Eu não vou fazer compras ao lado de um negro. O rolezinho tem que acabar com o racismo nos shoppings

Veja a campanha Eu não vou viajar com um negro.

Participe de um rolezinho para ver o filme O Mordomo. Está passando nos cinemas dos shoppings.

Proibido de assistir, realize uma campanha de boicote aos shoppings. Gandhi fez o mesmo contra o colonialismo: não comprando tecidos ingleses.

O boicote econômico funciona. É usado pelos Estados Unidos contra o Irão, Cuba, Coréia do Norte.

Boicote nas urnas os governadores que mandam os soldados estaduais prender negros nas entradas dos shoppings. Isso é racismo.

Lições dos protestos de junho, rolezinhos e revolução boliviana contra o apartheid e o capitalismo selvagem e colonizador

Artsenal
Artsenal

Parece óbvio: a oposição visa tomar o poder; o governo, manter.

Não existe um novo poder quando tudo continua como dantes no quartel de Abrantes, apenas uma troca de pessoas com o mesmo pensamento, o mesmo jeito de ser e de fazer as coisas.

Para saber o futuro de um governo, basta conhecer seus financiadores e marqueteiros. Ninguém financia uma campanha de graça. Se um marqueteiro, como Duda Mendonça, faz campanha para qualquer partido, significa que todos os partidos possuem a mesma ideologia. É o caso do banqueiro Antônio Lavareda.

Numa campanha contra o povo prende-se o líder dos sem terra, dos sem teto, dos sem nada, dos movimentos sociais e estudantis. Basta exemplificar com os recentes protestos de rua, que começaram em junho de 2013, e com a criminalização dos atuais rolezinhos.

Se os citados movimentos fossem realmente politizados votariam contra os governadores que mandaram os soldados estaduais usar armas letais contra o povo nas ruas.

E dos rolezinhos uma campanha de boicote aos shoppings da qual fizesse parte a classe média negra (e parda, que nega sua ascendência nas senzalas e aldeias indígenas) com alto poder de compra. E, principalmente, a classe média baixa, os prestamistas.

O bom propagandista político tem que conhecer bem a alma do povo, a história da propagação das filosofias e religiões, e as ciências encruzilhadas.

Nesta campanha presidencial, que meios deve usar um partido político que não possui tempo nas televisões e rádios, e nem espaço na imprensa?

Ou ainda: como evitar a prisão de um líder, de um agitador, de um propagandista?

Não existe uma única maneira válida para todas as campanhas. Mas este exemplo boliviano é inspirador.

La Paz
La Paz

 

CUANDO EL GIGANTE SE DESPIERTA

En octubre de 2003, los vecinos de El Alto, a 5 km de La Paz, forzaron la caída del presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada.

El secreto de la fuerza de El Alto reside en su tejido social, sobre todo en su movimiento vecinal.

“Con el referente de octubre, muchos de los gobiernos que han venido después ya ven El Alto como un gigante que puede levantarse y derrumbar gobiernos”.

Los vecinos bloquearon las calles con autobuses, carrocerías viejas, piedras, maderas, incluso con gigantescos vagones de tren descarrilados.

Miles de mineros celebran la renuncia del presidente boliviano en el centro de La Paz (2003). / Fotografía: Jorge Sáenz (AP)
Miles de mineros celebran la renuncia del presidente boliviano en el centro de La Paz (2003). / Fotografía: Jorge Sáenz (AP)

por Martín Cúneo Emma Gascó

Casualidades de la historia, fue precisamente en El Alto (Bolivia) donde se instaló en 1781 el campamento de los indígenas sublevados contra la colonia, desde donde Tupaj Katari dirigió el asedio a La Paz. Desde el centro de la ciudad era posible ver, 400 metros más arriba, a los prisioneros españoles ahorcados en altísimas estructuras de madera.

Con la misma mezcla de temor y respeto han seguido alzando la vista los sucesivos ocupantes del Palacio Quemado, sede del Gobierno. El secreto de la fuerza de El Alto, hoy una ciudad de 1,2 millones de habitantes, reside en su tejido social, sobre todo en su movimiento vecinal. Cada zona, en ocasiones apenas una manzana, tiene un presidente elegido por una asamblea, que se reúne cada mes.

