Francisco denunciou a “indiferença para com os que fogem da escravatura, da fome, para encontrar a liberdade e encontram a morte em Lampedusa”

Body bags containing African migrants, who drowned trying to reach Italian shores, lie in the harbour of Lampedusa

Ataúdes de las víctimas del naufragio en el aeropuerto de Lampedusa. / LANNINO (EFE)
Ataúdes de las víctimas del naufragio en el aeropuerto de Lampedusa. / LANNINO (EFE)

“Hoje é um dia de lágrimas”, disse o papa Francisco em Assis – que na quinta-feira se referiu ao ocorrido como uma “vergonha”. O papa denunciou a “indiferença para com os que fogem da escravatura, da fome, para encontrar a liberdade e encontram a morte como ontem em Lampedusa”.

O prefeito de Roma, Ignazio Marino, garantiu que todas as pessoas que escaparam do naufrágio de Lampedusa ficarão na cidade. “Os 155 sobreviventes serão acolhidos aqui. Esse é o primeiro sinal da rebelião contra a resignação e a indiferença”, declarou.

Marino acrescentou que será uma honra acolher os imigrantes para recordar as mulheres, crianças e homens que perderam a vida no mar italiano. “Estamos furiosos por ter que contar as vítimas no mar. Não podemos mais assistir a essas tragédias e queremos nos empenhar contra aquilo que o papa Francisco definiu como ‘globalização da indiferença’. Roma quer colocar a cultura da vida ante o crime da indiferença”, completou.

Num dia de pranto

 

 

GIOVANNI MARIA VIAN

Na festa do santo do qual o bispo de Roma pela primeira vez escolheu assumir o nome, Assis acolheu o Papa Francisco. Com um afecto que se tornou evidente pela participação comovida na visita de tantíssimas pessoas, e com o ânimo marcado pela última dilacerante tragédia que causou centenas de vítimas nas águas de Lampedusa. Num dia de pranto – assim o definiu o Pontífice – cuja tristeza foi de certa forma expressa também pelo clima cinzento e chuvoso de um Outono antecipado.
Precisamente Lampedusa foi a meta da primeira viagem do pontificado, decidida para confiar à misericórdia de Deus os vinte e cinco mil mortos destes anos no Mediterrâneo – homens, mulheres, crianças em fuga de condições de vida desesperadas – e para procurar afastar dos corações aquela dureza que o Papa denunciou vigorosamente como uma globalização da indiferença. Assim a homenagem comovida de flores que depôs sobre o túmulo do santo de Assis evocou a imagem das que confiou às ondas do mar diante da pequena ilha siciliana.
E se, face à tragédia, a primeira palavra que surgiu imediatamente nos lábios do Pontífice foi “vergonha”, as carícias e os beijos que distribuiu prolongadamente aos jovens deficientes assistidos no Instituto Seráfico eram também para as vítimas deste drama que tem proporções mundiais. Eloquente foi a decisão de iniciar a visita em Assis por este lugar no qual a atenção e a cura da carne sofredora de Cristo são antes de mais uma escolha de vida. Escolha de atenção ao próximo que – recordou o Papa Francisco – deve distinguir os cristãos. Assim a meditação improvisada sobre as chagas de Jesus ressuscitado – era lindíssimo, disse – quis frisar que precisamente estas chagas permitem que os discípulos o reconheçam. De facto, assim como Jesus está ao mesmo tempo escondido e presente na Eucaristia, está presente e escondido também na sua carne que sofre neste mundo.
Aquela carne que Francisco de Assis reconheceu e abraçou no leproso, no início de um caminho exemplar no qual já os contemporâneos viram as características extraordinárias de um “segundo Cristo” (alter Christus).
Portanto, nas pegadas de Francisco desdobrou-se o caminho em Assis do Papa que dele assumiu o nome. Primeiro no paço episcopal, onde o filho do mercante Bernardone se despojou das vestes e onde o Papa Francisco falou de novo improvisando, fazendo uma meditação sobre a espoliação continuamente necessária da parte da Igreja, para evitar a mundanidade espiritual. Em seguida em São Damião, onde exortou os religiosos a permanecer fiéis às núpcias celebradas com a Senhora Pobreza. Depois diante do túmulo de Francisco e por fim na ermida dos Cárceres, primeiro Pontífice que a visita. O Bispo de Roma dirigiu-se ao santo directamente na homilia com palavras muito sentidas: ensina-nos – disse – a permanecer diante do crucifixo para nos deixarmos guiar por ele; ensina-nos a ser instrumentos de paz, aquela que provém de Deus e que o Papa Francisco implorou mais uma vez: pela Terra Santa, pela Síria, pelo Médio Oriente, pelo mundo. Um mundo sofredor que deseja e precisa da paz e do olhar de Deus.

