Indignación in crescendo

Cuando uno contempla la realidad económica y social española y de ahí amplía su mirada y la dirige hacia la de los pueblos portugueses o griegos no puede dejar de hacerse algunas preguntas incómodas: ¿hasta cuándo serán capaces de aguantar tanto sufrimiento? ¿Cuál será la capacidad de resistencia de las estructuras familiares que, en estos momentos, son la red última de seguridad para evitar la caída de millones de personas en la exclusión social? ¿Merecen acaso dichos pueblos la tragedia que están sufriendo cuando han vivido y siguen viviendo en un entorno marcado, precisamente, por su grado de desarrollo y la amplitud de sus estructuras de bienestar social? ¿En qué momento entenderán que esta crisis solo admite soluciones de ruptura y que toda propuesta reformista que no entre de lleno a las razones de la crisis está abocada a prolongar el sufrimiento? Y en el momento en el que entiendan esto último, ¿cuál será su reacción frente a una clase política que ha borrado de su vocabulario, y no digamos de sus políticas, el concepto de dignidad?Como puede apreciarse, las preguntas no son pocas ni la incomodidad que despiertan es menor. En cualquier caso, muchas de ellas ya están siendo objeto de discusión en el marco de una reacción popular tan particular como es la de los “indignados” en España.Una reacción que surge al abrigo de una convocatoria puntual de movilización ciudadana y que se ha convertido en foco de atención e interés mundial. Su demanda no podía ser más básica y, al mismo tiempo, más perturbadora: democracia real.

De repente, la crisis económica erosionaba el principal pilar de la legitimidad de la clase política española: el acceso al consumo. Mientras que la renta y los niveles de vida de la población fueron en aumento y éstos se asociaron tanto al advenimiento de la democracia como a la incorporación a la Unión Europea y, posteriormente, en la Unión Monetaria nadie quiso cuestionar la pantomima democrática que, desde los tiempos de la Transición, se ha vivido en España. La mejora de las condiciones económicas, aún a pesar de su desigual distribución, alejaba cualquier posibilidad de cuestionamiento del orden político y ha tenido que ser el deterioro de las mismas el que ha abierto la caja de Pandora. (Transcrevi trechos)

No Brasil, o povo controlado pelo pensamento único da tv Globo e associadas, pelas igrejas conservadoras Evangélicas e Católica, pelo terrorismo policial e pela justiça absolutista, não protesta, não reivindica, não pensa.

O que esconde a “pacificação” das favelas do Rio e São Paulo? O noticiário televisivo mostra a miserabilidade das casas revistadas pelas forças de segurança. E traficantes sem camisa e descalços.

A proclamação do Brasil como quinta potencial mundial faz parte de uma propaganda de otimismo. Metade desta riqueza pertence a estrangeiros. A pobreza da Europa em crise não se compara com a indigência brasileira da esmola do bolsa família. O europeu luta pelo que perdeu. O brasileiro precisa conquistar o que nunca teve. Que o governo não faz nada que preste para o povo.

Publicado por

Talis Andrade

Jornalista, professor universitário, poeta (13 livros publicados)

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