Cuando estalló la guerra del gas, en octubre de 2003, Mónica Apaza era secretaria de Juventudes de la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) de El Alto, la integrante más joven de toda la directiva. “Con el referente de octubre  –dice– muchos de los gobiernos que han venido después ya ven El Alto como un gigante que puede levantarse y derrumbar gobiernos”.

Evo Morales. Dignidad de América Latina, por Lucas Nine
Evo Morales. Dignidad de América Latina, por Lucas Nine

“El gas es nuestro”

El desencadenante de la revuelta que tumbaría a Sánchez de Lozada fue el plan del Gobierno de exportar gas a EE UU a través de Chile, dos países, según el imaginario popular, enemigos de los intereses bolivianos. Mientras la inmensa mayoría de la población no tenía cubiertas sus necesidades básicas, tres multinacionales, una de ellas la española Repsol, se quedarían con el 82% de los beneficios de la operación.

Aunque las comunidades aimaras del Altiplano llevaban casi un mes bloqueando caminos, el principal impulso para destituir a Sánchez de Lozada provino de un paro indefinido decidido por la Fejuve de El Alto. La organización convocó a todos los presidentes de zona, en representación de cerca de 600 juntas vecinales, a una asamblea general. El 8 de octubre El Alto inició una vez más el cerco a La Paz. La guerra del gas había empezado.

A los pocos días, los bloqueos habían dejado sin gasolina los 58 surtidores de La Paz y El Alto. El problema del abastecimiento empezaba a preocupar también a los vecinos. “Era el tercer día y nosotros no sabíamos cómo iba a hacer la gente para comer”, recuerda Mónica Apaza. No tardaron en encontrar una salida. “Hablamos en los mercados y las caseras [vendedoras] iban a vender a las cuatro de la mañana y hasta las seis y media, cuando cerraban los mercados… Y otra vez a la movilización, todo el día. Al día siguiente, igual: abrían los mercados por la madrugada y los cerraban para las movilizaciones”.

Las mujeres no sólo eran las encargadas de gestionar las despensas y las ollas comunes que se montaban en plena calle con la comida que aportaban los vecinos. También eran mayoritarias en las protestas, señala Apaza. Cuando los presidentes de zona no llamaban a la movilización, “eran las mujeres las que se organizaban y convocaban”.

América Latina de pie, Europa en caída, por Lucas Nine
América Latina de pie, Europa en caída, por Lucas Nine

“Vamos a meter bala”

“Si quieren diálogo sobre el gas, habrá diálogo sobre el gas; si quieren guerra por el gas, habrá guerra por el gas, y vamos a meter bala”, dijo Sánchez de Lozada el 11 de octubre. Ese mismo día, con munición de guerra, el Ejército y la Policía disparaban contra los vecinos que bloqueaban el paso de los camiones cisterna que salían de la planta de gas de Senkata, en El Alto. Las primeras muertes generalizaron la rebelión.

Miles de alteños rodearon el convoy militar, que fue obligado a refugiarse en un cuartel de la zona. Los choques entre las fuerzas militares y los manifestantes se extendieron por todo El Alto y los barrios más elevados de La Paz. Los tanques ametrallaban a los manifestantes por las laderas. Los helicópteros y los francotiradores disparaban sobre los civiles…

Las muertes alimentaban la revuelta. Era un ejército contra cientos de miles de personas desarmadas. Al igual que la tropa de Tupaj Katari, los vecinos tenían palos, piedras, hondas, algún cóctel molotov y algunos “cachorros” de dinamita. Bien colocada, la carga permitió derribar tres de los seis puentes elevados que atraviesan la principal entrada a El Alto.

Los vecinos bloquearon las calles con autobuses, carrocerías viejas, piedras, maderas, incluso con gigantescos vagones de tren descarrilados. En las principales avenidas, inmensas zanjas cavadas en el asfalto y en la tierra hacían imposible el tránsito. 77 muertes y 400 heridos por las balas de la Policía y el Ejército hicieron que la demanda del gas pasara a un segundo plano. La primera demanda ya era innegociable: la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada.

