Invisíveis porque demasiado visíveis

por Giulia Galeotti/ Osservatore Romano

Fotos de Lee Jeffries

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Invisíveis porque demasiado visíveis. Presenças, cada vez mais constantes no nosso panorama urbano, que vivem silenciosamente abandonadas às margens das ruas que percorremos todos os dias. Que nos incomodam porque é mais fácil enviar dinheiro aos pobres da África que superar a tentação de desviar o olhar daqueles leitos que contêm os restos da nossa indiferença. Cada um de nós tem a sua culpa por ter tentado expulsar o grito de solidão, de desolação e embrutecimento que provém, mudo, destas pessoas. Dos corpos consumados e provados dos desabrigados, sem casa nem família, dos rostos fechados em si mesmos, completamente sós. Parece que são impermeáveis a tudo, e no entanto não é difícil perceber o coração esmagado pelo sofrimento de quem sabe que vive e morre ao nosso lado com a nossa mais total indiferença.

Apesar de tudo há pessoas que tentam fazer alguma coisa. Na França uma mulher e um homem escolheram viver com eles, partilhando literalmente a sua existência: Colette Gambiez e Michel Collard. Desejando conhecer deveras estas pessoas, tornaram-se mendigos, enfrentando a luta diária contra frio, fome, rejeição, solidão e abandono para tentar construir uma comunidade e traçar um caminho juntos.

A história dos anos vividos com os desabrigados em 1998 tornou-se o livro Quand l’exclu devient l’élu, vie partagée avec les sans-abri, que agora foi traduzido em italiano (Sulla strada, Roma, Castelvecchi, 2013). São páginas que nos imergem neste mundo distante de nós embora tão próximo: o mundo das mulheres e dos homens-sombra, que vivem em papelão, remexendo o lixo, dormindo nas calçadas e nos corredores do metropolitano.

Collard teve contacto com esta realidade através de uma associação de voluntariado na qual permaneceu por cinco anos, antes de tomar a decisão de partilhar integralmente a vida dos desabrigados. Estávamos em 1983. Nove anos depois Collard prosseguiu o seu caminho com Gambiez, enfermeira fundadora da comunidade Magdala (a favor dos desabrigados), que se tornou sua esposa. Juntos abandonaram tudo para partilhar a vida dos mais pobres. Por detrás da sua escolha estava o desejo de seguir o exemplo de são Francisco, para compreender e amar, interpelar a si mesmos e a Igreja, na convicção de que precisamente nisto é possível o encontro com Deus.

O coração da sua experiência é exactamente o que não gostaríamos de ouvir: «Mais do que o pão é preciso oferecer uma relação fraterna, isto é, recíproca». De facto, a verdadeira infelicidade de quem vive na rua está na dor dilacerante da falta do encontro.

Graças à escolha de Collard e Gambiez, ouvimos quem nos conta a verdade desta vida, as histórias, as dores, os sonhos. Existem dificuldades concretas: quem dorme todas as noites numa cama não consegue imaginar no que consiste a vida de uma pessoa cujo corpo nunca se distende bem, mas está sempre contraído e encolhido. Há a violência sofrida e provocada, que é o pão de cada dia dos pobres. Há a inadaptação, às vezes a loucura; para o homem que sente queimar dentro a própria falência, refugiar-se no imaginário pode ser a única saída para sobreviver.

São situações rápidas e mortíferas como a areia movediça para as quais é necessária uma ajuda diária ampla, muito além do limite da inserção formal. «Para alguns a reinserção já se tornou quase impossível. Então procuremos promover actividades que os tirem do estado meramente vegetativo. A ideia é criar lugares comunitários como as comunidades da Arca», explicam os autores do livro.

Demonstração de uma realidade que une as sociedades mais distantes, as vidas narradas por este surpreendente casal francês encontram parecenças concretas nas imagens de Lee Jeffries, fotógrafo autodidata, contabilista de profissão, que passou os últimos anos nas ruas de Roma, Los Angeles, Paris, Miami, Nova Iorque, Las Vegas e Londres. Não se reconhecem os lugares mas só a dimensão pessoal: são retratos em branco e preto de olhares e rostos de homens, mulheres e crianças unidos pelas dificuldades e pelo sofrimento, mas que brilham de vida.

