España. El pasado que no acaba de pasar

La historiadora Helen Graham aborda, en la siguiente reseña del libro de Paul Preston ‘El holocausto español’, las raíces de la Guerra Civil  y sus consecuencias en la España actual.

Para todos aquellos que no tuvierón donde llevar sus flores. Juan Kalvellido
Para todos aquellos que no tuvierón donde llevar sus flores. Juan Kalvellido

En la España actual, la guerra civil desencadenada hace 75 años es todavía “el pasado que no acaba de pasar”. Cuando el juez Baltasar Garzón, de renombre internacional por su defensa de los derechos humanos, inició una investigación del centro persistente del conflicto – la tremenda violencia extrajudicial en la que más de 200.000 personas fueron asesinadas – acabó en el banquillo acusado de prevaricación.

Desde el comienzo,  Paul Preston nos “recuerda” que si bien el conflicto español se convertiría con el tiempo en esa “guerra de dos bandos equiparables” que ha quedado grabada en la memoria del mundo occidental, era algo bien diferente cuando se inició:  se trataba de un asalto militar a una sociedad civil y a un régimen democrático en desarrollo, llevado a cabo en nombre de la “verdadera España” para cuya defensa los rebeldes estaban dispuestos a matar –a hacer limpieza, como proclamaba su retóricael general Queipo de Llano, cuyas tropas arrasaron el suroeste del país, lo llamaría “movimiento depurador del pueblo español”.   Reconocer que la violencia masiva inicial fue generada precisamente por los mismos militares rebeldes sigue siendo todavía el mayor tabú existente en la esfera pública de la España democrática. Desde la muerte de Franco en 1975su dictadura no ha sido nunca deslegitimizada pese a la reciente aprobación de algunas medidas simbólicas. Y es esta gran responsabilidad de los militares que Garzón intentó sin éxito esclarecer, la que constituye el núcleo central de la obra de Paul Preston. Partiendo de toda una vida dedicada a investigar la destrucción de la democracia en la España de los años treinta,  el autor demuestra cómo una coalición dirigida por militares triunfó sobre las reformas políticas y sociales y sobre el  dividido e inexperto gobierno de centro-izquierda de la Segunda República.

La determinación de los conspiradores de usar el terror desde el comienzo se manifiesta claramente en las instrucciones previas del director del golpe militar, el general Mola:  “eliminar sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”. Su objetivo era anular tanto las políticas redistributivas de la reforma agraria y de las reformas sociales llevadas a cabo por la República, como la transformación cultural que hubiera supuesto la extensión de la alfabetización, la co-educación o la ampliación de los derechos de la mujer. Pero la resistencia a los rebeldes en gran parte de la España urbana generó tantos problemas logísticos que el golpe probablemente hubiera fracasadosi Hitler y Mussolini no hubiesen suministrado los aviones necesarios para trasladar a la península el Ejército de África que Franco controlaba. Con esta ayudalos rebeldes pudieron contar con la fuerza brutal que salvó, de hecho, un golpe de estado que estaba a punto de fracasar.

A partir de ese momento, los militares rebeldes pudieron desatar una matanza masiva de civiles.  

 

Transcrevi trechos. Recordo que, quando estudava na Universidad de Navarra, em Pamplona, 1971-72, passava quase todos os dias pelo monumento em memória do general Mola.

Os colegas jornalistas comentavam:

– Franco mandou explodir o avião dele.

Uma serpente engoliu a outra.