to negotiate a final agreement, the interstate water wars over the Colorado continue.

Yet for all the states’ enthusiasm to sue their neighbors, the courts are not well equipped to reconcile the many conflicting technical and political issues — including long-term climactic cycles and ecological water needs — needed to resolve the West’s water wars. Even the legal issues sometimes make justices uneasy: States base their water laws on a variety of different, often mutually contradictory legal principles, so that upholding one state’s claims often risks invalidating another’s legal system, which courts are understandably reluctant to do. So the courts craft their opinions as carefully and narrowly as possible, settling particular points of law rather than the interstate water disputes themselves.

Nor are the other branches of government much help. Congress‘ state-based system of representation makes it very difficult for members to agree to legislation that would damage the interests of any one state. With the total number of congressional representatives set at 535 (435 in the House; 100 in the Senate), and with both houses rife with procedures designed to obstruct majority rule, a few disciplined state delegations have a good chance of blocking major legislation favored by the many. Moreover, because states are guaranteed a certain number of representatives no matter their population, rural agricultural constituencies are disproportionately represented. For farmers, issues involving water are especially contentious.

The executive branch, meanwhile, has no single department or agency responsible for water resource issues. Although many Western water issues are handled by the Department of the Interior, the ArmyCorps of Engineers, the Environmental Protection Agency and other entities also play a major role, quickly overlaying an alphabet-soup of federal bureaucracy onto already complex, confusing and contentious disputes.

Unfortunately, these dysfunctions are only going to get worse unless action is taken now. The best available predictions show that most parts of the American West are becoming drier, especially in the summer months, reducing the available supply of water even as demand continues to grow as a result of population and economic growth. This prospect is especially alarming because many of the West’s most important rivers, especially the Colorado, are apportioned among the states based on rainfall figures from a period that is now believed to be one of the wettest in the West’s recent history. If interstate water disputes are bad now, they will get much worse if the West gets drier as expected.

The president and Congress, despite the political and organizational barriers, can nonetheless take steps to help end America’s water wars. First, Congress should restore funding for the U.S. Water Resources Council and the regional River Basin Commissions. Before they were de-funded during the Reagan administration, these bodies served as focal points for water policy and as useful platforms for dialogue between states and the federal government. By fostering sustained, structured communication among Washington and the states themselves, they can help prevent disputes from arising in the first place.

Second, the president should appoint special mediators to resolve interstate water disputes, so that states have an alternative to resorting to the courts. Herbert Hoover played such a role before being elected president, and his efforts were crucial to fostering initial discussions among the seven states that share the Colorado River.

America’s West has always been a place of promise and possibility. But unless national leaders enhance their efforts to work with states to resolve the region’s bitter water wars, the West might soon be coming up dry in its efforts to build a sustainable future