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Não são imagens feitas à traição, mas retratos fruto do encontro, construído pelas ruas das cidades. Entre luz e sombra, enquadramentos sóbrios sobre fundos monocromáticos escuros, as imagens restituem olhos terrivelmente vivos, brilhantes, lúcidos, arregalados pela surpresa, que choram e olham para o céu, olhos vendados e cegos, olhos enormes e olhos que são fendas. Muitas barbas, lágrimas, muitíssimas rugas. E mãos. Mãos que suplicam, riem, desesperam-se, imploram, rezam, escondem, mãos que fumam, mãos postas sobre o ventre. Crianças que se dão as mãos.

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Colombia 9 de abril, la marcha de la poesía y del desagravio

por Luz Marina López Espinosa

Este nueve de abril de 2013, el pueblo colombiano en su expresión más auténtica, el conformado no por “la opinión pública”, los empresarios y conglomerados dueños de los medios de comunicación, sino por los campesinos, indígenas y negritudes, las organizaciones sindicales, de derechos humanos y el nuevo movimiento popular y alternativo Marcha Patriótica, han convocado una gran Marcha Nacional y concentración en la ciudad de Bogotá en apoyo de las negociaciones de paz que se adelantan en la ciudad de La Habana entre el Gobierno Nacional y las insurgencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC-EP.

Esa gran Marcha por la Paz tiene por lo pronto y en lo inmediato, además de su significado obvio, una doble connotación: de una parte, que va a ser una expresión contundente de la voz del soberano –art. 3º de la Constitución, la soberanía reside en el pueblo- en favor de la causa que la convoca y desautorización a la extrema derecha que con saña ataca esas conversaciones. Y de otra, es homenaje y desagravio al pueblo y a una de sus figuras señeras, el Caudillo Jorge Eliécer Gaitán asesinado un nueve de abril, el del nefasto año de 1948.

¿Por qué se articuló la Marcha con dicha fecha? Por una razón tan sencilla como transcendental dada por la Historia. Porque se quiere además conmemorar que ese 9 de abril marcó, al tiempo que un punto muy alto en la violencia que las élites liberal-conservadoras impusieron al pueblo en favor de su dominación, la muerte de la esperanza de la Paz. Y el caudillo Gaitán hacía apenas dos meses había convocado la más formidable concentración que se hubiera hecho nunca, en la Plaza de Bolívar de Bogotá, en donde en medio de conmovedor silencio, sin gritos ni consignas y como orador único, pronunció la celebérrima Oración por la Paz donde clamaba al presidente conservador Mariano Ospina Pérez compasión por los miles de humildes compatriotas que el gobierno asesinaba en los campos y pueblos de Colombia. La respuesta fue el aumento de los crímenes oficiales y el asesinato del orador.

Por eso, en una circunstancia histórica similar por los niveles de violencia que se viven, la degradación de la confrontación por parte del gobierno con el uso de hordas paramilitares como estrategia militar contrainsurgente y su secuela de miles de opositores desaparecidos, millones de campesinos despojados de sus tierras y desplazados, y el horror de los alrededor de dos mil jóvenes pobres asesinados por el ejército para reclamar recompensas y beneficios al presentarlos como “guerrilleros dados de baja en combate”, también habrá una Segunda Oración por la Paz como punto central de la Marcha que convergerá en la emblemática Plaza de Bolívar.

Se tiene entonces que lo que veremos tiene profundos significados políticos, jurídicos y morales: será expresión de la hasta hoy burlada soberanía popular, hecha patente en un mandato popular a la manera de un plebiscito nacional auto convocado y auto legitimado, a la vez que manifestación de la voluntad de concordia que anida en el corazón flagelado del pueblo colombiano. Derecho el de la Paz –otro- consagrado así y como deber en el artículo 22 de la Carta, sin que ello nada parezca significar.