Solo los muertos pueden quedarse

 

por Pablo Ordaz

 

El viernes por la tarde, solemnemente, el primer ministro de Italia, Enrico Letta, anunciaba que todos los fallecidos en el naufragio de Lampedusa —por ahora 58 hombres, 49 mujeres y cuatro niños— recibirán la nacionalidad italiana. Justo a la misma hora —y no es un recurso periodístico—, la fiscalía de Agrigento (Sicilia) acusaba a los 114 adultos rescatados de un delito de inmigración clandestina, que puede ser castigado con una multa de hasta 5.000 euros y la expulsión del país. Los muertos, sin embargo, podrán quedarse. Ante la imposibilidad de ser identificados, se les ha adjudicado un ataúd, un número y un trozo de tierra en cementerios de Sicilia para que descansen, ahora sí, con la nacionalidad europea que se jugaron la vida por conseguir.

El Ayuntamiento de Roma, en un gesto que seguramente le honra, organizó una vela nocturna por los difuntos y anunció que dará cobijo a los 155 supervivientes del naufragio. El resto, los más de mil que llegaron un día antes, tendrán que seguir hacinados en los inmundos barracones del centro de acogida de Lampedusa, situado —muy convenientemente— en el extremo de la isla opuesto a donde los turistas disfrutan del último sol del verano. La diferencia entre unos y otros es solo de número. Unos forman parte de una noticia de impacto mundial y los otros son solo protagonistas de su propia tragedia. La delgada línea entre Roma y el olvido.

El vicepresidente del Gobierno y ministro de Interior, Angelino Alfano, hasta hace solo unos días delfín de Silvio Berlusconi y ahora su supuesto verdugo político, pidió —también el viernes— el premio Nobel de la Paz para Lampedusa, pero sus habitantes, que conocen a Alfano y a su afligido jefe porque sus Gobiernos aprobaron la ley que criminaliza el auxilio a los náufragos, tienen una idea más práctica. La expresaron por las calles de la isla durante una manifestación de dolor y rabia precedida por una cruz construida con los restos de un naufragio: “Los próximos muertos —porque habrá más muertos y lo sabéis todos— os los llevaremos a las puertas del Parlamento. Nosotros a los inmigrantes queremos acogerlos vivos, no muertos”, corearon.

Cuando sucedía todo lo anterior, viernes por la tarde, ya habían transcurrido 36 horas desde que un barco con más de 500 fugitivos de Eritrea y Somalia, muchos de ellos menores de edad, se incendiara y se hundiera a solo media milla de la isla de Lampedusa, famosa en toda Europa —y tal vez en todo el mundo después de la visita del papa Francisco el pasado julio— por ser el destino de miles de inmigrantes. Y aun siendo así, los políticos italianos —desde el presidente de la República para abajo— seguían haciendo declaraciones como si se encontraran ante una sorprendente catástrofe natural. Un ciclón o un terremoto tremendo que, de improviso, hubiese puesto al descubierto la deficiente construcción de los edificios o el mal entrenamiento del plan de emergencias. Pero no. Cada día, desde que la primavera trae el buen tiempo hasta que el otoño se lo lleva, la isla de Lampedusa, varada en el Mediterráneo a 205 kilómetros de las costas de Sicilia y a 113 de África, es puerto de refugio o muerte de centenares de miles de inmigrantes. Las cifras —siempre aproximadas— indican que, en las últimas dos décadas, más de 8.000 personas han muerto frente a Lampedusa. La alcaldesa, Giusi Nicolini, llegó a escribir una carta desesperada a la Unión Europea —”¿Cuán grande tiene que ser el cementerio de mi isla?”— y el papa Jorge Mario Bergoglio atrajo la atención sobre la isla al advertir de que “la globalización de la indiferencia” se hace allí carne y sufrimiento.

Por eso, suena del todo incomprensible que las autoridades italianas —la Guardia Costera, la Guardia de Finanzas, la Capitanía del puerto de Lampedusa— tardaran más de dos horas en enterarse de que un barco que albergaba a más de 500 personas estaba ardiendo y hundiéndose a solo media milla de la isla. Y que solo reaccionaran tras ser alertados por algunos pesqueros —otros tres, según los náufragos, pasaron de largo— y que, todavía entonces, pasara mucho tiempo hasta que se decidieron a ayudar.

