Veinte años de Manos Limpias

EN DOS AÑOS HUBO TRES MIL INVESTIGACIONES Y 1300 CONDENAS EN ITALIA

Antonio Di Pietro, uno de los impulsores de Manos Limpias, en una imagen de 1994.
Antonio Di Pietro, uno de los impulsores de Manos Limpias, en una imagen de 1994.

el despertar de una gigantesca e inédita campaña judicial anticorrupción que pasó a la historia como “Manos Limpias hizo cundir el pánico entre los grandes corruptos y los pequeños se hicieron menos evidentes. Manos Limpias surgió del trabajo de un grupo de fiscales de Milán conducido por Gerardo D’Ambrosio, pero en realidad liderado por Antonio Di Pietro, actual secretario del partido Italia de los Valores, y del que formaba parte también el juez Gerardo Colombo.

La campaña judicial empezó con el arresto, el 17 de febrero de 1992, de Mario Chiesa, presidente del Pio Albergo Trivulzio –un hospicio– de Milán y dirigente del Partido Socialista Italiano, entonces liderado por Bettino Craxi. Chiesa fue arrestado in fraganti, cuando recibía una coima de siete millones de liras de manos de un empresario. Después colaboró con la Justicia y salieron a relucir decenas de casos, muchos de ellos ligados al Partido Socialista y a otros partidos.

En dos años, la Justicia realizó más de 3000 investigaciones y emitió cerca de 1300 condenas, incluso contra Bettino Craxi –ex primer ministro 1983/1987–, que escapó a Túnez cuando sus juicios todavía no habían terminado previendo lo que iba a suceder. Craxi –gran amigo de Silvio Berlusconi, a quien ayudó a conseguir los derechos para sus televisiones– no volvió nunca más a Italia y murió en Túnez en 2000.

Fue además un período de suicidios. En 1993 lo hizo el ex presidente del ENI (ente petrolífero italiano) Gabrielle Cagliari. Su mujer después devolvió al Estado 6000 millones de liras. Poco después se suicidó un industrial que muchos miraban con envidia por sus éxitos, Raúl Gardini, presidente de la Montedison.

Pero a veinte años de estos hechos, ¿qué ha quedado? ¿Cómo evalúan estas dos décadas los que fueron protagonistas? Para el jefe del pool Gerardo D’Ambrosio, ha sido “una ocasión perdida” porque todo lo que se hizo quedó por el camino. Antonio Di Pietro, hoy diputado, dice que ellos realizaron entonces una “‘intervención quirúrgica’ necesaria en una enfermedad social que ya existía. Pero era la política la que tenía que curarla definitivamente”. Sin embargo, dice Di Pietro, cuando los corruptos se dieron cuenta de hacia dónde se dirigían las investigaciones judiciales, se dedicaron no a combatir los esfuerzos anticorrupción, sino a crear armas legales para protegerse y transformar ciertos delitos en “no delitos”, obstaculizando el trabajo de los jueces.

(Transscrevi trechos) Por Elena Llorente

Publicado por

Talis Andrade

Jornalista, professor universitário, poeta (13 livros publicados)

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