El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán produjo el mítico Bogotazo, expresión de ira e indignación del pueblo que dejó miles de muertos y el incendio y destrucción del centro de la capital. La impunidad total de este crimen vino a ser revocada por la sentencia popular que a la antigua usanza, pregón que recorriera plazas y caminos, notificó al mundo que el autor del crimen había sido la oligarquía y dirigencia liberal y conservadora tan zaherida por el caudillo, tan complacida con su muerte, tan gananciosa con ella. Uno más entre los muchos dolorosos desengaños que ha padecido el pueblo colombiano en su bicentenario devenir republicano. Por eso este próximo 9 de abril de 2013 es también desagravio de ese pueblo burlado que entonces como hoy se rebela a que su destino sea cavar la tumba de sus hijos. Se honra al líder que con sus palabras construyó perenne monumento a la Paz, y al pueblo que lo adoptó no como su hijo sino como su padre, en cuyo verbo encendido puso sus esperanzas, en momentos donde el horror caminaba con galones e insignias oficiales por los villorrios de la patria sembrándola de cadáveres.

La Marcha por la Paz de este 9 de abril es categórica desautorización de esa extrema derecha liderada por un ex presidente de la república de ingrata recordación, que considera que un acuerdo de paz es claudicación de los buenos frente a los malos, concesión inadmisible de una sociedad pacífica y laboriosa víctima, a unos violentos y desalmados, victimarios. Y que en consecuencia, lo ético y justo es seguir la guerra. Estos argumentos sólo tienen de verdad y de mérito la demostración de la dureza de corazón de quienes los esgrimen. Y de cómo –cosa increíble, cosa inaudita-, la guerra y la muerte, son útiles y buenas para unos, los beneficiarios de un estado de cosas ominosos, un statu quo que permite riquezas sin cuento, a costa de incontable miseria.

No es entonces por capricho o manía que aquellos prefieran la guerra y la muerte a la paz y la vida. Aquellas son su negocio. Y la Paz lo viene a dañar porque, es inexorable, ha de venir atada a reformas que en algo reviertan la insostenible inequidad que afecta a las mayorías. Y que de paso, como las grandes alamedas de Allende, abran las cárceles donde el régimen confina a los miles, que muchos más con el verbo que con las armas, impugnan ese estado de cosas inmoral.

Abril es el mes más poético del año. Su misma sonoridad lo emparenta con las musas. Y hasta las lluvias con las que lo enlaza la meteorología popular, trae remembranzas bucólicas cuando las soñamos en los pastizales. Para no hablar de la poesía que en efecto los bardos le han cosechado. Pero aquí y ahora, en esta Colombia y Abril del 2013, ninguna causa más inspiradora que sus eternos y antiguos motivos: la lucha de la humanidad por la paz y la justicia.

Uribe, en el punto de mira de la Corte Penal Internacional por las masacres durante su mandato

El expresidente de Colombia está siendo investigado por los “falsos positivos”, el asesinato de campesinos presentados como guerrilleros de las FARC

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El que fuera Presidente de Colombia entre 2002 y 2010 está siendo investigado por la fiscal de la CPI, Fatou Bensouda, por crímenes contra los Derechos Humanos y masacres sucedidas durante su mandato, que no han sido tratados a fondo por la justicia colombiana.

Uno de los informes en curso en la Corte se refiere a los llamados “falsos positivos”, el asesinato de campesinos indefensos presentados como guerrilleros de las FARC muertos en combate. Según Uribe y su entorno se trató de “casos aislados”, aunque para el tribunal internacional, al que han llegado los más de 3.000 casos reconocidos por la propia fiscalía colombiana: “hay bases razonables para creer que se trató de una política de Estado; estos asesinatos, cometidos para aumentar los índices de éxito militar, podrían considerarse crímenes de lesa humanidad…”.

La última de las denuncias contra Uribe ante la fiscal de la Corte Penal Internacional ha sido presentada personalmente por el Presidente de la Comisión de Paz del Congreso de Colombia y diputado por el Polo Democrático (izquierda), Iván Cepeda, y se refiere, según declara a Público: ” a hechos protagonizados por servicios secretos que dependían directamente del expresidente Uribe y que constituyeron delitos de persecución contra opositores, magistrados, políticos y periodistas contra los que ordenó intervenciones telefónicas ilegales, seguimientos y campañas que, según el artículo 7 del Estatuto de Roma constituyen persecución por motivos políticos”. Algunas de estas persecuciones, como las que tienen en la cárcel al antiguo jefe de de los servicios secretos de Uribe, Jorge Noguera, terminaron con el asesinato de los opositores a manos de sicarios paramilitares que actuaban con la información suministrada por éste.

