Se olvida con frecuencia que el agua es condición de supervivencia

Soledad Calés
Soledad Calés

África, la próxima frontera

 

El País/ Es

Economistas, sociólogos y profetas se dicen convencidos de que los grandes movimientos políticos del futuro inmediato (el de los próximos 50 años, para entendernos) estarán impulsados no por el petróleo, Wall Street o los fichajes de futbolistas por encima de los 100 millones, sino por los alimentos. Los politólogos más avispados sugirieron que en las primaveras árabes influyó poderosamente el alza del precio del trigo. Si suponemos que la próxima frontera para la humanidad no es el espacio —todavía no hay tecnología para la explotación planetaria— sino África, será allí donde se libren las guerras para abrir nuevos mercados. Mientras llega ese futuro pluscuamperfecto, en Kenia, región de Turkana, acaban de descubrir el presente pluscuamperfecto: cinco extensos acuíferos, dos de ellos confirmados, uno con 207.000 hectómetros cúbicos de agua fresca y limpia, y el segundo con 10.000 hectómetros cúbicos. Agua para abastecer al país (y a Uganda, de donde procede parte del líquido) durante los próximos 70 años.

Para un urbanita occidental, acostumbrado a que corra el líquido cada vez que abre el grifo de la cocina y probablemente incapaz de precisar cuánto paga de agua al mes, la apoteosis keniata por los acuíferos le parecerá exagerada; para los turkanos es cuestión de vida o muerte. Se olvida con frecuencia que el agua es condición de supervivencia, primero, de riqueza agrícola y ganadera después, y, por último, de desarrollo económico y financiero en las ciudades. La secuencia empieza en el Nilo, el Tigris y el Éufrates y acaba por el momento en el Dow Jones. Para Kenia, la posibilidad de supervivencia holgada y riqueza futura acaba de empezar.

Resulta esencial que no se confundan los órdenes de desarrollo. Dicho en plata, que las inmensas reservas de agua descubiertas por los técnicos de Radar Technologies International no se utilicen antes para refrescar campos de golf que para calmar la sed de sus habitantes, mantener vivo el ganado y organizar una agricultura racional. Las estructuras antes que las superestructuras. La aparición bienaventurada de grandes masas de recursos naturales suele despertar de inmediato muchas lujurias. Por ejemplo, la inmobiliaria.

Publicado por

Talis Andrade

Jornalista, professor universitário, poeta (13 livros publicados)

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