Violencia, delito y miedo

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por NICOLÁS ARIEL HERRERA

Cuando los medios de comunicación repiten una y otra vez los hechos de sangre de la jornada, ocurren dos cosas: el público consume con morbosidad el dolor ajeno y, al mismo tiempo se repliega, refugiándose en su intimidad, alegrándose de no ser la víctima elegida. Pero el miedo irá ganando terreno. Miedo a la calle, miedo a la noche, miedo a “los extraños”. Cierto: los medios de comunicación no mienten ni inventan. Simplemente seleccionan los crímenes más horrendos para ocupar los espacios de mayor preferencia porque saben que ellos constituyen el material que tendrá los mejores niveles de público. Ahora bien, ¿es más violento este mundo del 2013? Claro que lo es. Nuestra civilización no ha logrado abatir, y más bien ha profundizado, las diferencias (económicas, sociales, culturales) entre los hombres y los pueblos.

Nuestra sociedad ya no consigue que los más desgraciados cooperen en el mantenimiento del estatus de convivencia, mientras se les niega el acceso a niveles de vida y de consumo que ofrece a otros. Entre los más humildes ya no existen familias integradas como barreras contra la transgresión. Porque además no hay confianza en la justicia, en la policía, en los políticos, en los militares, pero tampoco en los médicos, en los maestros, y, en fin, porque han ido desapareciendo todos los referentes que hacían creíble un mundo injusto y violento. También porque la naturaleza humana es violenta (Hobbes, 1588-1679). Tampoco las religiones ganan adeptos. Y los pierden las ideologías. Claro que todo eso no se traduce en que la sociedad uruguaya viva en un caos de violencia delictiva. Si se midiera el índice de seguridad de este país según la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes, Uruguay tendría un 8, Honduras 82, Colombia 33, Brasil 22, Argentina 5.5 y Chile 3.7 (Latinobarómetro, 2012, Seguridad Ciudadana).

El informe dice que hay un abismo entre lo que el ciudadano piensa de la seguridad, o su miedo a ser víctima de un delito, comparado a los datos brutos de los delitos realmente denunciados. A esa situación de temor ante la inseguridad el informe le llama “clima de opinión”. Habría una “incongruencia entre lo subjetivo y lo objetivo”, esto es entre lo que siente la gente y las cifras de los delitos. “El clima” de temor e inseguridad adquiere tal peso en las actitudes de la población que llega a ser una realidad autónoma, independiente de los niveles delictivos. La preocupación en América Latina (el continente más violento del planeta) por la Seguridad ciudadana es tal que el 62% de la población de Venezuela opinó que es el problema más importante del país, igual a como lo entendió el 50% en Costa Rica, el 42% en México y el 35% en Argentina.

Pese a que Costa Rica y Argentina están en los primeros puestos entre los países “seguros”. El informe de Latinobarómetro advierte que una cosa es el “crimen organizado”, donde figura la ruta del narcotráfico, como Centroamérica, otra muy diferente los tipos delictivos derivados de la “violencia doméstica”, y otra los llamados “delitos comunes”, como los homicidios derivados de riñas, robos o rapiñas. Lo cierto es que se vive con miedo y pueblos convencidos que el delito está aumentando todos los días. Hay explicaciones tentativas. Una, que la gente compara el mundo contemporáneo, y en nuestro caso el Uruguay contemporáneo, con el Uruguay de hace 30 o 40 años y añora los tiempos en que “no se cerraba con llave la puerta de calle”. Otra, es que vivimos en sociedades donde el “cambio” se ha dado con demasiada rapidez y muchos no logran adaptarse, (menos todavía poblaciones envejecidas). O que al haberse superado (en América Latina) los problemas más urgentes (desempleo, poder adquisitivo, salud, educación), la atención recae en la seguridad personal y en lo que ocurre en los espacios públicos. Así es que el 39% de los argentinos dice haber sido víctima (o un familiar) de delito, aunque tiene una tasa de 5.5, (de homicidios) y también un 29% de los chilenos, con una tasa del 3.7.

No es que mientan. Lo “sienten” así. En Uruguay este “clima de opinión” negativa es reciente. “Es el país en el cual hay más percepción de que se cumple con la ley (54%)”, dice el informe, pero sin embargo “una baja percepción de seguridad ciudadana (15%)”. Claro que la violencia en Uruguay no es solo su tasa de homicidios de 8 cada 100.000. No preocupa tanto y no provoca miedo los muertos por accidentes de tránsito (14.8) y el récord de muertes por suicidios (16.7), de los mayores de Latinoamérica, que doblan a los homicidios y cuyas víctimas siempre son los jóvenes.

Honestidade

por Moacir Japiassu

 

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Saiu em tudo quanto é canto que o tal do Cyonil Borges, que dedurou os amigos apanhados na Operação Porto Seguro, “está desencantado com a inclusão do seu nome entre os acusados de corrupção passiva”. Disse o elemento:

“Eu poderia ser o novo herói do Brasil se mentisse. Mas fui honesto demais e contei toda a história, com os erros que cometi. Vou virar réu por ter sido honesto”.

Janistraquis garante que Cyonil não se ferrou porque é honesto; Cyonil se ferrou porque é burro:

“Não é possível que uma pessoa, qualquer uma, ainda não tenha sequer desconfiado de que no Brasil honestidade é crime tão nojento quanto a pedofilia.”