Contra todas estas sindicaciones, a las que se suma la indagación de la fiscalía por su protagonismo en la formación del ejércitos paramilitares en sus fincas ganaderas, Uribe está intentando blindarse con la creación de una nueva fuerza política, el “Puro Centro Democrático” por la que sería cabeza de lista al Senado en las elecciones del año próximo, o incluso intentar alguna maniobra para poder optar de nuevo a la Presidencia, aunque las actuales normas constitucionales se lo impiden.

Mientras tanto, el expresidente intenta cada día sumar adhesiones con su oposición a las conversaciones de paz que llevan a cabo en La Habana emisarios del Presidente Juan Manuel Santos con los portavoces de las FARC, en aras de una política de exterminio y guerra sin cuartel, que no consiguió resultados decisivos durante su mandato.

 

As crianças-soldados na Colômbia

No país, ao menos 18 mil menores de idade fazem parte de organizações armadas e cerca de 100 mil estão ligados indiretamente a elas

 

Página/12

Crianças recrutadas 

Os números que dão conta dos jovens envolvidos no conflito bélico, vivido pela Colômbia, espantam. No país, ao menos 18 mil menores de idade fazem parte de organizações armadas e cerca de 100 mil estão ligados indiretamente a elas, segundo relatório oficial, que será publicado nesta semana, e que na segunda-feira (13) foi antecipado pela imprensa colombiana. Os menores são geralmente recrutados quando têm 12 anos e integram tanto os grupos guerrilheiros – Forças Armadas Revolucionárias da Colômbia (Farc) e Exército de Libertação Nacional (ELN) – como bandos paramilitares e do chamado crime organizado, sustenta a investigação. A maioria é constituída de meninos (57%), mas o recrutamento de meninas cresce em grande velocidade, sustenta o documento que inclui testemunhos de vários menores.

O relatório “Como cordeiros entre lobos” será apresentado, na quarta-feira (15), na sede do estatal Instituto Colombiano do Bem-estar Familiar (ICBF). No entanto, na segunda-feira, suas principais conclusões foram publicadas pelo jornal bogotano “El Tiempo”. Trata-se de uma investigação realizada por uma equipe de mais de oitenta pessoas, que trabalhou ao longo de quatro anos e que sistematizou, pela primeira vez, as circunstâncias do recrutamento de menores de idade por essas organizações. De acordo com o documento de cento e vinte páginas, todas as crianças recrutadas provêm do setor mais pobre da sociedade colombiana, que equivale a 12,6% da população total do país. Em 69% dos casos, sua origem é rural e seus pais são camponeses, embora o recrutamento em áreas urbanas cresça aceleradamente, sendo já dezessete vezes maior que há quatro anos, adverte o estudo.

Em média, também, a cada três anos esses menores haviam emigrado ou foram deslocados, forçadamente, antes de ingressar nos grupos armados. Por outra parte, a pesquisa destaca a extrema vulnerabilidade dos povos indígenas, cujas crianças possuem 674 vezes mais possibilidades do que outras crianças de ser diretamente atingidas pelo conflito armado ou de serem recrutadas.

O relatório assegura que ao lado dos “não menos de 18 mil” menores, que fazem parte dos grupos armados, “num sentido mais amplo” existem “umas 100 mil crianças e adolescentes” vinculadas com “setores da economia ilegal ou diretamente controlada por grupos armados ilegais e organizações criminosas”. Na escalada da violência que há anos açoita o país latino-americano, na segunda-feira, o ministro da Defesa da Colômbia, Juan Carlos Pinzón, de Cali começou a coordenar a resposta das forças públicas ao recente aumento dos ataques das FARC em uma área do sudoeste do país, seguindo ordens do presidente Juan Manuel Santos.

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Transcrevi trechos

Doença Braba

de Ayres Britto

 

 

O mundo padece de uma doença antiga,
Dolorosa,
uma doença que debilita o mundo
e o torna feio,
E que avança tanto pelas entranhas do mundo
que eu temo que ela se torne incurável.
Essa doença braba que rói as entranhas do mundo
como se fosse motor-serra a derrubar florestas
é a doença que atende pelo nome espectral,
o odiento nome de
INJUSTIÇA SOCIAL

 

Dores da Colômbia, por Fernando Botero