INUNDACIONES, FALTA DE INVERSIONES Y ESPECULACION INMOBILIARIA SON LOS PRINCIPALES PROBLEMAS

Los grandes centros urbanos constituyen ámbitos significativos para el crecimiento económico y la gobernabilidad. A la vez, la pobreza urbana, la segregación socioespacial y desequilibrios de distinta naturaleza adquieren mayor intensidad en esos espacios

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Por Rodrigo Carmona

Las últimas inundaciones producidas en la Ciudad de Buenos Aires y La Plata han puesto en cuestión un modo de gestionar y gobernar ciudades en la Argentina. Las trágicas consecuencias del temporal, donde se combinan factores diversos –especulación inmobiliaria, falta de inversiones claves en infraestructura, mayor intensidad de precipitaciones, ausencia de planificación urbana y de un sistema eficaz de mantenimiento y contingencia–, dan cuenta de la necesidad de replantear las formas de intervención pública en la materia. Hacer frente a problemas de gran envergadura y complejidad, en este caso vinculado a desastres naturales aunque también extensivo a otras áreas sensibles (seguridad, situación socioeconómica, contaminación ambiental, residuos y transporte), aparece como uno de los retos fundamentales que tienen los centros urbanos y áreas metropolitanas en la actualidad.

Ello muestra una tendencia general expresada en importantes migraciones hacia los núcleos urbanos grandes y medianos. Este proceso se manifiesta con claridad en las áreas metropolitanas tradicionalmente receptoras y en ciudades medianas con crecimiento fuerte en los últimos años.

Las ciudades se convierten así en portadoras de distintos cambios y contradicciones, producto de los procesos de transformación en curso. Por un lado, estos territorios constituyen ámbitos significativos para el crecimiento económico y la gobernabilidad. Por otro, fenómenos tales como la pobreza urbana, la segregación socioespacial y desequilibrios de distinta naturaleza adquieren mayor intensidad en este tipo de espacios. Según destacan algunos autores, en el debate sobre políticas urbanas es posible identificar distintas tendencias de cambio e innovación. En primer lugar, frente a las políticas de carácter homogéneo y generalista en el tratamiento de los problemas urbanos se resalta la importancia puesta en reconocer las especificidades de los territorios de modo de adaptar las agendas y las formas de intervención a las particularidades de cada lugar. Al mismo tiempo, se enfatiza en la voluntad de propiciar procesos de transformación sobre la base de un enfoque estratégico que combine diagnóstico, prospectiva y actuaciones desde una lógica de tipo transversal e intersectorial. Se pone el acento también en el despliegue de redes e interacciones entre los múltiples actores –gubernamentales y sociales– involucrados en el territorio. Estos aspectos resaltan así una nueva concepción de política urbana centrada en fortalecer los elementos de proximidad y de participación de los actores implicados.

La situación existente en gran parte de las ciudades muestra en general gobiernos con escasas acciones innovadoras. Para ello confluyen debilidades administrativas e institucionales de larga data, problemas de coordinación intergubernamental, liderazgos políticos poco trasformadores e inconvenientes en el plano de la articulación con los actores sociales y la canalización de sus demandas. El análisis de estos factores, igualmente, varía según la historia y particularidades de cada urbe.

Una impronta política restrictiva en términos de regulación y control (con fuerte primacía del negocio inmobiliario), un nivel de asistencia deficiente a los damnificados y limitaciones claras en la contención de la crisis (incluida la ausencia de sus principales autoridades), fueron así las postales distintivas de la inundación en esos distritos. Leer más