La margarita de la guerra

por Carmen Rengel 
[Jerusalén · Sep 2012]

Protestas en RamaláAunque el gobierno de Israel no para de anunciar una próxima guerra contra Irán para frenar el programa nuclear persa, los costes de un tal ataque serían extremamente alto para ambos bandos, también para la ya maltrecha economía israelí.

La violencia dialéctica entre Irán e Israel está subiendo hasta alcanzar casi una temperatura de guerra. El presidente Mahmud Ahmadineyad amenaza con una Tercera Guerra Mundial y el primer ministro Benjamín Netanyahu avisa de que no permitirá un nuevo Holocausto. Uno defiende su derecho a la investigación nuclear con fines civiles y el otro advierte de que quedan seis o siete meses para que su enemigo logre una bomba atómica.

Ruido de sables y arengas belicosas que no tienen visos de cuajar realmente en una guerra. Porque Israel sabe de los peligros de golpear en solitario, con Estados Unidos, aliado esencial, defendiendo la baza de la diplomacia y las sanciones, esa “ventana de diálogo” aún abierta, antes de enredarse en un nuevo contencioso en Oriente Medio. Porque no tiene pruebas concluyentes que avalen el riesgo nuclear de Irán y le permitan tener un respaldo internacional. Porque saben que sólo pueden retrasar las investigaciones atómicas, destruir las instalaciones iraníes, pero no borrar el conocimiento adquirido. Porque los ayatolás no son unos locos fanáticos que atacan sin saber las consecuencias de sus actos. Porque los dos tienen medios defensivos para tocar territorio del contrario pero también grandes lagunas de material y en el frente interno. Porque el coste económico y armamentístico es inasumible.
Según el Instituto para la Democracia de Israel, de la Universidad de Tel Aviv, el 61% de la población rechaza cualquier tipo de ataque. El 56% cree que sin EE UU, Israel no se atreverá.

Más de 400 artistas, profesores universitarios e intelectuales han redactado un documento en el que piden a los pilotos de las Fuerzas Aéreas que se nieguen a obedecer si reciben la orden de disparar contra Irán. Frente al “riesgo de ser procesados”, el “gran servicio” de evitar una contienda, “infinitamente más importante que la obediencia ciega”.

En Irán, la censura y la persecución a los críticos hacen complicado saber las posiciones ante un ataque. “Yo manejo encuestas que dicen que el 80% de la población está en contra de ir contra Israel, pero tampoco podemos esperar que den la bienvenida a una incursión extranjera. Un ataque puede ayudar al régimen, con el pueblo arropándolo ante una agresión. Es una fórmula peligrosa”. Habla Meir Javedanfar, profesor del IDC de Hezliya, uno de las instituciones sobre seguridad y relaciones internacionales más respetadas en Oriente Medio, iraní de origen.
EEUU exige no sólo ese freno al uranio, sino el cierre de Fordow, excavado en la roca, donde se teme que se estén haciendo pruebas, explosiones necesarias para preparar ojivas nucleares. Irán nunca ha confirmado esas prácticas, pero se niega sistemáticamente a que los inspectores internacionales acudan a sus centrales y revisen su trabajo. Alegan que es una cuestión de seguridad nacional la que le impide abrirles las puertas. Tiene derecho a desarrollar energía nuclear pero como firmante del Tratado de No Proliferación, no está autorizado a iniciar esa carrera armamentística.

En el plano puramente político, el israelí Netanyahu se aferra ahora a su exigencia de que se marquen “líneas rojas” infranqueables para Irán. Si se superan, toca castigo, toca guerra. Israel entiende que esas marcas amedrentarían al régimen de Teherán, pero el presidente estadounidense Barack Obama se niega, porque cree que esos límites no son útiles, pueden llegar a ser variables en un proceso negociador, y suponen además enseñar las cartas al enemigo. “La línea roja es la bomba”, dicen en su embajada en Tel Aviv. Obama y Netanyahu no podrán debatirlo estos días, no se verán durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Hay, supuestamente, “problemas de agenda”.

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Publicado por

Talis Andrade

Jornalista, professor universitário, poeta (13 livros publicados)

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