México. Memoria indómita

Un reconocimiento a las madres que luchan

por Juliana G. Quintanilla y José Martínez Cruz
Memoria indómita, que no se doblega, es lo que nos transmiten las madres de los desaparecidos. No se rinden, no se venden, no claudican. Es su legado. Y no se ufanan de ello. Lo transmiten con sencillez y con esa forma que tienen las madres cuando dan consejos a sus hijos a la distancia. En los silencios de la noche, en el recuerdo, con el corazón apretando por dentro. Como se recuerda a los desaparecidos. A quienes imaginamos sin imaginar. A quienes tenemos presentes aun cuando no sabemos nada de ellos. O casi nada. Desde que se los llevaron de sus casas en las sombras de la noche iluminada por torretas de las patrullas de antaño. Cuando fueron perseguidos con todo el poder del estado represivo del priismo que amenaza con regresar por sus fueros. Cuando arrasaron con poblados enteros que daban alimento a los alzados, a los rebeldes, a los acusados de ser “robavacas” y se les lanzaba metralla desde avionetas en las orillas de la sierra o se tiraba a patadas las endebles puertas de bajareque o de los cuartos de vecindad hasta donde llegaban militares y policías de la “Brigada Blanca” a insultar y vejar para arrancarlos de sus trincheras de lucha. Como ocurrió desde 1969 con Epifanio Avilés Rojas en un poblado de Guerrero, con el que inicia la larga cadena de desapariciones forzadas que impulsaron a las madres que hoy reciben un homenaje precisamente por no permitir que cayera en el olvido la sonrisa de sus hijos que están más presentes que nunca.

Y al recordar estos y otros casos la voz de Rosario Ibarra da paso a la de su hija Rosario Piedra para que responda a las emocionadas palabras de las organizaciones de académicas e intelectuales que se reúnen en este Museo Casa de la Memoria Indómita para rendirles un homenaje al declararlas “Mujeres del año 2011-2012”, y estremece cuando revela el sufrimiento que implica perder a la persona amada que es orillada al suicidio mismo, a la inmolación, para tratar de proteger a los suyos. La desaparición como una tortura permanente que no mata pero que no deja vivir a quien la padece. Delito de lesa humanidad, que no prescribe con el paso de los días y los años, que lacera la dignidad humana, que mientras permanezca en la impunidad seguirá haciéndonos gritar esa consigna de “vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

Los días y las noches de insomnio, en las cárceles clandestinas, con la tortura brutal que sufrieron por órdenes del gobierno priista durante los años 70 y 80 no se han ido. Si fueron cientos de desaparecidos durante los gobiernos de Echeverría, López Portillo y De la Madrid, con Salinas y Zedillo disminuyeron en cantidad pero se extendieron los asesinatos que con el panista Calderón han llegado a niveles demenciales de miles de desaparecidos y asesinatos, ya no solo a activistas y militantes, sino a casi cualquier persona a lo largo y ancho del país. El feminicidio es parte de esta criminal política de violencia institucional, de militarización y estado policiaco.

Sabemos que en la actualidad hay doble victimización y se legisla para una ley de víctimas que ni siquiera se respeta en lo más mínimo, porque el ejercicio del poder pretende legitimarse mediante el engaño, la manipulación mediática, la imposición, el autoritarismo, la represión y el fraude que pretende repetirse de manera ya sistemática en 2012 como lo fue en 2006 y en 1988.

(Transcrevi trechos)

Publicado por

Talis Andrade

Jornalista, professor universitário, poeta (13 livros publicados)

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