A renovação do direito

deusa balança

Culturalmente o Brasil sempre macaqueou a França. Inclusive o que os franceses renegaram. Nos trajes das escolas de samba as cabeleiras empoadas da corte do  Rei Sol.

O Brasil é o único país a adotar a filosofia de Auguste Comte como ideologia de governo. E a religião de Allan Kardec.

Na bandeira brasileira, o slogan positivista: L’amour pour principe et l’ordre pour base; le progrès pour but (“Amor como princípio e ordem como base; o progresso como meta”).

Os positivistas esqueceram o amor.

As palavras da Bandeira deveriam ser Amor, Ordem e Progresso. Eu prefiro: Independência ou morte.

O Brasil nunca abandonou as ilusões totalitárias do positivismo ‘romântico’, isto é, sua pretensão de absorver na ciência toda manifestação do homem.

Falta o amor,  notadamente na nossa ciência do direito.

Falta a metafísica, que inclue a teologia. Falta a poesia. Falta o povo.

Enrico Bertuccioli
Enrico Bertuccioli

Escreve Guido Leonardo Croxatto sobre a democratização do poder judicial na Argentina: A los jóvenes abogados nos toca la misma misión (también nosotros estamos “confrontados a la difícil misión de limpiar los escombros en los sitios destruidos y levantar en ellos la nueva construcción del Derecho”); la dictadura nos dejó “un Derecho reducido a un campo de ruinas”. Un Derecho hecho cenizas, como dice Radbruch. Los cuerpos son ceniza. Nosotros también tuvimos y tenemos que levantar la “moral de los escombros” del olvido. Tuvimos que ir a buscar los cuerpos enterrados, como los alemanes, la verdad de lo que había sucedido en los campos. Y se quería ocultar. En la ESMA. En los cuerpos de Laura. O de Floreal Avellaneda. Nosotros también –como abogados de la nueva generación– nos vemos confrontados con “la nueva construcción del Derecho”. Este es el nuevo Derecho. El nuevo Derecho necesita jóvenes comprometidos en democracia sin rastros de complicidad ni silencio; un Derecho que tal vez sólo los jóvenes pueden levantar. Una juventud comprometida, abnegada, firme; no la conciencia cómplice, que hace rodeos para camuflarse en democracia, sino la conciencia que reconoce al otro. Esto es lo que está de fondo en la transformación de la Justicia. No se trata tanto de democratizar la Justicia como de democratizar el Derecho. El Derecho necesita encontrar una palabra nueva. Renovada. Muchos, durante muchos años, habían apostado al olvido, al silencio. La no-palabra. (“No hagan bardo” significa literalmente “no hagan poesía”, “no hagan palabra”, no se metan, no tengan ideas ni ideales, tengan miedo.) La memoria evidenció el crimen que habían callado. Los cuerpos invisibles y mudos emergieron. Que muchos querían por siempre silenciar. La memoria es una apuesta por la verdad. Es una apuesta por la búsqueda del otro (reconstruir el Derecho es reconstruir la palabra). Es una paradoja que muchos medios hablen ahora en nombre de una “verdad” que nunca buscaron. Sin esa verdad no hay instituciones, ni República. La verdad es la base de todas las instituciones presentes, pasadas y futuras. La verdad es la base de la democracia. La verdad es la base de todo.

En la Argentina hay un debate político más que jurídico. El debate se resume en la pregunta ¿cuál es el rol que debe desempeñar la Justicia? El debate de fondo se da entre la posición de Law and economics (economicismo, antipolítica, mercado, Estado mínimo, seguridad a los garrotazos) y el modelo de justicia poética. Uno defiende la eficiencia. El otro defiende la dignidad. Uno impone una visión económica homogénea a todos los países (pérdida de soberanía, renuncia a los tribunales, endeudamiento, desempleo, desigualdad, pobreza), el otro, por el contrario, rescata la identidad, la heterogeneidad, la palabra, la historia, la cultura, la poesía, la voz del otro. Su posibilidad de hacer Derecho. Todo el debate se resume en estas dos posiciones. Ellas sirven para entender el presente y el pasado de nuestro Derecho, a través de dos grandes temas: la deuda externa (pérdida de soberanía, perdida de la posibilidad de hacer Derecho, nuestro camino), y por el otro, la memoria, (cara y cruz, la memoria es la posibilidad recuperada de hacer Derecho, palabra, identidad, la memoria es la posibilidad recuperada de hacer justicia). La Argentina de los ’90 era el país de la impunidad, y la renuncia a la soberanía para tomar deuda. Dos caras del no Derecho. No Estado. (La justicia poética rescata el rol igualador del Estado que coopera, que dignifica, un Estado que según Owen Fiss opera o debe operar como un “igualador de voces”.) Argentina en Nueva York también está discutiendo un nuevo modelo de Derecho. Es curioso que nadie haya reclamado por la independencia de la Justicia cuando no se hacían juicios de derechos humanos (salvo que muchos le llamen a la impunidad “independencia”) o cuando el país renunció escandalosamente a su soberanía (es decir, al funcionamiento autónomo de sus tribunales, a la independencia de ese poder que construye un pilar de la democracia) para tomar deuda. Nadie reclamó entonces por la Justicia. La deuda servía para financiar la Convertibilidad. Es decir, el atraso. Pero a nadie le preocupaba la Justicia. La Justicia era un tema menor, en todo sentido. Vendimos el país. Y cerramos nuestros tribunales. Por eso nos hacen juicios en todo el mundo. Porque no éramos un país soberano. No querían que esos juicios por un endeudamiento escandaloso, hecho de espaldas a la sociedad, se dirimiesen en nuestros tribunales. Se prefería discutir intereses bien lejos del país donde la crisis dejó su marca. Esto también es parte del debate que se da hoy por la Justicia.

Publicado por

Talis Andrade

Jornalista, professor universitário, poeta (13 livros publicados)

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