La denuncia de Vito Fiorino, dueño de una de las embarcaciones que primero se acercó a la zona de la catástrofe, es tremenda: “Eran las 06.30 o las 06.40 cuando di la orden de llamar a la guardia costera, pero no llegaron hasta las 07.40. Nosotros ya habíamos subido a bordo a 47 náufragos, pero ellos lo hacían muy lentamente, podían haber ido más deprisa. Cuando volvíamos a puerto cargados de náufragos hemos visto la patrullera de la Guardia de Finanza que salía como si fuese de paseo. Si hubieran querido salvar a la gente, habrían salido con barcas pequeñas y rápidas. La gente se moría en el agua mientras ellos se hacían fotografías y vídeos. Cuando mi barco estaba lleno de inmigrantes y les pedimos a los agentes que los subieran a la patrullera, nos decían que no era posible, que tenían que respetar el protocolo. También me querían impedir ir al puerto con los náufragos. Si ahora quieren detenerme por haber salvado a náufragos, que lo hagan, no veo la hora…”, dijo a la prensa en el puerto de Lampedusa.

El problema es que sí, que podrían detenerlo. La legislación italiana contempla desde 2002 —gracias a la presión xenófoba de la Liga Norte en los Gobiernos de Silvio Berlusconi— el delito de complicidad con la inmigración ilegal para quien introduzca en el país a inmigrantes sin permiso de entrada, incluyendo a quienes ayuden a los barcos en los que viajan. De ahí que sea difícilmente compatible la sorpresa y aun la consternación político-institucional por la tragedia con el mantenimiento —durante el año de Gobierno de Mario Monti y los cinco meses de Enrico Letta— de una ley que, como finalmente admitió ayer el ministro de Administraciones Públicas, “alimenta un circuito de xenofobia y racismo que no hace honor a Italia”.

Un país al que fue muy caro llegar. Algunos de los supervivientes han contado que, tras atravesar el desierto y sobrevivir en Libia, tuvieron que pagar 500 dólares por un viaje en barco que incluía una botella de cinco litros de agua para compartir entre tres. Viajaron durante tres días, desde el puerto libio de Misrata. El patrón del barco, un traficante que ya había sido detenido años atrás y que se hacía llamar “doctor”, los amontonaba en función del precio que habían pagado. Los más pobres, en las bodegas, donde todavía siguen, suspendidas las tareas de rescate por el mal tiempo. El fuego, coinciden todos, se originó al encender unas mantas para hacerse ver desde tierra. Pero, como ahora se pregunta Italia avergonzada, o nos lo vieron o no los quisieron ver.

De Lampedusa zarpa una procesión de ataúdes sellados, algunos blancos, sin nombre, numerados del uno al 111: “Muerto número 54, mujer, probablemente 20 años. Muerto número 11, hombre, probablemente tres años…”.

Sobreviventes de Lampedusa serão processados por imigração clandestina

Os sobreviventes do naufrágio da última quinta-feira (3) em Lampedusa serão processados por imigração clandestina, informou neste sábado a Procuradoria de Agrigento, na Sicília. O crime prevê como pena máxima uma multa de 5 mil euros (cerca de R$ 15 mil).

Mais de 110 imigrantes africanos morreram no acidente, ocorrido próximo a uma praia da ilha de Lampedusa, no sul da Itália.  Cerca de 200 pessoas ainda estão desaparecidas e outras 155 foram resgatadas com vida. Os mergulhadores italianos suspenderam temporariamente as operações de busca devido às más condições do mar.

A tragédia abalou a Itália e fez com que o presidente do país, Giorgio Napolitano, instasse a União Europeia (UE) a adotar medidas para evitar novos naufrágios, que há décadas são constantes em Lampedusa. Segundo Napolitano, esse não é um problema exclusivo da Itália, já que o país serve apenas de porta de entrada à Europa para os imigrantes.

Neste sábado, o primeiro-ministro da França, Jean-Marc Ayrault, convocou uma reunião urgente com vários países europeus para tratar do tema da imigração ilegal. “É importante que os responsáveis políticos europeus falem do assunto o quanto antes, juntos”, disse o premier. (ANSA)

Publicado por

Talis Andrade

Jornalista, professor universitário, poeta (13 livros publicados)

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