“Nosotros somos la historia”

“Como un gigante que duerme en el momento en que lo despiertas, no descansa hasta que termina lo que ha empezado”, dice Mónica Apaza. Sánchez de Lozada hablaba de un proceso “sedicioso” financiado desde el exterior, encabezado por el entonces diputado Evo Morales y el líder campesino Felipe Quispe. Pero al cuarto día de movilizaciones ya ni la Fejuve dirigía a los manifestantes, señala Apaza.

“Después de las masacres, ya nos ha sobrepasado la misma base, la misma gente se empezó a organizar; ya no había una dirección”, prosigue Mónica, que se sumó como una más a los bloqueos. “Nuestra lucha ha sido desde abajo, no había alguien arriba.  Éramos nosotros, todos nosotros movilizándonos”.

Recordar aquellos días sigue siendo doloroso para ella: “Me ha tocado llevar gente herida al hospital y que en mis manos se mueran muchas personas”. Las noticias y las imágenes de las masacres extendieron las protestas por todo el país. Los cocaleros, los indígenas del Altiplano, los mineros de Potosí y Oruro, dinamita en mano: todos se unían a los bloqueos y avanzaban hacia el Palacio Quemado.

El 16 de octubre, en una gigantesca manifestación, “todo El Alto bajó a La Paz”. Las huelgas de hambre se extendían a todos los rincones de Bolivia. La situación era insostenible para Sánchez de Lozada. La toma militar de El Alto había fracasado. El 17 de octubre de 2003, el presidente escapó en helicóptero. Después de unas breves escalas se instaló en Estados Unidos.

El profesor aimara Pablo Mamani llevaba tiempo viviendo en El Alto, pero confiesa que nunca había imaginado que sus habitantes fueran capaces de una resistencia semejante. “En esos momentos descubrimos que éramos sujetos históricos capaces de hacer más de lo que habíamos pensado. Y en ese momento descubrimos que la historia está aquí, que nosotros somos la historia, no ellos”.

Para Mónica Apaza, sin el levantamiento de octubre la historia del país hubiera sido muy distinta: “Las muertes, todo lo que hemos vivido, valió la pena. Estamos en un proceso que nunca se hubiera dado en Bolivia si no hubiera sido por esto”.

* Con la colaboración de Héctor Rojo Letón

Nota dos movimentos em defesa dos rolezinhos, contra o racismo e a discriminação social

Latuff
Latuff
Neste final de semana, ao menos 5 estados vão presenciar a realização de vários Rolezinhos em diversos shoppings das suas capitais. Esses Rolezinhos assumiram um caráter de protesto pelo o que ocorreu no último final de semana no Rolezinho parte 3, no Shopping Metrô Itaquera, na capital paulista.

Os rolezinhos surgiram no final do ano passado, em que jovens da periferia paulistana combinaram através das redes sociais um encontro no shopping para se divertirem, encontrarem colegas, amigos, conhecerem pessoalmente as pessoas com quem conversam na internet. Sim, os objetivos eram simples, nada muito diferente do que jovens de 14, 15, 16 anos tem interesse de fazer nessa fase da vida. Ocorre que essa forma de integração social e a posterior repressão sofrida no último final de semana pela ação truculenta da PM expressam muito além disso.

Em primeiro lugar, a busca dos jovens pela integração social dentro dos shoppings demonstra que há poucas alternativas de cultura, lazer e integração para os jovens da periferia. A maioria está de férias, os cinemas são caros, as iniciativas de envolvimento dos jovens em atividades culturais, por parte dos governos, são precárias e a recente restrição da meia entrada fechou mais ainda as possibilidades de um programa bacana para a juventude.

É claro que para justificar a ação da polícia, construiu-se um rol de justificativas infundadas de que os jovens promoveram algo parecido com arrastão, furtos e roubos, etc. Isso não é verdade. Houve sim uma correria pelo shopping, isso é parte do rolezinho, mas não com o objetivo de roubar ou fazer arrastão. Os jovens se animaram com o programa “daora” que organizaram e para quem já frequentou alguma sala de aula de jovens dessa faixa etária sabe que a energia da idade promove euforia, risada por qualquer coisa, bagunça, etc. Mas essa iniciativa de correr também tem um fundo político, não necessariamente consciente da parte dos jovens: eles são moradores da periferia, a maioria negros. Isso assusta em ambiente de rico e os shoppings são isso: ambiente de quem tem dinheiro pra gastar e não ambiente de quem não tem dinheiro para se divertir e improvisa diversões, como os jovens fizeram.

