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apatia do brasileiro

por Andrielly Brito

Porque a gente vai esperar mudanças, a gente vai acreditar que tudo vai se resolver sozinho, e não é assim. A mudança tem que ocorrer por parte da gente, nós que devemos agir, e não simplesmente deixar para o “destino”. Mas, poucas pessoas pensam assim, e então vai continuar a mesma coisa, você não faz nada, nada vai mudar.

ovelha apatia pensamento censura

Anatomía del miedo

Pasó el 2012 y el mundo no se acabó: ¿ahora qué? Esa misma incertidumbre sobrevoló el sitio Edge.org cuando convocó a sus miembros para responder, como todos los años, una misma pregunta. Así fue como algunas de las mentes científicas, artísticas y periodísticas más brillantes dedicadas a pensar el mundo enfrentaron el gran interrogante posterior al apocalipsis que no fue: “¿A qué deberíamos temer en los próximos años?”. Tal como viene haciendo año tras año, Radar seleccionó y tradujo las mejores (y más aterradoras) respuestas: del fin del individuo y la enajenación tecnológica a los misterios de la mente y los riesgos de vivir demasiado.

O Grito, por Edvard Munch
O Grito, por Edvard Munch

Por Carlos Silber

 

De todo el arsenal de emociones que nos invaden y moldean –y al hacerlo nos definen como seres humanos–, el miedo es la que más paraliza. O destruye. Como alguna vez escribió el filósofo español José Antonio Marina, uno de los hilos que trenzan la historia de la humanidad es el continuo afán por desterrarlo, una constante búsqueda de la seguridad tanto afuera como dentro de nuestras mentes, de nuestro cuerpo. “El día que yo nací, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo”, escribió el temeroso de Thomas Hobbes, quien rastreó en esta sensación el origen del Estado. Para Soren Kierkegaard, en cambio, se trataba de una enfermedad mortal, pariente cercana de la angustia y la desesperación.

No hace falta ser muy perspicaz para ubicar en este sentimiento contagioso el epicentro de cualquier religión, el nervio doliente que empuja a millones de personas a los dientes de metal de aquella trampa que es la superstición.

Así y todo, el poder del miedo afecta tanto a individuos como a sociedades. Las preocupaciones de una época funcionan como un termómetro que en lugar de registrar la temperatura corporal cuantifica lo inasible: lo que se sabe, lo que se desconoce, aquello que se respeta y al mismo tiempo se teme en un momento dado. Hace unos treinta años, el gran miedo mundial estaba encarnado en dos palabras: “La Bomba”. Hace casi medio siglo, en cambio, la amenaza era roja: el comunismo. Y antes, si rebobinamos aún más la Historia, estaban el nazismo, los anarquistas, las epidemias, las plagas, las hambrunas, las guerras, las persecuciones religiosas.

El siglo XXI, desde ya, no avanza desnudo de problemas, malos tragos y complicaciones que, como monstruos invisibles, esperan agazapados para saltar desde debajo de la cama. En este caso, la cuestión no es en sí que existan sino saber anticiparlos –animarse a agacharse y ver–, como se apresuraron a hacer 155 científicos, escritores, cineastas, músicos, periodistas y filósofos en respuesta a la pregunta que cada año lanza el sitio Edge.org, aquella ágora virtual en donde se mezclan, dialogan y comparten opiniones las ciencias exactas y las humanidades.

“¿De qué deberíamos preocuparnos?”, fue el catalizador de este año, el anzuelo. Y muchos picaron. La física teórica Lisa Randall, por ejemplo, teme que se acabe la época de los grandes experimentos, en vista de las cada vez más filosas tijeras presupuestarias. Al historiador de la ciencia George Dyson lo inquieta que un día de éstos se rompa Internet. El editor Tim O’Reilly –uno de los impulsores del software libre– ve con malos ojos el ascenso del anti-intelectualismo. Están también a los que les preocupan tanto las prácticas eugenésicas chinas como que nunca logremos entender los fenómenos cuánticos, la exportación del concepto de mente enferma desde Estados Unidos, el colapso del sistema de publicación científica a través de papers, que la ciencia no logre curar el cáncer, la hiperconectividad y la virtualización total de la vida, el crecimiento de una “ansiedad mórbida” y de un mundo cada vez más sintético.

Como hace año tras año, Radar seleccionó las mejores respuestas, las preocupaciones más asoladoras. Sin miedo y sin que tiemble el pulso.

SUBNOTAS

#NOSINCULTURA: Manifiesto en defensa de la Cultura

 

El desempleo es sin duda el problema fundamental de nuestra sociedad. No se
entiende que todas las medidas adoptadas para combatir la crisis económica
que padecemos estén más preocupadas por controlar el déficit y solucionar los
problemas de los bancos que por la creación de puestos de trabajo.

Confundir la cultura con el rostro de algunos nombres famosos significa
desconocer de un modo demagógico la realidad humana, económica y laboral
de la música, el cine, el teatro, la literatura y el arte.

La confusión de la cultura con una idea insustancial del entretenimiento es una
operación neoliberal para separar a los ciudadanos de la educación intelectual
y sentimental, un derecho imprescindible para la formación de las conciencias
críticas. Educación y cultura son el fundamento de un contrato social de
carácter democrático.

La operación de considerar los productos culturales como objetos de lujo y su
abandono posterior a los mecanismo exclusivos del mercado y de los intereses
privados supone un intento elitista de rebajar la educación de la ciudadanía,
impedir su formación colectiva y facilitar un panorama en el que triunfen la
demagogia, los instintos bajos y las manipulaciones mediáticas de los poderes
financieros. Sin la educación de las sensibilidades individuales resultan
imposibles el respeto y las voluntades solidarias que crean los vínculos de una
comunidad. El desprecio a la cultura provoca la incapacidad de comprensión
mutua, porque implica el desmantelamiento del pasado común, la falta de
diálogo en el presente y la cancelación del futuro. Leer más

 

Devolver al futuro

Por Michael Moore

Los ricos no se conformaron con todo lo que tenían, lo querían todo. Y en el camino para conseguirlo han hecho miserable la vida de millones. El número oficial de desempleo es de 14 millones, pero yo estoy seguro de que está sobre los 20. Y a eso hay que sumar a los que trabajan en condiciones precarias. Hay 45 millones viviendo en la pobreza. 50 millones no tienen seguro médico. Esas cifras son las semillas de esta revuelta. La gente está reclamando por su futuro. No su pasado, ni siquiera el presente: es el futuro lo que ha sido robado. Así de codiciosos son los de Wall Street.

De todos modos, éste no va a ser un movimiento violento por el simple hecho de que no es una pelea justa: nosotros somos millones y ellos (los ricos) son apenas unos cientos. Hay una armada de norteamericanos esperando desde hace mucho que alguien haga algo y ese algo empezó. Por eso estoy esperanzado. Esto tenía que surgir y surgió acá con unos cientos de personas que ya se volvieron miles, en un movimiento que sólo va a crecer.


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Os brasileiros vão pras ruas no próximo dia 12?
A imprensa boicota o noticiário.
A imprensa é propriedade dos ricos.
Defende os seus próprios interesses.
O povo que se dane.