“Si la devastación capitalista se puede parar a tiempo, está en las manos de la población”

Noam Chomsky analiza las claves de su nuevo ensayo, “La era Obama y otros escritos sobre el imperio de la fuerza”.

Sin optimismos

Ese derrumbe de la dignidad ha crecido en la misma proporción en la que disminuía la credibilidad de la clase política. ¿Cuál es la razón? “Las políticas que se han impuesto han servido a la riqueza y el poder”, dice. Ciudadano desasistido, votante escéptico. Por eso no le extraña que, entre tanta amenaza de bomba y de gobiernos patrioteros, solo haya lugar para el pesimismo: “¿Optimismo? Solo queda entre aquellos que están ansiosos por ver las especies destruirse entre sí”.

Si se le pregunta por sus intenciones o metas habla de animar a que las personas piensen por sí mismas. Pero para cuestionar las suposiciones convencionales de cada uno hace falta mucho escepticismo. “Obliga a buscar una justificación a la sabiduría convencional: es incapaz”, dice. Reclama esfuerzo y análisis. No pide cinismo para tratar la desigualdad, la injusticia, ni para desafiar a la hipocresía del sistema capitalista para decir la verdad. “La forma del capitalismo que generalmente se ha llamado ‘capitalismo’, es capaz de destruir la posibilidad de una vida digna, y desde luego se encamina en esa dirección. Si la devastación capitalista se puede parar a tiempo, está en las manos de la población”, aclara en un guiño a los levantamientos ciudadanos de todo el mundo.

Ya en 1997 Noam Chomsky escribió en Lucha de clases , ensayo sobre las victorias presidenciales de Ronald Reagan en 1980 y 1984, que los grupos de elite aprovecharon el descontento de la población para destrozar el Estado del bienestar y “redirigir la política social hacia los intereses de los poderosos y de los privilegiados” . ¿En qué año hemos dicho que escribió esto?

Pero si esta inquietud se ve reforzada por el hecho de que en una buena cantidad de cuestiones, habitualmente las más importantes, ambos partidos, demócratas y republicanos en EEUU (los que sean en el resto del mundo), se encuentran a la derecha de las opiniones del electorado, ¿quién salvará a la clase trabajadora, a la izquierda? “Pero ¿quién es ‘la izquierda’? Si te refieres a la izquierda parlamentaria, ellos son más o menos lo que solemos llamar ‘la derecha moderada”.

A PM na USP e o desfile da Victoria’s Secret

por  Eduardo Socha

 

 

Uma pesquisa realizada em 18 países da América Latina pela ONG chilena Latinobarómetro e divulgada no mês passado pela Folha de São Paulo indica que o “apoio à democracia no Brasil” (sic) sofreu queda de 9 pontos percentuais (54% para 45%) de 2010 a 2011. No período de um ano, a parcela da população que resolveu sair do armário ideológico e assumir seu desdém pela democracia atingiu níveis alarmantes.

Parece natural, portanto, que setores da imprensa resolvam acompanhar (ou incentivar) o movimento de retração democrática indicado na pesquisa. Deixando de lado as teorias bizantinas sobre o papel deformador da “mídia” (termo gasto, mas ainda funcional), é preciso reconhecer que aquelas artimanhas da direita mais carnívora na imprensa brasileira são paradoxalmente sutis.

(…) eis que o leitor se depara com o rol de notícias sob a rubrica “invasão na USP”; um assunto socialmente inconveniente, mas que, no jargão da área, repercute.

E repercute não apenas nos comentários dos leitores-consumidores que não cessam de reproduzir o entulho autoritário, traduzindo em linguagem cotidiana a violência cifrada da linguagem jornalística. “Baderneiros”, “maconheiros safados e vagabundos”, expressões para se referir aos estudantes da USP, atingem rapidamente as paradas dos trending topics. Dessa vez, os próprios jornalistas resolveram ir às vias de fato e partir para o gozo do insulto. Dias atrás, Gilberto Dimenstein havia lamentado a reação estúpida de seus leitores nos comentários em relação ao câncer de Lula, reconhecendo que “a interatividade democrática da internet é, de um lado, um avanço do jornalismo, e, de outro, uma porta direta para o esgoto do ressentimento e da ignorância”. Apesar do reconhecimento, Dimenstein não pensou duas vezes em chancelar de “delinquentes mimados” os manifestantes que ocuparam a reitoria da universidade. Reconciliou-se, talvez de pronto, com seus leitores. Continue a leitura