A reação dos donos dos shoppings expressa a defesa exata desse propósito desses ambientes de consumo. E o rolezinho atrapalha esse propósito. A ação da PM expressa o compromisso do governo com os donos dos shoppings e, portanto com essa concepção restrita, elitista e excludente de cultura, lazer e diversão. A ação da PM reproduziu no shopping o que ocorre todos os dias nas periferias brasileiras. Os jovens são reprimidos de graça, os negros já são identificados como bandidos. O recente acontecimento no bairro do Ouro Verde na periferia de Campinas não deixa dúvida: ser pobre, negro e morar na periferia é um atraente para a violência policial.

Os rolezinhos ganharam um caráter de protesto mesmo. Ganharam o apoio e a força dos movimentos sociais sim. E com certeza, a reação dos donos dos shoppings, da PM e do governo faz com que esses jovens que só queriam se divertir reflitam os problemas políticos e sociais que o rolezinho e suas consequências destamparam.

O Movimento Mulheres em Luta, o Movimento Nacional Quilombo Raça e Classe, a CSP Conlutas e a ANEL vão pro rolê. Vamos expressar nossa indignação contra o racismo, contra o preconceito, a discriminação social e a repressão. Queremos dizer que a juventude deve ter direito à cultura, lazer e diversão, e que isso é responsabilidade dos governos. Vamos demonstrar que somos contra a restrição da meia entrada, e se quiserem comparar com os protestos de Junho, nós vamos dizer: sim, tem tudo a ver.

Mais uma vez, expressamos nossa indignação com o descaso dos governos sobre a população. A diversão e “boa recepção” dos turistas que vem para Copa é alvo de grande preocupação dos governos, mas a juventude, os trabalhadores e o povo pobre do país sofrem com o caos no transporte, saúde, educação e nem direito ao lazer tem. Partiu role, partiu protesto. 2014 começou.

Central Sindical e Popular Conlutas
Movimento Nacional Quilombo Raça e Classe
Movimento Mulheres em Luta
Assembleia Nacional dos Estudantes – Livre!
Blog de Júnior Lima
Blog de Júnior Lima

Seleta de charges sobre rolezinhos (rolê quer dizer encontro)

Rolezinho. Onde uma criança e um jovem negro devem passar as férias escolares?

Goiânia
Goiânia

Pela oferta de segurança e atrações, as crianças e jovens brancos da classe média – quando os pais não estão em férias no exterior, nas casas de campo ou de praia – vão ao shopping.

No Recife não existe passeio público, e quando um grupo de negrinhos e/ou negrinhas se reúnem na rua que mora, nas periferias da cidade, sofrem batidas policiais, as costumeiras pauladas e bolinagens.

Quanto mais afastado o lugar, mais violenta a abordagem da polícia. Isso o governo chama de patrulha nos bairros.

Que espaço urbano, os prefeitos e governadores oferecem para rolar os rolezinhos dos negros neste Brasil em que nada se faz que preste para o povo?

Rolezinho jovem permitido
Rolezinho jovem permitido

ROSANA PINHEIRO MACHADO (professora de antropologia na Universidade de Oxford)

“De racismo cordial e velado não temos nada”

Roseana Pinheiro Machado
Rosana Pinheiro Machado

O rolezinho é um evento de jovens da periferia que se reúnem para passear nos shoppings das cidades, cantar funk e se divertir. Em grupo, os jovens da periferia sempre foram aos shoppings. Não é um processo novo, a não ser em sua dimensão e intencionalidade. Mas o rolezinho hoje é muito mais do que isso: é um dos mais importantes fenômenos da sociedade brasileira, não pelo evento em si, mas pelo seu poder de reação, entre amor e ódio. Poucas vezes tivemos um momento tão especial para pensar o Brasil como agora por tudo que isso traz à tona.

É muito difícil dizer se são protestos conscientes. De alguma forma todos são. Há uma reinvindicação clara de ocupar espaços urbanos privilegiados, de marcar presença. É um basta na invisibilidade. Toda a marcha, em maior ou menor medida, é uma reivindicação ao “direito à cidade”, como diria o filósofo francês Henri Lefebvre.

É um evento político consciente que tem relação com outras práticas da periferia, como as pichações, que tem por objetivo marcar os espaços e transmitir uma mensagem. Mas o grau da intencionalidade é impossível definir: ele varia de grupo para grupo, de cidade para a cidade.

O resultado político do rolezinho, no entanto, é muito interessante, seja pelo ponto de vista de como ele reflete a sociedade brasileira, seja como esse reflexo volta para os grupos, que se vão dando conta do tremendo papel político que desempenham. É evento vinculado ao culto ao consumo de ostentação. Nesse sentido, é importante evitar romantizações de que se trata de um evento de luta de classes de esquerda. Por outro lado, o resultado disso se assemelha a um processo muito semelhante, em que as camadas populares descem o morro e tomam conta de espaços que lhes foram negados. Ai então a sociedade reage, com raiva e rancor. A periferia sente na pele a exclusão, sente que não é benvinda e assim vai tomando cada vez mais conta de seu papel político.

A programação desses jovens não é nada novo também. Pelo Orkut ou pelo Facebook, jovens da periferia sempre se reuniram para passear, como acontecia no caso dos “bondes” que, pelo Orkut, se encontravam nos shoppings e nas praças. Eles se reúnem porque isso faz parte dos processos de pertencimento peculiares à cultura juvenil de grupos urbanos.

Se levarmos em consideração que o rolezinho é um processo e não algo novo, fica difícil perceber relação direta com os eventos do ano passado. No entanto, é claro que essa atmosfera de um Brasil injusto, que não pode mais se calar, acaba afetando e dando uma nova dimensão ao fenômeno. Ele vem a calhar em um momento em que a sociedade brasileira está se dividindo. De um lado, uma parte da população tem se revelado preconceituosa, racial e socialmente, e vem a pedir maior repressão (infelizmente essa massa vem de todas as classes sociais). Isso não é novo. Apenas isso está ficando evidente para mostrar ao mundo que de racismo cordial e velado não temos nada: temos um sistema cruel e perverso. De outro lado, onde eu acredito que está a grande maioria da população, tem uma parte esperançosa, cansada e sedenta por democracia. Essa parte é a mesma que apanhou da polícia em junho de 2013, que defende as populações indígenas, que é contra as remoções forçadas da Copa e que, finalmente, entende que os jovens da periferia tem o direito de ir e vir. ((Transcrito El País, Espanha)

 

Sudáfrica. El deseo de desracializar la sociedad, una visión utópica que significaría generar una sociedad basada en la igualdad

tapagcash

En diálogo con Cash, Premesh Lalu, director del Centro de Investigación en Humanidades de la Universidad de la Provincia Occidental del Cabo, afirma que el apartheid en Sudáfrica funcionó como un mecanismo económico, pero su combate no se enfocó en el problema de la economía. Indica que el neoliberalismo es un elemento constitutivo que mantiene la dinámica racial de las cosas.

 

Por Natalia Aruguete

 

 

Las primeras elecciones multirraciales en Sudáfrica pusieron punto final a casi cincuenta años de apartheid (1948-1994). Con más del 60 por ciento de los votos, el Congreso Nacional Africano (ANC) ganó los comicios y designó a Nelson Mandela como presidente. La gran negociación iniciada entonces se concentró en la modalidad de la democracia, la unificación de Sudáfrica y la desracialización de la sociedad. Sobre ese piso legal, la Comisión por la Verdad y la Reconciliación actuó como una justicia restaurativa, contra las violaciones a los derechos humanos. La utopía de Mandela era alcanzar la reconciliación nacional: que Sudáfrica perteneciera a todos los que allí viven, negros y blancos. Sin embargo, hay problemas profundos que el postapartheid no logró resolver. La gran negociación intentó “satisfacer a la sociedad, pero sin molestar al capital”, señaló Premesh Lalu en una entrevista con Cash. Invitado por el Programa de Estudios Sur Global de la Universidad de General San Martín (Unsam), el director del Centro de Investigación en Humanidades de la Universidad de la Provincia Occidental del Cabo hizo fuertes críticas al postapartheid y advirtió sobre las cuestiones estructurales que quedaron pendientes. Fundamentalmente, la consolidación de la racialización en el ámbito económico y la falta de un debate público tendiente a politizar a una gran parte de la población, que manifiesta una profunda frustración.

¿Qué cuestiones cree que han quedado pendientes de resolución en Sudáfrica, particularmente en el ámbito económico, después del apartheid?

–El apartheid fue pensado como un proyecto económico que definía la distribución del trabajo a lo largo de diversos sectores de la economía. La explotación minera en Sudáfrica siempre dependió del sistema de trabajo migrante. No sólo migración de las zonas rurales hacia las urbanas dentro de Sudáfrica, sino que desde la región Sur de Africa venían personas a trabajar a las minas de oro. Hubo, además, momentos de industrialización masiva e industrialización secundaria. Incluso, la urbanización masiva previa y posterior a la Segunda Guerra Mundial funcionó a la par del desarrollo del sector industrial en Sudáfrica. La agricultura, por su parte, fue históricamente un ámbito de reclamo sobre la distribución del trabajo. Cuando se piensa en la historia de Sudáfrica, se piensa en cómo el apartheid funcionó como un mecanismo económico. Sin embargo, las luchas en contra del apartheid no se enfocaron en el problema de la economía.

¿Dónde pusieron el foco?

–La negociación que tuvo lugar en 1990 giró alrededor de la cuestión del establishment político. El gran debate se orientó hacia la Asamblea Constitucional, hacia la modalidad de la democracia y del sistema electoral. Se estableció un piso legal, en ese marco surgió la Comisión por la Verdad y la Reconciliación (que actuó como una justicia restaurativa, donde testificaron las personas identificadas como víctimas de violaciones graves a los derechos humanos). Algunas de las dificultades no resueltas por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación forman parte central del postapartheid.

¿A qué cuestiones se refiere?

–En el marco de la negociación no hubo lugar para debates sobre la problemática económica. La cuestión económica fue resuelta de manera separada de la gran negociación, y estuvo subordinada a los intereses internacionales de la explotación en minería.

¿Por qué fue negociada en forma separada?

–Porque la ANC (Congreso Nacional Africano) ingresó en esa negociación con la convicción de que concretaría la idea –incluida en la “Carta de la Libertad” (Freedom Charter)– de que Sudáfrica pertenezca a todos los que viven allí, negros o blancos. Y se involucraron en un proyecto político tendiente a desracializar a la sociedad.

¿En qué consistió ese proyecto?

–Intentaron juntar las distintas piezas del rompecabezas, satisfacer a la sociedad, pero sin molestar al capital. Procuraron que la dinámica política – una política de desracialización liderara la relación entre el Estado y las instituciones. Pero el terreno económico sigue completamente racializado.

¿Qué consecuencias trajo en términos de equidad económica y social?

–Durante la presidencia de (Nelson) Mandela (1994-1999) se intentó avanzar con el proyecto de empoderamiento de la economía negra. Eso significaba que había emergido una nueva elite. Pero las discrepancias eran enormes y la lucha por dicho empoderamiento fue visto de una forma limitada, sólo se apuntó a un pequeño sector de la clase media negra en ascenso. Por eso, creo que ese intento de empoderamiento de la economía negra fue ciertamente inefectivo.

¿Por qué cree que el postapartheid se topó con esas limitaciones?

–Creo que hubo tres cosas que no se dieron después de 1994. La primera es que no hubo una negociación entre el Estado y las instituciones. El apartheid no fue sólo un proyecto de represión desde el Estado, también funcionó a nivel de las instituciones: desde las escuelas hasta las universidades pasando por los hospitales; sus infraestructuras se han multiplicado a través de una ramificación racial.

¿Cuál es la segunda cuestión no resuelta?

–Que la esfera económica creó un campo de privilegios muy particular. Se esperaba que la recomposición posterior al ’94 iniciara un proceso de desaprendizaje de ese privilegio, pero no fue así. En realidad, el sector económico se consolidó y se cerró en sí mismo.

¿En qué se evidenció los privilegios a nivel económico?

–Por ejemplo, cuando el Estado intentó promover el empoderamiento de la economía negra, desde el mercado se argumentó que se trataba de un racismo inverso. Hay una tercera cuestión: durante la lucha contra el apartheid, hubo vastas redes de movimientos políticos en las ciudades, que con el tiempo se volvieron cáscaras burocráticas. Tenían ambición y deseos, y un programa sobre algunas cuestiones económicas enfrentándose a cláusulas creadas por el Estado. Pero no es posible formar parte de un movimiento de masas y pasar al proceso de negociación al mismo tiempo. Esos procesos se fueron vaciando durante el intento de crear un nuevo concepto de pertenencia nacional en el marco del proyecto del postapartheid.

 

Neoliberalismo

 

¿Cuán estructural es la problemática que observa en Sudáfrica?

–Pienso en una estructura de relaciones de raza y de política racial. Desde este punto de vista, el neoliberalismo se ve distinto. No se trata de una racionalidad económica externa que tiene efectos sobre la población. El neoliberalismo, en sí mismo, es un elemento constitutivo que mantiene la dinámica racial de las cosas.

¿Qué opina acerca del Brics como posible alianza alternativa? ¿Qué efectos tendría para Sudáfrica?

–Las iniciativas que hemos visto a través del Brics abarcan muchas formas, pero creo que todas confluyen en una misma dinámica.

¿A cuál se refiere?

–En el sentido de producir un tipo de futuro poscolonial, algo que creo que todavía es un deseo pendiente. Propongo una forma de pensar que se ubique fuera del tipo de relaciones de colonialidad. Por eso, incluso, propongo pensar el neoliberalismo de manera distinta: no ubicado como una cuestión política o económica, sino como una problemática racial. Porque creo que el neoliberalismo está tratando de redefinir la biopolítica. El neoliberalismo es el apartheid del futuro. En nuestros países, el neoliberalismo se apoya en dinámicas de gobierno local, segregación étnica y prácticas de exclusión del mundo del trabajo que se asemejan a modelos de décadas pasadas.

¿Cree que están dadas las condiciones en Sudáfrica para hacer frente a este escenario?

–En el Sur de Africa tuvimos la oportunidad de cambiar radicalmente el discurso a la salida del apartheid, pero no lo hicimos. Ahora la pregunta debe versar alrededor del postapartheid. Pero no pensando que el primer apartheid era una cuestión solamente sudafricana, sino que fue más allá. Se debe extender la discusión a la crítica del liberalismo en general, como una especie de teoría de la raza y un intento de componer los términos de la biopolítica. Y creo que eso es lo que no estamos logrando aún en Sudáfrica.

 

Crisis mundial

 

¿Cómo ha enfrentado Sudáfrica la crisis mundial?

–El presupuesto fue lanzado recientemente por Pravin Gordon, un activista surgido de la ANC que estuvo involucrado en las luchas de los años ’80. Ahora es el ministro de Finanzas. Con Gordon estaba el anterior ministro de Finanzas, Trevor Manuel, que proviene también de la UDF, un movimiento interno de izquierda de la ANC. Ambos crearon el Plan Nacional de Desarrollo a partir de una recorrida por el país en la que intentaron ver cuáles eran las necesidades de Sudáfrica para concebirse como un Estado más democrático, con una infraestructura que pudiera sostener las demandas de la población. Desde los movimientos sindicales, por ejemplo, plantearon que ese plan “no era suficiente”. La recesión ha sido dura y los efectos llegaron tiempo después.

¿Cuáles fueron los sectores más afectados?

–Hay una significativa preocupación por el crecimiento del desempleo y el aumento de las diferencias entre ricos y pobres. Hace pocos años, se realizó un estudio desde el programa de investigación de los sindicatos para cuantificar cuántos años le llevaría a un obrero sudafricano ganar lo que un CEO sudafricano cobra en un año. La respuesta era ridícula.

¿Cuántos?

–Mil cien años aproximadamente. El problema es la cantidad de años de crisis acumulada que llevamos.

¿Desde la crisis de 2007 o se refiere a los shocks previos a ese año?

–Incluso antes. Los objetivos de tener un crecimiento económico rápido se han convertido en enormemente problemáticos.

Con un alto impacto en el mercado de trabajo.

–Sí. En ese sentido, el problema fue la inversión extranjera directa, que se ha convertido en una gran preocupación para el Estado. Hubo debates sobre la posibilidad de que el Estado permitiera a Walmart venir a Sudáfrica. Esas argumentaciones dañaron la confianza de los inversores. Al mismo tiempo, hay una enorme insatisfacción en distintos sectores de la economía. Tenemos que repensar qué significa para nosotros el neoliberalismo, especialmente en un lugar como Sudáfrica. No podemos pensarlo simplemente desde una racionalidad económica, sino como una teoría de la raza. Y el problema es que eso no ha sido debatido adecuadamente. Ese fue el motivo del inicio de la ANC en 1955: el deseo de desracializar la sociedad, una visión utópica que significaría generar una sociedad basada en la igualdad

* Con la colaboración de Laura Efron, Sección de Estudios de Asia y Africa, UBA.

O Belo e os Monstros

Mandela

“Mandela não era propriamente um líder político” – opinou o pivô da RTP. Estava dado o tom. As televisões, nos seus noticiários, empenham-se em fazer uma espécie de esterilização da memória de Nelson Mandela. Como se para homenagear o homem fosse necessário negá-lo previamente.

O despudor o a hipocrisia estão, hoje, à solta. Já vi e ouvi os ditirambicos elogios feitos por três ministros de Cavaco Silva – com duas intervenções de Deus Pinheiro, ministro dos negócios estrangeiros da altura! -, o mesmíssimo governo que considerava Mandela terrorista e um dos três que, na ONU, juntamente com os EUA e o RU, votou contra a sua libertação da infindável prisão a que esteve sujeito. Tal como votou em todas as organizações internacionais sempre que se discutiam moções e deliberações, mesmo de carácter humanitário, sobre este tema.

Esta repugnante herança não pode ser esquecida nem apagada e os seus protagonistas só ganham o direito a admirar Mandela se forem capazes de um reconhecimento auto-crítico da sua prática ao tempo. Sejamos claros: Mandela não foi um mártir, nem um santo. Foi um herói, um homem à altura das suas circunstâncias. Foi – e de que maneira – um grande líder político e revolucionário. A sua obra tem as grandezas e imperfeições do que é humano. A África do Sul não foi transformada num paraíso, longe disso; foi libertada. Faz o seu caminho. Esperemos que esteja à altura do caminho de Mandela. Que era um homem de paz, mas não um pacifista; que lutou com todos os meios para que o seu povo tivesse direito a construir uma nação igualitária. Tendo sempre presente: “Se tu queres fazer as pazes com o teu inimigo, tens que trabalhar com o teu inimigo. E então ele torna-se o teu parceiro.”

En Israël, une ligne de bus pour Palestiniens fait scandale

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“En bus vers l’apartheid israélien.” Cette invitation “au voyage” pour le moins caustique, lancée par le professeur de droit israélien Aeyal Gross dans une tribune du quotidien Haaretz, se fait l’écho d’un nouveau scandale en Israël. Lundi 4 mars a été lancé un service de bus réservé aux travailleurs palestiniens de Cisjordanie vers les villes israéliennes. Ces deux lignes, opérées par la compagnie de transports Afikim, relient le passage d’Eyal, près de Qalqiliya, en Cisjordanie, à Tel-Aviv et aux villes de la région de Sharon à “bas prix”.

“Les nouvelles lignes ne sont pas des lignes séparées pour les Palestiniens mais plutôt deux lignes dédiées destinées à améliorer les services offerts aux travailleurs palestiniens qui entrent en Israël par le passage d’Eyal”, s’est défendu le ministère des transports israélien. D’ailleurs, a constaté samedi le quotidien israélien Yediot Aharonotleur lancement a fait l’objet d’une promotion uniquement par le biais de publicités en arabe distribuées dans les villages palestiniens de Cisjordanie.

“LES LIGNES DE L’APARTHEID”

“C’est tout simplement du racisme. Un tel projet ne peut être justifié sur la base de besoins sécuritaires ou de surpeuplement”, a pour sa part dénoncé Jessica Montell, la directrice de l’organisation de défense des droits de l’homme B’Tselem, à l’antenne de Galei Tsahal, la radio de l’armée israélienne.